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Los conocimientos políticos, ideológicos y filosóficos adquiridos por Jack London, unidos a su experiencia vital, le sirvieron para fabular la gran cantidad de novelas y ensayos que escribiría a lo largo de su existencia: “La quimera del oro”, un relato estremecedor sobre la supervivencia en el marco de la fiebre del oro experimentada por el propio London en su viaje al valle de Yukón (Canadá) en 1897, cuando el escritor tenía apenas veinte años de edad; “La llamada de la selva” y “Colmillo Blanco”, dos novelas cortas (quizás las más leídas del autor estadounidense por la clase obrera de todo el mundo) sobre la psicología del ser humano y sobre “la voz inarticulada de lucha por la existencia”; “El amor a la vida”, ocho relatos sobre la fuerza de la voluntad, y del que Kruspskaya, la excepcional compañera de Lenin, cuenta en sus memorias que el líder de la revolución soviética falleció con ese libro entre sus manos.

En total, Jack London, escribió 20 novelas, 18 colecciones de cuentos y más de 150 artículos que hicieron decir a escritores reconocidos como Steinbeck o Hemingway que London era todo un clásico de la literatura estadounidense, aunque hubo también quien afirmó que más que el novelista fue el defensor del socialismo quien descolló realmente. Respondía todas las cartas que le remitían y se despedía siempre con un “Tuyo por la Revolución”. Jack London odiaba a los poderosos al igual que valoraba a los que eran capaces de remontar las adversidades que condicionaban sus vidas y conseguían triunfar en un mundo envilecido y depravado por el capital. Interpretó que ese mundo en el que el también vivía estaba dominado por la contradicción entre la riqueza y la pobreza, entre el individuo y la sociedad, y ante ello, y en las circunstancias en las que había vivido, optó por defender hasta el final de su existencia lo que consideró que acontecería como una potencia inevitable de la transformación social: el socialismo. Así cuando se hallaba en la cima de su fama de escritor y ganaba bastante dinero, viajó a Londres y describió la vida miserable de los barrios obreros de la capital británica en su libro “El pueblo del abismo”, considerado como uno de los testimonios más elocuentes de la literatura revolucionaria. Después de su estancia londinense viajó por Alemania, Francia e Italia sin dejar huella escrita de lo que había visto.

Divulgado por todo el mundo 

El 7 de abril de 1900, el mismo día que salió publicado su libro “El hijo del lobo”, Jack London contrajo matrimonio con la irlandesa Bess Maddern, profesora de matemáticas que con anterioridad había deseado ser actriz. Ella leía sus obras, las corregía y le transcribía sus manuscritos a máquina. El matrimonio que abogaba por la libertad sexual vivió los primeros años de casados en una casa de Oakland. Fue en ese tiempo que la cadena de diarios del controvertido magnate de la comunicación, Hearts, el personaje que interpretó Orson Wells en su película “Ciudadano Kane”, le contrató como corresponsal de guerra en el conflicto ruso-japonés de 1905. Pronto, en 1901 y 1902, el matrimonio London tuvo dos hijas, Joan y Bessie, con las que Jack mantuvo una relación difícil, particularmente tras el divorcio con Bess y su nuevo matrimonio con Charmian Kittredge, una feminista que combatía los prejuicios que existían sobre las mujeres y que London había criticado en sus libros. Había escrito que “el hombre se distingue de los demás animales por ser el único que maltrata a su hembra”. Sin embargo, tampoco fue feliz en su nuevo matrimonio, lo que no impidió que tras la muerte de Jack London, Charmian se dedicara hasta su fallecimiento, ocurrido en 1955, a cuidar de su imagen y a defender el socialismo de su marido.

Después de su infelicidad matrimonial, de numerosos problemas económicos y también de salud, así como del incendio de su casa, la Wolf House, en agosto de 1913, sin que se supieran las causas que provocaron el fuego, Jack London se sumió en una profunda depresión que le condujo a la muerte el 22 de noviembre de 1916, cuando tenía justo 40 años. Existe todavía un debate sobre si se suicidó tomando una sobredosis de morfina, o si sus riñones dejaron de funcionar provocándole una insuficiencia renal. Tras su muerte sus obras se difundieron por todo el mundo y en particular entre los defensores del socialismo como solución a los problemas sociales. En la URSS, después de la revolución bolchevique de 1917, sus libros se leían en las escuelas para favorecer la conciencia revolucionaria.

Aparte, “El Talón de Hierro”

Mención aparte merece este libro publicado en 1908 por su enfoque visionario de lo que ineluctablemente habrá de venir en un tiempo futuro. En él se describe lo que ha de suceder como un pasado ya superado que se hizo posible mediante una revolución, lo que es utilizado por el autor para denunciar el capitalismo imperante que aún tardará en desaparecer. Un capitalismo que había impuesto un sistema de control dictatorial y cruel que ocasiona la explotación de los trabajadores. Un capitalismo también sostenido por una iglesia que acepta la explotación de hombres, mujeres y niños en turnos de doce horas de trabajo, y cuyos beneficios se emplean para construir catedrales o iglesias donde los explotadores reciben lisonjas y beneplácitos. Además el escritor norteamericano transmite en su obra cómo ha de triunfar el socialismo, en oposición a aquellos que pensaban que éste vendría por métodos democráticos. Calificaba de ingenuos a los líderes socialistas que imaginaban que el capitalismo podía ser derrotado en las urnas. Consideraba en fin, que si los/as trabajadores/as no se unían para dar la batalla en una revolución violenta, “el talón de hierro” de la oligarquía se impondría irremediablemente.

Por todo ello, por su vida y su obra, Jack London pasaría a la historia como un Émile Zola norteamericano. Es decir, como un escritor indomable que luchó firmemente por el socialismo. Reivindiquémoslo. Descubrámoslo. Redescubrámoslo. Jack London, escritor revolucionario, nos pertenece.

José L. Quirante