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Editorial Septiembre 2018

El objetivo del Presidente Donald Trump no es otro que el de tratar de colocar a los grandes grupos monopolistas de su país en condiciones más favorables para su dominio sobre toda la economía mundial. Un dominio que en las últimas décadas sigue una trayectoria menguante ante la capacidad de otras potencias económicas mundiales: Rusia, China, UE, …

La situación de esta economía mundial de finales del siglo XX ha estado marcada de una forma especial por el ascenso de China como la gran potencia productora, y por el proceso de concentración y centralización del capital en la economía capitalista, donde el gigantismo de los grandes oligopolios les lleva al control de cuotas crecientes del mercado planetario, donde ésta queda en manos de un grupo cada día más reducido de empresas.

Trump responde con lo que ya era difícil de esperar: el proteccionismo.

En un mundo donde los grandes ejes de la política mundial capitalista estaban marcados por el desarme arancelario, y por la circulación de mercancías sin ningún tipo de barreras, como reglas de oro impuestas por la OMC en sus últimas rondas de negociadoras, el Presidente yanqui da un puñetazo en el tablero y rompe la baraja.

Una actuación de este tipo, lejos de las expresiones más histriónicas del inquilino de la Casa Blanca, no es otra cosa que la búsqueda un camino para tratar de impedir el retroceso del poder económico yanqui en la actual economía-mundo.

Estas medidas económicas van acompañadas de un desmesurado incremento del gasto militar (700.000 millones de dólares) y una muy agresiva política internacional, con ataques directos contra toda situación que pueda ser considerada un riesgo para los intereses americanos. EE. UU., producto de sus necesidades económicas, va generando un gigantesco ejército en el que ya asoman algunas contradicciones internas, y que evoluciona como una estructura que, por días, gana en autonomía con respecto al poder político, generando una situación de muy altos riesgos

Trump no tiene límite ninguno para el ejercicio de la barbarie y la violencia. Yemen, Siria, Afganistán, drones asesinos, división militar espacial, trato inhumano a los inmigrantes, intento de magnicidio contra el Presidente Nicolás Maduro, violencia en Nicaragua, despliegue militar en América Latina, etc. En la pugna por la primacía en el poder económico todo lo legitima.

Trump no es un loco, el capitalismo internacional no tiene alternativas como sistema, esta es su hoja de ruta para tratar de revertir su inexorable decadencia histórica.

La respuesta a esta situación concreta ha de venir de un Movimiento Comunista Internacional (MCI) que conduzca a la clase obrera y a la Humanidad hacia la construcción de la sociedad socialista.

Un alto reto en estos momentos históricos, que tiene carácter de urgencia, y al que el MCI ha de responder desde su objetividad científica. Un MCI que se inspire en la altura ética y moral de lo mejor de las luchas de la clase obrera para construir su propio paradigma libre del lastre de la vieja y decrépita sociedad burguesa. Un MCI que se guíe por las aportaciones y el ejemplo de Lenin, Marx, Fidel, Stalin, Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin, Recabarren, José Díaz, Ho Chi Min, etc. Hombres y mujeres que porque les guiaba una alta conciencia de clase supieron romper con las cadenas de la bárbara sociedad capitalista y liderar las luchas para su destrucción.

Un MCI con esa altura moral será el que pueda organizar y conducir las grandes luchas revolucionarias que han de conducir a la clase obrera a la victoria, a la destrucción total del sistema capitalista y a salvar a la Humanidad de la barbarie capitalista. Esta es una tarea urgente, los riesgos de la barbarie capitalista así nos lo demandan.

Hay que articular las alianzas, y levantar la capacidad de lucha del bloque obrero y popular, en su expresión de Frente Mundial Antiimperialista y en su versión de sujeto político revolucionario, que impulse los cambios históricos que hoy son urgentes.

PEDRO SÁNCHEZ BUSCA TIEMPO PARA SALVAR AL CAPITALISMO ESPAÑOL

El gobierno de Pedro Sánchez tiene intención de llegar hasta la fecha prevista para las Elecciones Generales, en el 2020, esa parece ser su voluntad en este momento.

La profunda crisis por la que transita el sistema burgués de dominación en España así lo exige, esa clase dominante necesita encontrar espacios de equilibrio que le faciliten el tiempo necesario para tratar de colocar los parches de los distintos rotos que, de forma continuada, le salen por aquí y por allá.

La exhumación de la momia del Valle de los caídos no es otra cosa que una operación de marketing en esta dirección. En su esencia no existe ningún compromiso de afrontar y reparar la traición que, en la llamada Transición, protagonizaron todas las fuerzas políticas con respecto a quiénes dieron su vida en defensa de la II República y en la lucha contra el golpe militar fascista, haciendo un vergonzoso pacto con los torturadores y con los asesinos.

Dos objetivos ocupan, en lo fundamental, la agenda del gobierno de Sánchez: desactivar las luchas del movimiento obrero y popular, y resolver la cuestión catalana.

Su jugada principal es hacer creer que es “la izquierda” quien gobierna (y para eso se saca a la momia de debajo de la losa), y que, por ello, los intereses de la clase obrera están defendidos por este gobierno. Las permanentes negociaciones con Podemos, con sus tiras y afloja, tienen también este objetivo.

Por otra parte, en la cuestión catalana todo el tiempo que se gane es una victoria. Abrir un escenario de diálogo, buscar una interlocución más amable con algún miembro del bloque soberanista, y ralentizar la hoja de ruta del independentismo, son movimientos tácticos que buscan crear un escenario más favorable para una solución dentro de las constreñidas coordenadas de la oligarquía española,

Un tal gobierno, así enmascarado, puede mantener las mismas políticas del rancio capitalismo español en materias como inmigración, OTAN, UE, privatizaciones, etc., sin provocar una respuesta social creciente, como la que se estaba dando bajo el gobierno del despedido gobierno Rajoy 

El bloque obrero y popular no tiene que darle ni un minuto de tiempo a esta nueva maniobra engañosa de la burguesía española.

Una constante, continuada y efectiva intervención en todos los frentes de masas, empezando por el movimiento obrero, pero también en la solidaridad internacionalista, las luchas de las mujeres, el movimiento contra la OTAN y la guerra, la defensa de la juventud obrera, etc., es la palanca fundamental para impulsar el cambio en la correlación de fuerzas, y llevar al bloque obrero y popular a una mejora de sus capacidades para lanzar una enérgica contraofensiva frente a las políticas que hasta ayer dictaba Mariano Rajoy y que hoy, envueltas en papel de celofán, dicta el socialdemócrata Pedro Sánchez.