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El ensañamiento con los ocho jóvenes que han sido juzgados por los hechos ocurridos en Altsasu el día 15 de octubre de 2016, es una clara demostración del carácter de clase del aparato judicial en este país, también de su actuación coordinada con el sistema de violencia estructural de la clase dominante y de su coherencia con los objetivos de la superestructura política que garantizan la explotación de la clase obrera por parte de la burguesía española.

Para decirlo de una forma sencilla y clara: esta sentencia no es otra cosa que una venganza de la Guardia Civil por los hechos ocurridos en el bar Koxka. Todo lo demás no es otra cosa que una comedia para tratar de legitimar esta venganza, en el marco de las leyes dictadas por la clase dominante.

Una venganza que no tiene un carácter personal, de los dos guardias civiles que estaban en el bar, sino una venganza de uno de los aparatos de la violencia del Estado burgués, que cuenta con una trayectoria aterradora en la historia de la represión en España. La Guardia Civil responde a las necesidades de la burguesía de dotarse del instrumento de represión más adecuado a la defensa de sus antisociales intereses. Así, en su nacimiento, este cuerpo represivo sustituía a la Milicia Nacional que impulsaban los gobiernos liberales. La creación de la Guardia Civil, como decisión de los gobiernos conservadores que se oponían a la misma revolución burguesa a mediados del siglo XIX, fue un acto más de los realizados para impedir los cambios modernizadores que se impulsaban contra la monarquía absoluta en España.

En la anterior dictadura, de Francisco Franco, la Guardia Civil tuvo un papel determinante en la aplicación del terror militar-fascista, especialmente en las zonas campesinas y rurales, con un historial despiadado, y actuando siempre con total impunidad. 

Cientos de guardias civiles han sido indultados en estos cuarenta años de gobierno constitucional, después de tener sentencias firmes por torturas y otras violencias. El caso del General Galindo, y los otros condenados por la tortura y asesinato de los jóvenes Lasa y Zabala, es paradigmático de esta línea de actuación de la democracia española con la Guardia Civil 

Ahora se aprovecha este incidente de bar para “dar una lección”, en el sentido de que no se posible meterse con la Guardia Civil. Se amaña la instrucción de la denuncia, se desplaza arbitrariamente a la Policía Foral, que fue la que intervino en los hechos esa noche, y el caso lo lleva una jueza casada con un guardia civil.

Las mentiras y manipulaciones de los guardias implicados, han quedado claramente desmontadas en el desarrollo de las sesiones del juicio.

Este juicio ha generado la indignación de la gran mayoría del pueblo de Altsasu, y también del pueblo navarro. Las demostraciones de solidaridad han sido masivas, conscientes los familiares y todo el pueblo de lo que estaba sucediendo con este montaje.

La prisión incondicional durante casi dos años de una parte de los acusados, y la detención, después de la sentencia, de los que estaban en libertad, no hace más que abundar en esta valoración de los intereses que se manejan alrededor de este juicio.

Es inevitable la comparación con lo sucedido con los miembros de “la jauría” (que no manada). En este caso la prisión provisional, que inicialmente es de dos años, se amplía una vez que hay una condena de más de cinco años, aunque sea recurrible, llevando la prisión provisional hasta el límite de la mitad del tiempo establecido en la condena. Es decir, que los miembros de la jauría, según el ordenamiento jurídico español, podrían estar en prisión preventiva hasta un tiempo de cuatro años y medio. 

Pero en este caso, hay un doble componente diferencial. Por un lado que se trata de una violación de una mujer, lo cual ya es considerado una “cuestión menor” por esta justicia patriarcal. Y por otro, que entre los violadores uno es guardia civil y otro mercenario del ejército. Dos razones para hacer un uso del sistema judicial a la medida de los intereses de legitimación de la barbarie de la clase dominante.

C. Suárez