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El sistema bajo el que vivimos es un sistema dual: patriarcal y capitalista. Las influencias sociales que suponen estos sistemas a la población son infinitas, y más claras cuando se analizan adecuadamente. Las mujeres trabajadoras vivimos bajo el doble yugo que este sistema perpetúa y nuestra experiencia viene marcada por sus efectos.

Los último caso viralizados en el mundo de las redes sociales es una de las muchas evidencias de cómo ambos sistemas consiguen ejercer su influencia en la sociedad a todos los planos. Cómo las mujeres por nuestro género, incluso dentro del mundo laboral, somos víctimas directas de ésta. Desde claras y más comúnmente conocidas evidencias como son la brecha salarial de género, hasta el plano más íntimo y encubierto que es el acoso sexual.

Éste último se refleja perfectamente en los hechos ocurridos recientemente, en los que, una cantidad muy considerable de mujeres que trabajan en el mundo del modelaje han comenzado a dar luz a los casos de acoso sexual que se dan lugar tras las cámaras, en el cual los fotógrafos que en teoría eran sus compañeros laborales, excedían todas las barreras aprovechándose de su situación para acosar sexualmente a las modelos. 

Muchas personas que han tenido acceso a estas declaraciones alegaban la aleatoriedad de estos sucesos, o quitándole veracidad ya sea debido a que ellas mismas en particular no habían sufrido esa experiencia, o porque conocían a nivel más personal a los acosadores.

Los casos denunciados, dejan de ser una cuestión aleatoria y aislada, ya no sólo cuando son muchas las modelos denunciantes, sino porque como bien reflejábamos antes el sistema lo perpetúa.

No es una cuestión reducida al mundo del modelaje, no es una cuestión de un círculo particular en la experiencia laboral de las mujeres. Es un efecto directo de cómo el patriarcado y el capitalismo influyen en la vida diaria de las mujeres. El Patriarcado que ha convertido a las mujeres en objetos sexuales para el placer del hombre, esta idea que se transmite socialmente todos los días con la hipersexualización de la mujer, y los cánones de belleza, no se queda simplemente en eso, en una idea, sino que se materializa en el acoso callejero, en el acoso en los lugares de ocio y evidentemente en el plano laboral. 

Esa creencia, esa evidencia, es la que hace que en este caso cuando una modelo está trabajando junto con un fotógrafo, éste último se crea en posición de acosar sexualmente a la que debería ser su compañera. No es una cuestión individual de que particularmente el fotógrafo X ha agredido expresamente a la modelo Y. Es una cuestión de ¿Por qué en un plano que no conlleva de ninguna manera el ámbito sexual, un hombre ya sea fotógrafo, o de cualquier otra profesión se cree con la potestad de por su decisión acosar sexualmente a una mujer, en este caso la modelo?

Es por tanto , que cuando se dan alegatos para quitar veracidad a los testimonios, como el de “a mí no me ha pasado”, dónde se cae en el individualismo y la falta de visión colectiva.

Es por eso, que son necesarios los testimonios como los que en este caso han dado las modelos, porque sacan a la luz un problema encubierto desde hace tiempo, y da luz a lo que ocurre diariamente en todos los aspectos sociales de nuestra existencia como mujeres. 

Es por eso, que así las mujeres verán que no es algo arraigado a su persona individual si no una cuestión colectiva, y que hay que combatirlo. No limitándonos a denunciar a los agresores, sino en la organización en contra del sistema en su conjunto, contra el patriarcado y contra el capital, para así lograr la verdadera emancipación.

Ninguna agresión sin respuesta.

Tulia