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Como aficionado que soy a la bicicleta de montaña y afincado en el Valle de Elorz, en Navarra, a principios de este año decidí hacer una ruta en bicicleta por la Sierra del Perdón. Cuál fue mi sorpresa cuando, al llegar cerca del Monumento al Peregrino, descubro en el entorno un elemento nuevo, que nunca había estado ahí antes. Se trataba de un monumento consistente en un monolito central rodeado de otras tantas piedras que recuerdan a un crómlech (sin llegar a serlo). Me acerco interesado y, en el camino, observo con regocijo un panel que explica que dicho monumento se trata de un memorial que simboliza el reconocimiento y la reparación de (al menos) las noventa y dos personas asesinadas en la Sierra del Perdón durante 1936 y 1937 a causa de la represión criminal fascista acontecida tras el golpe de Estado contra la legítima Segunda República Española. El panel continúa diciendo que el memorial “es un homenaje a todas las víctimas asesinadas por sus ideales de justicia social y democracia, y también a sus familias”, así como recuerda que “en Navarra no hubo frente de guerra”, sino que las víctimas “fueron arrebatadas de sus casas por la fuerza, ejecutadas sin juicio y enterradas en fosas en esta sierra, olvidadas y silenciadas durante ochenta y un años por las instituciones”.

Con un sentimiento agridulce, a causa de la rabia que genera el recuerdo del fascismo y de la esperanza que insufla la reparación de la memoria histórica, me acerco al memorial cuyo monolito central simboliza a todas las personas desaparecidas y cuyas diecinueve piedras a su alrededor simbolizan las localidades de procedencia de las víctimas (de todas las edades) asesinadas en la Sierra del Perdón y que han podido ser identificadas. Estas localidades son, por orden alfabético, Aguilar de Codés, Aibar (Oibar), Allín, Allo, Artazu, Berbinzana, Cárcar, Cáseda (Kaseda), Cirauqui (Zirauki), Estella (Lizarra), Ibero, Larraga, Lodosa, Lumbier (Irunberri), Mendavia (Mendabia), Olite (Erriberri), Pamplona (Iruñea), Pitillas y Puente la Reina (Gares).

Mi sentimiento de esperanza se desvanece cuando observo que el memorial (inaugurado en noviembre de 2017 y hecho posible gracias a la colaboración de familiares, vecinas y vecinos, asociaciones, Concejos, Ayuntamientos y Gobierno de Navarra) ha sido vilmente atacado por el fascismo: se ha pintado la bandera rojigualda sobre el monolito central y ensuciado con pintura roja catorce de las diecinueve piedras alrededor del monolito. En ese preciso instante soy incapaz de comprender el odio hacia los valores de justicia social y democráticos más básicos que existe tras el ataque, por lo que la pena y la rabia se apoderan de mí.

El monolito central está tallado con motivos del Guernica de Picasso. Este famoso cuadro, pintado tras el bombardeo de la localidad de Guernica el 26 de abril de 1937 por la Alemania nazi y la Italia fascista durante la Guerra Civil Española, fue expuesto en el pabellón español de la Exposición Internacional de 1937, celebrada en París, como un grito de auxilio de la República que fue ignorado por los mal llamados Estados democráticos.

En la parte superior del monolito aparece la paloma, símbolo de la paz rota en la obra de Picasso. En la zona central figura una talla del quinqué extendido por la mujer que representa la República y que observa horrorizada el bombardeo de la localidad vizcaína. Junto a esta talla central aparece la hermosa frase “NO OS OLVIDAMOS”, tanto en castellano como en euskera (“EZ ZAITUZTEGU AHAZTUKO”). Finalmente, en la parte inferior del monolito aparecen el año del golpe de Estado fascista y el de inauguración del memorial junto con el personaje que, situado completamente a la derecha en el cuadro del Guernica, clama al cielo suplicando el fin del horror del bombardeo. Además, sobre el monolito hay talladas tantas estrellas como víctimas pudieron ser identificadas.

Tras aquella ocasión, he podido acercarme con mi bicicleta en varias oportunidades al memorial y comprobar, con gran alegría, que este ha sido restaurado. La última vez que he acudido a visitarlo ha sido, sin ir más lejos, este día en que me encuentro escribiendo estas líneas. Tras situarme frente al monolito central con mi bicicleta, observo cómo una pareja de mediana edad se acerca junto con una mujer mayor. Hablan del resultado de la restauración, de que apenas se percibe la marca de la bandera rojigualda. No puedo evitar entablar una conversación con ellos y es entonces cuando descubro que pertenecen al colectivo de Fosas del Perdón, siendo unos de los promotores de la instalación del memorial. Tratamos múltiples temas, como la cuestión de las fosas descubiertas a lo largo y ancho de la sierra y los desaparecidos que aún quedan enterrados en puntos desconocidos, o sus continuos y agotadores viajes a los centros penitenciarios de El Puerto de Santa María y Morón de la Frontera para visitar a compañeros y amigos allí presos (de hecho, no albergan muchas esperanzas en un cambio de la política penitenciaria que posibilite el acercamiento de los presos de ETA a Euskal Herria dado el ministro del Interior del nuevo Ejecutivo de Pedro Sánchez, Grande-Marlaska).

Me aseguran que el colectivo Fosas del Perdón ha recibido el apoyo económico de las instituciones públicas tanto para la instalación del memorial como para su restauración, algo a lo que, según me comentan, están obligadas por ley. En definitiva, estas breves líneas desean poner en valor tanto la existencia de este colectivo y su lucha por la reparación de la memoria histórica (tan necesaria para poder iniciar la construcción de una alternativa) como el comportamiento de las instituciones públicas navarras a este respecto.

Antes de despedirnos, la mujer de mediana edad me confirma que el memorial no ha vuelto a recibir ningún ataque tras el descrito aquí, ocurrido durante el mes de febrero, a pesar de las constatables amenazas posteriores. En cualquier caso, con una contagiosa alegría y emoción, ella me dice que allí estarán para defender y conservar el memorial cuantas veces sea necesario.

Frente al fascismo, ¡ni un paso atrás!

Iván López Espejo