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El gobierno socialliberal de España ha lanzado la propuesta de prohibir el uso de vehículos de combustión (diésel, gasolina e híbridos) para 2040. Esta propuesta se suma al contexto europeo donde ya países como Alemania, Reino Unido y Dinamarca han anunciado medidas similares, aboliendo el uso de estos automóviles entre 2025 y 2050.

Es un error pensar que la burguesía no tiene un plan para combatir el cambio climático. No toda la burguesía es como Donald Trump o vive exclusivamente del petróleo como la dictadura saudí. Parte de las compañías y muchas economías burguesas tienen una planificación para combatir el cambio climático y obtener beneficios de él. Por ejemplo, la compañía Tesla y el empresario sudafricano Elon Musk llevan años trabajando y desarrollando vehículos abastecidos por electricidad y en tecnología para el uso de energías renovables. Pronto veremos una revolución tecnológica debido a este tipo de burgueses que hará aún más evidente la contracción del espacio por el tiempo de la que Marx habló.

Debemos alegrarnos y aplaudir este tipo de medidas, pues todas las proyecciones y estudios serios muestran que para el 2050 el planeta será un poco más inhabitable para nosotros. En concreto, toda la cuenca del Mediterráneo será cada vez más árida. A pesar de nuestro apoyo debemos denunciar los mecanismos y políticas con los que van a realizar esta transición a vehículos de energías renovables. Como dije en su momento, la ministra es de la línea del economista Nicholas Stern. Un planteamiento económico y político donde todos deben salir ganando en esta transición energética, económicamente hablando. El problema está en quién es ese todos y en quién está ausente. Está claro que “todos” son sólo los burgueses y en el capitalismo, los grandes ausentes siempre son las clases explotadas.

Es por tanto necesario que en el apoyo de estas medidas, vengan de quien vengan, demos nuestra visión y empujemos a que estas medidas vayan a favoreces a las clases populares. Esta medida está diseñada para que no cambie nada, es decir, seguir primando el servicio privado frente al público. Como es esperado habrá incentivos económicos para que las empresas se adapten a la producción de esta nueva tecnología y los famosos planes renove.

¿Pero y para las clases populares? Si no planteamos nada y luchamos por eso desde ya nos tocará pagar, primero con nuestra plusvalía, y luego con cambiar nuestros automóviles y seguir sometidos al sistema de transporte impuesto por el capital. Luchar, aprovechando este contexto, por servicios públicos de calidad que vayan a los centros de trabajo en vez de a los centros comerciales, luchar por planes integrados de vivienda y movilidad, en contra de la especulación urbanística y turística (Airbnb). El turismo es uno de los factores de transformación de los barrios y de la expulsión de la clase trabajadora a zonas cada vez más lejanas de sus centros de trabajo.

Otro aspecto, que no se dice o no se contempla, es el del sector de producción de electricidad. También debemos pedir e intervenir para forzar a cambiar el sistema actual de abastecimiento eléctrico a las clases populares. Ya que los nuevos vehículos utilizarán electricidad, se aumenta la presión sobre las familias trabajadoras, debido al precio de ésta, impidiendo el uso de un vehículo privado, con la consecuente dependencia del transporte público. Ni hablar sobre los trabajadores autónomos.

Exijamos que dejen de producir vehículos de combustión ya, no para el 2040. Nuestro futuro depende de ello. Aprovechemos mientras el tiempo que nos han concedido para pensar en cómo las clases populares queremos desplazarnos, no lo desaprovechemos, estudiemos, hagamos propuestas y luchemos colectivamente por cambiar el transporte. En este asunto la clase trabajadora tiene mucho que decir y hacer. Yo me apunto, ¿alguien más?

Manuel Vario