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Durante estos últimos meses la lucha por las pensiones públicas ha sido uno de los ejes sobre los que están girando las movilizaciones populares a lo largo y ancho del estado español. Llevamos, semana tras semana, contemplando la justa lucha de las y los pensionistas por el incremento de unas pensiones que, en muchas ocasiones, no llegan ni siquiera a satisfacer las necesidades mínimas de miles de trabajadores y trabajadoras que, durante años, han estado cotizando para poder llegar a la vejez con una estabilidad que les permitiera vivir sin preocupaciones.

Estas movilizaciones han sido secundadas, mayoritariamente, por jubiladas y jubilados que rechazaban el irrisorio incremento del 0,25% (muy por debajo del IPC), que en cómputos globales supone una pérdida del su poder adquisitivo, sin contar con el esfuerzo que han tenido que asumir, muchas y muchos de ellos, para mantener a miles de familias obreras en paro, ni la congelación de las mismas por parte del gobierno de Zapatero en el año 2011.

Desde una perspectiva juvenil, la lucha por unas pensiones públicas parece algo lejano y que no ha llegado a ser asumida como propia, cuando vamos a ser las principales víctimas. En este artículo no se pretende hacer un reproche ni tratar con paternalismos a nadie, más bien hacer algunas aportaciones sobre la necesidad de incorporar esta reivindicación al programa de cualquier colectivo juvenil que tenga como objetivo mejorar las condiciones de la juventud obrera y popular.

Algunos datos que nos afectan directamente, y que tendrán repercusiones a medio plazo en nuestras pensiones:

- Comparando las horas efectivas semanales trabajadas en el cuarto trimestre de 2008 (679.587.500 horas), con las del mismo período del año 2016 (594.030.400 horas), constatamos una pérdida de un 12,6 % en el número de horas trabajadas.

- En España se realizan unas 6.131.400 horas extra a la semana, de las que el 44,6% no son remuneradas. ¿Quién no conoce a algún amigo/a al que su jefe no le paga las horas extras…?

- 2. 890.000 contratos a tiempo parcial registrados en el segundo trimestre del año 2018.

Esta es la realidad del mercado laboral a la que nos enfrentamos. La precariedad y la inestabilidad conllevan un menor ingreso a la Seguridad Social, por no hablar del robo de millones de euros a la hucha de las pensiones públicas. Por tanto, decir que nuestra generación no va a tener derecho a las pensiones públicas no es ninguna locura.

Como en tantas otras ocasiones, las mayores afectadas por esta situación serán las jóvenes trabajadoras. El capitalismo y el patriarcado conllevan la feminización de la pobreza, no será extraño encontrarnos con trabajadoras que no tengan derecho a acceder a una jubilación digna.

El capitalismo se encuentra en un proceso de descomposición, el aumento de los beneficios de la gran banca y los empresarios será sobre nuestras espaldas si no revertimos esta situación. Quieren hacernos pagar su crisis estructural, y tienen muy claro cuál es el camino a seguir: al igual que han hecho con derechos básicos que nos afectan directamente, como la educación (no olvidemos el Plan Bolonia, la LOMCE y el 3+2) o la sanidad, las pensiones públicas es un trozo del pastel muy goloso para la burguesía parasitaria, y su privatización en manos del capital financiero es su objetivo.

Los medios de des-información nos dirán que no es posible mantener las pensiones públicas, que la pirámide poblacional impide su sostenibilidad, que la salida es apuntarse a un plan privado de algún banco… No caigamos en la trampa, defendamos las pensiones con uñas y dientes, unamos las luchas contra el sistema capitalista, y acabemos con este modelo que no tiene nada más que ofrecernos que la miseria.

Javi