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Editorial Junio 2018

Lenin caracterizaba al imperialismo como capitalismo parasitario y en descomposición. Esta es una explicación fundamental para acceder a una comprensión científica de qué es lo que pasa en nuestro mundo actual, alejarnos de interpretaciones idealistas y voluntaristas, y para armarnos en las mejores condiciones para dar el combate decisivo para la destrucción del capitalismo. 

La formación capitalista entró en su fase imperialista en el tránsito del siglo XIX al siglo XX. Hoy, que ya llevamos casi dos décadas recorridas dentro del siglo XXI, esa afirmación del gran revolucionario soviético adquiere una dimensión que se ha agigantado de una forma espectacular. Hasta el extremo de que hoy el capitalismo es una caricatura esperpéntica de la forma histórica concreta que tenía cuando Lenin realizó su análisis en “El imperialismo, fase superior del capitalismo” (1916).

El carácter parasitario del capitalismo actual ha derivado a su forma más antisocial: el pillaje. El pillaje hace de la guerra imperialista un elemento intrínseco a la acumulación de capital en las condiciones actuales. Invadir países, destruir y asesinar, es un factor imprescindible para que funcione la política económica capitalista de hoy. La llamada “lucha contra el terrorismo” es, también, un elemento funcional a la acumulación capitalista.

La descomposición del capitalismo significa que la explotación de la fuerza de trabajo adquiere expresiones más brutales para forzar la extracción de la plusvalía. El capital necesita reducir el valor de la fuerza de trabajo y, para ello, intensifica todos los mecanismos represivos en la relación capital-trabajo. Las contrarreformas laborales de PSOE y PP son expresión directa de esa lógica. El empleo precario y los salarios de miseria son las consecuencias asociadas a esas modificaciones leguleyas de la relación capital-trabajo. Como dijera Marx,con el desarrollo del capitalismo crece el empobrecimiento de la clase obrera. Algo que los reformistas nunca fueron capaces de comprender, y que ha tenido consecuencias tan funestas en el debilitamiento de la clase obrera en la lucha de clases actual.

Todas las relaciones sociales están determinadas por estos principios, nada escapa a su lógica. Son leyes inexorables de la formación capitalista, que todo lo determinan, al margen de mejor o peor voluntad de cada polo capitalista. Son ilusiones ingenuas infantiles, esas de un capitalismo “mejor”.

El sionismo asesina al pueblo palestino por necesidades concretas, cuyo fin es mejorar su posición en la acumulación capitalista. Su papel de gendarme en el Oriente Medio -para impedir el desarrollo de los países árabes, que son hundidos en un baño de sangre cada vez que avanzan en su proceso social (Irak, Libia, Siria, …)-, fue una premeditada decisión, tomada por las principales potencias imperialistas en 1948. 

La guerra económica y política contra todo proceso soberano -que hoy se simboliza de forma particular en Venezuela-, no conoce límite de ningún tipo. Veinticuatro procesos electorales, en los que una y otra vez se legitíma el chavismo, son ignorados y denigrados por una feroz campaña mediática del capitalismo internacional. El bloqueo a Cuba no cesa, y la confrontación con la República Popular Democrática de Corea es una constante del imperialismo. Éstas son, también, expresiones de las necesidades económicas concretas de los capitalistas. 

El comercio de armas alimenta todos los conflictos, y las multinacionales del armamento facilitan todo tipo de suministros a los ejércitos agresores: Arabia Saudí, Afganistán, Marruecos, etc.

ESPAÑA 

En España la actuación del gobierno del PP, y sus comparsas, con ayuda especial de la monarquía, sigue las mismas pautas. Participación en la guerra imperialista, negocio armamentista con cualquier país incurso en guerras de agresión, y, también, entrega de la soberanía nacional al libre uso de los ejércitos imperialistas, con clara renuncia a la soberanía propia.

El incremento feroz de la explotación de la clase obrera española, la precariedad y la pobreza, la represión sindical y el terrorismo de la patronal en los centros de trabajo, son expresiones claras y directas de lo que es y necesita el imperialismo. Que tiene, además, expresión concreta y particular en las condiciones como se explota a la juventud obrera y a la mujer trabajadora.

Libertades y derechos caen arrasados por las necesidades antisociales de la dictadura del capital. Democracia burguesa, mientras funcionan la alienación y la dominación absoluta de la burguesía, y represión de todo derecho en cuanto la clase dominante empieza a perder el sueño porque se levanta la lucha de clases.

Nada es ajeno al desarrollo histórico del sistema capitalista. Todo es consecuencia directa de sus leyes internas, de su propia infernal lógica interna.

La clase obrera, los sectores populares, los pueblos y naciones del Estado, tienen que tomar posición asumiendo de forma consecuente una realidad que es dura y no nos gusta, pero que ignorarla o tratar de dulcificarla, sencillamente, nos lleva a la frustración y a perpetuar la derrota.

Las condiciones objetivas para avanzar en la lucha revolucionaria por la construcción de la sociedad socialista están dadas. No hay otra salida. Es un emplazamiento objetivo y concreto. Prolongar la situación de dominación de las fuerzas capitalistas nos lleva a incrementar, no solo el sufrimiento de la mayoría social, sino a incrementar muy peligrosamente los riesgos de una dictadura del capital hiperdesarrollada capaz de cualquier tipo de violencia demencial, o a un agravamiento todavía mayor de los desequilibrios de las relaciones sociales (modo de producción) con la naturaleza, poniendo en riesgo, como dijera Fidel, la misma supervivencia de la especie humana.

La responsabilidad de que las cosas cambien de rumbo es nuestra, de las fuerzas revolucionarias, que somos conscientes de esta dinámica suicida, y que sabemos los caminos que tenemos que recorrer para derrotarla y destruirla.

En nuestro país se está dando una cierta recuperación de la movilización social, en una diversidad de frentes y sectores. Los efectos letales del engaño reformista se están disipando, una vez más la realidad se muestra tozuda, y los sectores con más conciencia e inquietud protagonizan nuevos intentos por recorrer los caminos de la lucha social y política. 

La maquinaria propagandística de la clase dominante se abalanza sobre este incipiente y titubeante proceso, para tratar de amortiguarlo y desviarlo de los objetivos de riesgo para la burguesía. Los intereses electoralistas de los Partidos burgueses también buscan incidir en ello.

La presencia e intervención de la militancia revolucionaria entre las masas es determinante, para decidir el camino que pueda seguir hoy la lucha de las mujeres, del colectivo de pensionistas, de los colectivos obreros, de la lucha antiimperialista y contra la guerra, etc. Es urgente desarrollar, de la forma más concreta, nuestra política de alianzas para lanzar al bloque social popular en masa contra el enemigo de clase.