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“A ti, nazi.

Que te asomabas entre el cordón policial para insultar y amenazar de muerte a los manifestantes del PCPE, mientras por supuesto, te ajustabas y te subías bien la braga para que no se te viera la cara. Escoria cobarde.

Tú, valiente desgraciado, que te asomabas entre la policía como si tú sólo hubieras podido contra todos nosotros si ellos no estuvieran. Como si no te hubieras comido la bandera que llevaba en la mano y te hubiera reventado la boca si hubieras tocado a cualquiera de las mujeres o a cualquier hombre de los que venían a mi lado.

Me gustaría decirte que lo que más me apena, es que no tienes pinta de niño rico. Tienes pinta de víctima. Tienes pinta de fracaso. Y de que la vida te ha tratado mal.

Lo que más me duele es que me des lástima. Y que en mi lucha. Mi lucha por todos los trabajadores y por la gente que vive oprimida... Indirectamente también estén tus hijos y estés tú. Imbécil de los cojones, te estás equivocando de lado.”


Esta entrada la escribió una simpatizante del Partido en Castelló a raíz de su experiencia en la manifestación antifascista del 9 de Octubre del 2018 en Valencia. Una entrada que he utilizado porque pone las bases, y refleja mucho, de lo que voy a expresar en este artículo sobre el fascismo y sobre el antifascismo.

Un fascismo del que a algunos parece que no les gusta que hablemos, como si ignorándolo, como si tapándose los ojos y pensando muy fuerte que no está ahí consiguiéramos que desapareciera. Como si el fascismo fuera cuestión de un deseo, como si fuera cuestión de voluntad. ¡No! El fascismo es una etapa más en el desarrollo dialéctico del capitalismo, es la forma de gobernar que toma el capital en un determinado momento histórico, es la forma que toma el capital intentando superar sus propias contradicciones.

Un momento del desarrollo en el que las necesidades de la clase trabajadora entran en contradicción directa con las relaciones de producción, es decir, cuando las condiciones laborales ya no son suficientes para reproducir nuestro día a día y la clase obrera debería comenzar a buscar vías alternativas a las que le ofrece un sistema que ya no puede mantener su hegemonía como sistema que se legitima con otros mecanismos. Es en este momento del desarrollo cuando la clase dominante, en una nueva patada adelante, se aparta de la forma de gobierno que marcan las tesis de democracia liberal y se ve forzada a aumentar la violencia y la represión mediante su herramienta de dominación, el estado, sea en forma de legislación o mediante las fuerzas represivas del estado, para continuar manteniendo su cuota de poder, es decir, para continuar aumentando la tasa de explotación, aumentar la plusvalía y poder mantener su tasa de beneficios.

Todo ello aderezado por una falsa clase media que crean la socialdemocracia y las posiciones reformistas. Una socialdemocracia que acelera las contradicciones pero que al mismo tiempo destruye la conciencia de clase de los trabajadores, habilitando en la conciencia colectiva el sistema capitalista como única alternativa y precisamente poniendo los límites del reformismo en los mismos límites y contradicciones del sistema.

Lleva un tiempo rodando por las redes un texto que supuestamente es de Saramago pero que, al parecer, es falso; en cualquier caso lo que expresa es muy certero: "Los fascistas del futuro no van a tener aquel estereotipo de Hitler o Mussolini. No van a tener aquel gesto duro militar. Van a ser hombres hablando de todo aquello que la mayoría quiere oír", y es que el fascismo no solo tiene una cara, no es una constante, y se va a transformar a medida que los valores de la sociedad se transformen con el fin de alcanzar su objetivo.

En el estado español asistimos a un proceso de fascistización cada vez mayor.

Casos como el de la plantilla de Amazon, duramente reprimida por ejercer su derecho a huelga; casos como la represión contra el pueblo catalán; casos como el de los presos políticos como los de Alfon y Arenas, o las presas y exiliadas del procés; casos como el de Pablo Hasel o Valtonyc coartando la libertad de expresión, o sencillamente el caso de la Asociación Juvenil La Cosa Nostra que está siendo duramente reprimida por el Ayuntamiento de Castelló, así lo corroboran. Casos que todos ellos tienen algo en común, que nos permiten evidenciar y extraer las contradicciones de un sistema que ya lleva tiempo haciendo agua por todas partes.

Es por todas estas razones que tenemos que hacer entender, ahora más que nunca, que las posiciones fascistas, que el posicionar los valores nacionales por encima de los intereses de clase, sólo justifican el aumento de la explotación y, por tanto, están en contra de los intereses de los trabajadores.

Estar en contra del fascismo es luchar por los intereses de la mayoría social. Es luchar por los intereses pueblo trabajador.

Comenzaba el camarada José Díaz sus discursos en 1936 en plena campaña por el Frente Popular así: "Camaradas, Socialistas, Anarquistas, antifascistas todos". En una coyuntura muy parecida a la de hoy, en un contexto de crisis como la del 29 en la que nuestros antepasados comprendieron que la prioridad, por encima de los diferentes matices ideológicos, era la lucha contra el fascismo.

La camarada que escribe la entrada que da inicio a este artículo expresa, desde su experiencia, perfectamente ese sentimiento. Todos los que íbamos en ese bloque, fuéramos comunistas, socialistas, anarquistas o simples trabajadores sin etiqueta, teníamos algo en común; decir no al fascismo y todo los que estaban fuera, insultando, amenazando y demás barbaridades estaban todos a una contra nosotros. Así parece que esta contradicción toma primera línea de prioridad en el momento actual, y que el antifascismo es un paraguas en el que cabríamos todos en este momento del desarrollo de la lucha de clases.

Como leía hace poco en un artículo de un camarada, se han acabado las risas.

Necesitamos la lucha de cada una de los trabajadoras y trabajadores, porque es la lucha de cada una de nosotras la que decide la balanza. Una balanza en la que están en juego los intereses de los explotadores y los explotados, del capital y de los trabajadores, de los fascistas y de las antifascistas.

Se acabaron las equidistancias. Se acabó jugar en el centro del tablero a verlas venir.
Escribía Antonio Gramsci, en su famoso texto de “Odio a los indiferentes”, que la indiferencia es el peso muerto de la historia, una indiferencia que nos ha llevado hasta aquí. Hoy es momento de tomar partido, es momento de posicionarse o con el fascismo o contra él, organizándose en los centros de trabajo, en los centros de estudio, en las universidades, en los barrios, contra nuestros agresores, reconstruyendo las estructuras del movimiento obrero que las posiciones reformistas se han encargado de destruir y que, al fracasar como alternativa, como siempre hemos advertido, deja un campo visible con dos polos antagónicos.

Ahora es momento de dejar de resistir y comenzar la ofensiva, ya no hay medias tintas. O ellos o nosotros.

Camaradas, socialistas, anarquistas, ¡antifascistas todos!

 

Santiago Castillo