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Durante muchos años, la clase trabajadora se moría en el tajo, no había jubilación. Cuando se fue organizando en gremios se constituyeron sociedades de ayuda mutua para cuidarse cuando enfermaban o perdían el empleo. La primera vez que se legisló sobre protección social fue en la II República, el art 46 de la Constitución decía: "La República asegurará a todo trabajador las condiciones necesarias de una existencia digna. Su legislación social regulará los casos de seguro de enfermedad, accidentes, paro forzoso, vejez, invalidez y muerte”

Mientras la clase obrera se organizaba para garantizar el futuro, el Capitalismo siempre nos quiso a MEDIA PENSIÓN, o mejor sin ella, por eso se le dan tantas vueltas al asunto, para ver cómo reducen la aportación de los empresarios al sistema común.

Ya en el año 1985 se convocó una Huelga General contra el aumento de 2 a 8 años para el cálculo de la pensión. Hoy, sin huelgas y sólo con la lucha de nuestros mayores, el cálculo llegará a los últimos 25 años de la vida laboral y 37 años trabajados. Sin alterar el sistema público, han conseguido reducir la cuantía de las pensiones y sobre todo el número de futuros pensionistas. Pocos jóvenes se plantean hoy que el sistema actual les dará derecho a pensión.

Pero además, cómo desde la II república este país solo ha sido gobernado por el fascismo que entró en la democracia sin mayores problemas, los distintos gobiernos han legislado para la oligarquía, apostando siempre por los planes de pensiones privados y reduciendo las cotizaciones de los empresarios a la seguridad social, ya sea con bonificaciones o reformas que han permitido reducir de manera drástica los salarios de la clase obrera.

En abril del 95 se creó el Pacto de Toledo para generar estabilidad en las pensiones y que estás no sufriesen los vaivenes electorales, pero la realidad es otra. Todas las fuerzas políticas estaban de acuerdo en vendernos la estabilidad para que la clase obrera estuviese tranquila, mientras iban desmontando, con recomendaciones, el sistema, hasta hacerlo absolutamente inviable.

Un sistema de pensiones que debería estar basado en la solidaridad cuando ésta no existe. Los que más ganan tienen topada su cotización, o los empresarios que pagan de manera diferida el 23’6% de nuestro salario para el fondo de las pensiones, y vienen reduciendo el salario sistemáticamente, por lo que también reducen su aportación. Un sistema donde la precariedad se ha establecido como base en la contratación de jóvenes y mujeres, mientras el paro predomina en los mayores de 45.

En las puertas de la campaña electoral nos quisieron volver a vender la burra, los mismos que han reformado las pensiones para endurecerlas, ahora llegaban a un acuerdo para que los pensionistas dejasen de movilizarse: “Revalorización de las pensiones según el IPC real. Separación de fuentes de financiación. El Estado abonará con transferencias directas los gastos impropios del sistema, como bonificaciones. Pensiones de viudedad. Las mejoras en la base de reguladora. Suficiencia. Concretar qué es una pensión suficiente. Fondo de Reserva. Situar su dotación mínima en el 7% del gasto anual en pensiones contributivas y sujetarlo a una regla endurecida de disponibilidad. Lagunas de cotización. El Estado debe compensar la falta de cotización de colectivos, como las mujeres que cuidan de personas dependientes. Control del fraude. Autónomos cotización por ingresos reales. "Impuesto al robot". La revolución tecnológica implica un incremento de la productividad, pero no un aumento del empleo.

Pero el acuerdo también ampliaba el período de cálculo más allá de los 25 años a los que se llegará en 2022, llegando incluso a toda la vida laboral, así como pretendía acercar la edad real de jubilación a la edad legal, endureciendo los requisitos para acceder a la anticipada y por último potenciaba la Previsión social complementaria es decir, los planes de pensiones privados. Como todos querían apuntarse el tanto, ante el adelanto electoral, no se llegó a materializar y por tanto seguimos como estábamos, con el factor de sostenibilidad que limita el aumento de las pensiones.

En el sistema capitalista no se discuten los presupuestos militares, ni la aportación a la iglesia o a la casa real, sin embargo, las pensiones siempre están en el candelero porque es redistribución de la riqueza y ellos, que nos gobiernan, no nos quieren dar ni las migajas. Tenemos que arrebatárselas, en eso está el PCPE.