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Es la vanguardia del proletariado la que forma e instruye a sus cuadros, dotándolos de un arma –su conciencia teórica y la doctrina revolucionaria- con la que se aprestan a afrontar a sus enemigos en las batallas que han de venir. Sin este arma, el Partido no existe, y sin el Partido, ninguna victoria es posible.

 

En su primera fase sindical, la lucha económica es espontánea, es decir, que nace ineludiblemente por la misma situación en que se encuentra el proletariado en el régimen burgués, pero no es por sí misma revolucionaria, no lleva necesariamente al derrumbamiento del capitalismo, como han sostenido y continúan sosteniendo cada vez con menos éxito los sindicalistas. Tan cierto es esto que los reformistas, e incluso los fascistas, admiten la lucha sindical elemental, pero sostienen que el proletariado como clase no debe mantener otra lucha que la sindical. Para que la lucha sindical se convierta en un factor revolucionario, es necesario que el proletariado la acompañe de la lucha política, es decir, que el proletariado tenga conciencia de ser el protagonista de una lucha general que afecta a todas las cuestiones vitales de la organización social, es decir, que tenga conciencia de luchar por el socialismo.

 

Oponerse a la organización del Partido por células significa estar todavía ligado a las viejas concepciones socialdemócratas, encontrarse en un terreno de derecha, en un terreno en el que no se quiere realmente luchar contra la socialdemocracia.

 

Las cinco cualidades fundamentales que el camarada Lenin ponía como condiciones necesarias para la eficiencia del partido revolucionario son las siguientes:

 

1. Todo comunista debe ser marxista (nosotros añadiremos hoy: todo comunista debe ser marxista-leninista).

 

2. Todo comunista debe estar en primera línea en la lucha proletaria.

 

3. Todo comunista debe huir de las “poses revolucionarias” y de la fraseología superficialmente “roja”; es decir, debe ser no sólo un revolucionario, sino también un político realista.

 

4. Todo comunista debe sentirse siempre subordinado a la voluntad de su Partido y juzgarlo todo desde el punto de vista de su Partido; o sea, debe ser sectario en el buen sentido de la palabra.

 

5. Todo comunista debe ser internacionalista.

 

Según la doctrina del leninismo, el Partido Comunista es la vanguardia del proletariado y, por tanto, la parte más avanzada de una clase determinada, y sólo de ésta. Naturalmente, en el Partido pueden entrar también otros elementos sociales (intelectuales y campesinos), pero debe quedar bien claro que el Partido es orgánicamente una parte del proletariado.

 

Es necesario iniciar por todas partes e inmediatamente la preparación de la dictadura del proletariado, procediendo de la siguiente manera: en todas las organizaciones, federaciones, asociaciones sin excepción, en primer lugar las proletarias y después las organizaciones no proletarias, de las masas trabajadoras y explotadas se deben crear grupos o células de comunistas, abiertamente en primera línea, pero también clandestinas, condición obligatoria, ya que se puede esperar de la burguesía su disolución y la detención o el exilio de sus componentes.

 

La base de toda actividad del Partido Comunista debe ser, por todas partes, la creación de una célula comunista, aunque a veces pueda ser muy pequeño el número de proletarios o semiproletarios. Las células comunistas deben estar totalmente subordinadas al Partido. Las células comunistas de cualquier especie deben estar subordinadas unas a otras sobre la base de la más rigurosa reglamentación jerárquica según un sistema lo más preciso posible. Sólo la cohesión de los comunistas da a la vanguardia de la clase obrera la posibilidad de conducir tras ella a toda la clase.

 

¿Cuál es el espíritu de las tesis de Lenin sobre el parlamentarismo? Lenin sostiene que los comunistas deben entrar en e Parlamento y servirse de la tribuna parlamentaria, en cuanto que el Parlamento representa un valor real para gran parte de las masas que vuelven su atención hacia él. Por lo tanto, se debe salir de él cuando haya perdido ese valor para que las masas, liberadas en sus capas decisivas de la ilusión de la legalidad parlamentaria y de la democracia burguesa, se movilicen para la lucha armada y la conquista del poder.