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“Hazme caso o te cuento menos cajas” o “Putas, os vamos a mandar a Marruecos, cojones, que en vuestro país estáis muertas de hambre” son algunas de las vejaciones que muchas temporeras de la fresa sufren a diario por parte de sus capataces, que les hacen la estancia en sus puestos de trabajo un auténtico “infierno en la tierra”.

Más de 10000 jornaleras llegan cada año a las plantaciones de Huelva para trabajar en la recolección de frutos rojos mediante la contratación en origen, programa de colaboración entre España y Marruecos que convierte los flujos migratorios en un beneficio para ambos países así como para La Unión Europea, que permite el tráfico humano con estas mujeres, contratadas legalmente como mercancías. Muchas de ellas serán víctimas de amenazas, acoso sexual, humillaciones y de unas pésimas condiciones laborales.

La campaña 2017-2018 se cerró con una producción total de 280.300 toneladas de frutos rojos y con una facturación de 920 millones de euros en ventas al exterior, siendo Alemania, Francia y el Reino Unido los principales receptores de esta mercancía. La provincia de Huelva es la mayor productora de frutos rojos de Europa.

Requisitos de contratación machistas

Según empresarios de la fresa, la mano de obra más demandada es la de la mujer, ya que ellas “son perfectas para este trabajo”, por su mejor adaptación y resistencia a las condiciones requeridas. Pero lo cierto es que ser mujer se convierte en requisito indispensable debido a su mayor vulnerabilidad, puesto que estas mujeres son víctimas de una triple opresión por parte del capital: por ser trabajadoras, mujeres e inmigrantes.

Proceder de un entorno rural, ser divorciada, viuda o preferentemente casada (con carta de autorización del marido) y tener al menos un hijo menor son los requisitos exigidos para cubrir estos puestos. Condiciones todas ellas que garantizan su arraigo y retorno al país de origen así como una mayor dependencia económica, ya que en muchas ocasiones este trabajo se convierte en el único sustento de su familia.

Condiciones laborales propias de una esclavitud moderna y asalariada

Las temporeras de los frutos rojos son las peor pagadas de los campos andaluces, según convenio. Ganan unos 38 euros netos por jornada entre 6,5 y 7 horas (diez euros menos que el resto de jornaleros de la comunidad autónoma).

En ocasiones, las jornadas se alargan hasta las diez horas sin respetarse el descanso mínimo para la comida, sin días libres ni remuneración de las horas extra. Algunos testimonios recogidos por diversas fuentes muestran cómo algunas no pueden abandonar el puesto de trabajo ni para tomar agua e incluso se ven obligadas a hacer sus necesidades en el campo.

En muchas ocasiones las mujeres viven hacinadas en viviendas aisladas junto a su zona de trabajo, llegando a dormir hasta seis personas en la misma habitación. A veces solo pueden ducharse una vez a la semana.

Miles de personas se ven obligadas a abandonar su país de origen debido a las guerras y saqueos capitalistas. La Unión Europea en su papel de alianza imperialista de Estados, aplica políticas criminales para controlar el paso de estas personas, permitiendo el uso de medidas violentas y subvencionando la explotación sexual y laboral de estas trabajadoras mediante los recursos facilitados a la Patronal Agrícola, gestionados por el Gobierno, la Junta de Andalucía y la CEOE.

El capital, con su producción anárquica y descontrolada que supera las necesidades de consumo de la población, busca una mano de obra barata a la que explotar para aumentar la tasa de ganancia, priorizando el mayor beneficio económico posible sobre las condiciones de la clase obrera y sobre el medio ambiente. Muestra de ello son las denuncias archivadas y las voces silenciadas de mujeres trabajadoras por parte de la patronal, las instituciones y en muchos casos, de la misma clase obrera. En Huelva nadie habla. Aunque todos han oído hablar de los abusos, el “oro rojo” es el sustento de gran parte de la provincia. Este fruto mueve mucho dinero y eso genera una condición propicia para el abuso de poder.

Pero cada vez hay más mujeres que se atreven a hablar y se suman a la “Revolución de las temporeras”. Porque nativa o extranjera, somos la misma clase obrera y por ello el Partido Comunista de los Pueblos de España se une a la lucha de sus compañeras habiendo participado en las movilizaciones contra la opresión y la explotación del capital. Porque fresas sí, pero sin esclavitud sexual ni laboral. Porque no conseguirán silenciar más voces. La clase obrera vencerá.

Tania de Paz Olmedo