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Durante la Guerra Fría unos científicos trataron de concienciar al mundo de los desastres de una guerra nuclear creando el Reloj del Fin del Mundo; el día que especularon que estuvimos más  cerca del fin del mundo según ellos fue durante la crisis de los misiles de los 60, aquel día estuvimos a “dos minutos para la medianoche”.

Hoy el viejo equilibrio de poderes empieza a terminar de morirse permítanme la paradoja. La llamada comunidad internacional construida tras la Segunda Guerra Mundial hace tiempo que languidece pero esta nueva etapa de unilateralismo es de facto la puntilla.

Seamos claros, EEUU gasta 20 veces más en armas que cualquier otro país del mundo y es hegemónico en la mayor parte de los mecanismos económicos internacionales, por tanto manda más  que nadie. Siempre ha sido así, pero hasta ahora aún  trataban de buscar una cierta pátina  de legitimidad buscando el consentimiento de una comatosa Organización de las Naciones Unidas. A ver, no es que la ONU les pudiera parar los pies (no al menos desde que no están los soviéticos), cuando no ha podido ser, pues seguían adelante por su cuenta y en paz (ley Helms-Burton, guerra de Irak...), la diferencia residía en que, antes, esas intervenciones se trataban de vender como excepciones y hoy, ya no.

Hoy en Estados Unidos el unilateralismo es abierto y militante, es una seña de identidad de la nueva administración Trump, pero en el fondo con otro presidente hubieran cambiado las formas pero no el fondo, es una necesidad derivada del contexto. El mundo multipolar ha llevado a una situación internacional más tensionada donde nadie es lo bastante fuerte como para disputar la hegemonía ni tan débil como para aceptar amablemente ser palmeros a las ordenes de otros.

El penúltimo episodio de esta peligrosa disputa la hemos visto recientemente con la ruptura unilateral de EEUU del acuerdo nuclear con Irán.

Ese acuerdo consistía a grandes rasgos en que, tras infinitos esfuerzos diplomáticos, EEUU y la UE entre otros, aceptan levantar las sanciones que en su día habían impuesto a Irán a cambio de poder supervisar que la tecnología nuclear que este país desarrollase fuera poca y solo para fines civiles. Los iraníes cumplen su parte, al menos no hay ningún informe creíble que diga lo contrario (porque el power point de Netanyahu no se puede considerar tal) y como recompensa EEUU decide no sólo romper el acuerdo sino endurecer las sanciones y, además. hacerlas extensivos a terceros, es decir que cualquiera que negocie con Irán tendrá vetado el negocio con EEUU.

Quede por delante que no siento ninguna simpatía por la teocracia de los ayatolas iraníes, no obstante, nadie puede negar que Irán es un país independiente y soberano y que por tanto imponer sanciones comerciales a los sectores estratégicos de su economía porque no nos cae bien, es como mínimo ilegitimo. Más  si tenemos en cuenta la diferencia de trato que recibe el otro vecino problemático que tiene la Península Arábiga que es Arabia Saudí (en serio, no hay nada de lo que se le pueda reprochar a Irán que no se le pueda reprochar a Arabia Saudí, aunque para estos últimos sólo  hay elogios en la prensa porque su nuevo rey absoluto es un poco menos fanático que los anteriores).

Se supone que esto se hace como forma de obstaculizar la capacidad de influencia que Irán está desplegando en Oriente Medio y si bien el restablecimiento de sanciones económicas unilaterales van a mermar la economía iraní, y eso puede limitar los recursos que este país destine a aumentar su influencia, eso no inhibirá el polo de referencia que supone Irán para los chiíes de la zona (y al fin y al cabo, Irán está acostumbrado a operar bajo sanciones) y sienta sin embargo un precedente muy peligroso.

El imperio miente, y de su palabra o de la comunidad internacional no se puede fiar uno jamas, así que el mensaje esta acción transmite al mundo es, países reármense, y busquen a toda costa tener armas nucleares, quien no las consiga ya sabe que está sujeto a convertirse en un saldo de rapiña para las potencias imperialistas. Al fin y al cabo quién tiene la bomba tiene un seguro de vida, tiene garantizado que será tenido en cuenta y quien tiene la palabra del imperialismo no tiene nada.

Decisiones como esta acercan al mundo a una nueva carrera armamentística nuclear, como nunca se había vivido ya que los arsenales, en lugar de estar en manos de dos superpotencias bien estructuradas y con estados sólidos, se encontrarán en manos de actores sumamente heterogéneos y en un contexto de muchísima fricción. Así que desde la ruptura del acuerdo se constata que seguramente deben quedar menos de dos minutos para media noche...

Gabriel Guvica