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El grado de emancipación de la mujer es la medida natural de la emancipación general (C. Marx y F. Engels, La sagrada familia.).

Si hacemos un balance de este 2018 en cifras, ahora que estamos acabando el año, no encontraremos cambios significativos en los que a la situación de las mujeres trabajadoras en el territorio español con respecto al año pasado.

Según los últimos datos de las EPA publicados en septiembre, en datos macro, en nuestro país existe un 13,5% de parados frente a un 14,9% de paradas, por lo que hay una diferencia del 3% entre mujeres y hombres. En 2017, la tasa de paro de los hombres se encontraba en un 15,0% y la de las mujeres en un 18,4%, es decir, la diferencia era prácticamente la misma.

Las mujeres seguimos teniendo los empleos más precarios con contratos mayoritariamente de media jornada o jornada reducida y, somos empleadas, mayoritariamente, en trabajos altamente feminizados, por ejemplo, el 97% de las empleadas del hogar son mujeres, en los que la diferencia salarial con respecto a los trabajos altamente masculinizados llega, en ocasiones, a los 700 euros. Y, hablando de salarios, la brecha salarial está, en estos momentos, en el 37% en España, según datos oficiales, y, por experiencia, sabemos que los datos oficiales están siempre muy lejos de los datos reales.

Y si con esto, las mujeres no estamos lo suficientemente desprotegidas en el mercado del trabajo dentro del sistema capitalista, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), en una sentencia dictada en febrero de este año dictaminó, que las trabajadoras embarazadas pueden ser despedidas con motivo de un despido colectivo, en esta sentencia resolvió el caso de una trabajadora de Bankia que fue despedida en un ERE mientras se encontraba embarazada, fallando a favor del banco, simplemente, subrayando la obligación del empresario de comunicar a la empleada embarazada los motivos que justifican su cese y los criterios objetivos seguidos para seleccionar los trabajadores afectados por el despido.

En cuanto a la violencia machista, de 2010 a 2017, según el registro de Feminicidio.net, en el Estado español han sido asesinadas 890 mujeres a manos de hombres. De las cuales, se documentaron 769 víctimas de feminicidios (el 86,4%) y 121 asesinatos (13,6%, entre estos, por robo, violencia comunitaria/económica, crimen organizado, juvenil, sin datos suficientes etc.). En 2017 fueron asesinadas en España 99 mujeres a manos de hombres (83 feminicidios y otros 16 asesinatos) La mayoría de ellas, 53 mujeres (53,5%) fueron asesinadas por sus parejas o exparejas; mientras que hijos, padres, padrastros, hermanos, amigos y otros conocidos acabaron con la vida de otras 28 mujeres (siete niñas entre estas).

A 23 de noviembre de 2018, apenas 48 horas antes del Día Internacional por la Eliminación de la Violencia hacia las Mujeres, se han producido en este país 89 feminicidios, más las mujeres que han desaparecido y nadie sabe dónde están y que muchas veces tenían antecedentes de violencia machista.

Quizá las movilizaciones del pasado 8 de marzo, hicieron crecer las expectativas en cuanto a la aceleración de la lucha hacia la igualdad de derechos totales, sin embargo, sin una verdadera organización detrás, sin una lucha común en la que los objetivos queden claros y sepamos que la verdadera emancipación de la mujer llegará de la mano de las trabajadoras y no del interclasismo y de aquellas corrientes dentro del   movimiento feministas de carácter reformista y que acaba apuntalando el sistema capitalista en crisis y perpetuando el patriarcado. En palabras de A. Kollontai “Sólo gracias al reconocimiento del trabajo de las mujeres trabajadoras en el mercado mundial las mujeres burguesas han podido ocupar la posición independiente en la sociedad de la que se enorgullecen tanto...”

 

Las mujeres y los hombres del PCPE junto a su Juventud seguimos apostando por el feminismo de clase capaz de determinar con precisión las distintas y complejas relaciones sociales, productivas, ideológicas, etc que condicionan el papel de las mujeres en las sociedades capitalistas. Sólo desde esta visión, podemos proyectar una mujer real, objetiva, integral y viva. Y, por consiguiente, un sujeto político y revolucionario, con capacidad de aportar un esfuerzo esencial en el proyecto de emancipación de la clase obrera.

Sonia Iruela