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El capitalismo no solo ha se ha legitimado, y se legitima, a través de las formulas políticas liberares basadas en la democracia parlamentaria, la separación de poderes, el estado de derecho, etc, sino que también tiene a bien, según sean las necesidades del momento, hacerlo mediante el fascismo en cualquiera de sus formas. Aquí lo vivimos, el régimen del 78 fue el nuevo traje de la oligarquía que colgaba en el fondo del armario el viejo uniforma militar, y se vestía, primero de pana y sport, y luego, ya como cualquier otro “demócrata”, de traje y corbata tal y como mandan los cánones de cualquier oficina seria. Han sido 40 años de disimulo, de alimentar con esmero el relato de la España moderna y europea que ya ha dejado atrás todos sus conflictos y mira al mundo sin complejos. Sin embargo, este relato no solo es eso y nada más que eso, un relato enmascarador, esa España moderna, europea y sin complejos no es más que la oligarquía en su salto de capitalismo  industrial a financiero, incorporándose al capitalismo monopolista de la UE.

Sin embargo, desde que fuera coronado el nuevo jefe de estado, compramos como hay una, cada vez más acusada, deriva autoritaria que no es casual ni arbitraria, sino que obedece a las necesidades de la oligarquía que desde que estallara la crisis financiara del 2008 no sólo se repone mediante privatizaciones, concentración de capital y salarios bajos, también políticamente con nuevos partidos, más represión y nuevas políticas, lo cual obliga a reforzar el relato enmascarador y llevarlo más lejos todavía, a las aulas. Lo último es un proyecto para primaria que convierte en materia de estudio lo que no es más que puro adoctrinamiento ideológico al estilo de aquella asignatura obligatoria durante el franquismo llamada “formación del espíritu nacional” y que hoy quieren volver a impartir bajo el nombre de Conocimiento de la seguridad y la defensa.

Una materia donde se enseñe, cual realidad natural y evidente, a valorar, es decir, a reconocer el valor de los símbolos nacionales, de nuestras fuerzas armadas y de la OTAN, su papel pacificador en el mundo y garante de la libertad y la democracia, y señalar los enemigos que acosan a nuestra pacifica y moderna democracia sin complejos. Sin complejos para hacer negocios millonarios vendiendo armas a los mismo sujetos internacionales que fomentan el terrorismo del que luego se valen para imponer un mayor autoritarismo, sin complejos para ser un soporte clave en las agresiones imperialistas de la OTAN en África, en Oriente próximo o en el Báltico. Sin complejos para incumplir las propias leyes que cínicamente aprueban y no cumplen, como la ley de memoria histórica, sin complejos para perseguir cualquiera que afirme en público que existen presos políticos, que no hay democracia o sencillamente que haga algún chiste, sin complejos para mirar hacia otro lado cuando se trata de grupos fascistas. Sin complejos para rescatar a la banca, sin complejos para favorecer a las compañías eléctricas, sin complejos para ser uno de los países de la UE que mayor desigualdad acusa. Sin complejos a fin de cuentas, porque a fin de cuentas de eso mismo se trata, de cómo la oligarquía, ya sea de uniforme, de pana, de traje, con barba o con coleta, ha sido, es y será capaz de recurrir a cualquier método para asegurar su brutal dominio.

Adoctrinamiento en estado puro

Durante meses se nos ha bombardeado continuamente sobre el “adoctrinamiento” en los centros educativos de Cataluña (y de los medios de comunicación como TVE3 u otros). El proyecto “Conocimiento de la Seguridad y la Defensa en los centros educativos”, ejemplo de la absoluta hipocresía del Estado y la ideología capitalista. Quienes acusan a otros de manipulación y adoctrinamiento (ahora a la escuela catalana, antes fueron las ikastolas, por supuesto nunca hablan de adoctrinamiento religioso ni en la Educación Pública ni en los centros privados concertados) elaboran o aplauden un documento que para adoctrinar a niños y niñas en la glorificación del militarismo y la justificación del Imperialismo:

Así, podemos encontrar actividades tales como hacer carteles para animar a otras personas a acudir a dicho desfile; ver un vídeo titulado “Gracias, militares”; un juego que consiste en desencriptar mensajes tales como “Militares, gracias por vuestra labor”, “Defienden nuestros derechos y deberes”, “Su vida está completa de valores”; hacer toques de diana con corneta; diseñar un operativo para proteger a población que celebra la copa del Mundo frente a un posible ataque terrorista; cantar o tocar los himnos de la Armada y de las Fuerzas Aéreas (compuestos por José María Pemán, ese gran demócrata) o de la Policía Nacional; modelar con plastilina vehículos militares; jugar al tres en raya con fichas que representan a los tres ejércitos; hacer pines y murales con la bandera rojigualda; ver vídeos con el izado de la bandera; hacer una biografía y un árbol genealógico del rey; o jugar a un parchís en el que cada color representa a la Guardia Civil, la Policía Nacional, las Fuerzas Armadas y las Policías Autonómicas.

Especialmente insultante es la manipulación en lo que concierne al papel imperialista que juegan las Fuerzas Armadas españolas como parte de estructuras como la OTAN o la UE, o el que jugaron en la historia.

Por ejemplo, en la página 24 la actividad 9 consiste en cantar y seguir el ritmo con tapones del pasodoble “La banderita”, compuesto durante la guerra de Marruecos. Por supuesto, no hay ninguna explicación de por qué había tropas españolas en ese país, qué objetivos imperialistas se perseguían, los beneficios que obtuvieron muchos empresarios y políticos, los miles de soldados españoles que murieron en desastres como Annual, o la insurrección de la Semana Trágica de Barcelona contra el reclutamiento de reservistas y la posterior represión. Al contrario, lo importante es que los niños y niñas aprendan que como el vino de Jerez y el vinillo de Rioja son los colores de la bandera española.

Como era de esperar, hay una permanente glorificación y exaltación de la OTAN, organización a la que se califica como “mundialmente reconocida” (página 86, comparándola con la ONU). Se incluye una entrevista de varias páginas con su secretario general o se miente diciendo que todas las misiones en las que participan tropas españolas están amparadas por los principios y acuerdos de la ONU.