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En Venezuela hay elecciones continuadas desde que las ganara por primera vez el Comandante Hugo Chávez en 1998. Contando desde ese año y hasta hoy ha habido 5 elecciones presidenciales, 7 parlamentarias, 10 regionales (gorbernadores) y 7 municipales, además se han realizado 6 referéndum y 3 constituyentes, más de un proceso electoral por año. Seguramente ningún pueblo, ningún país ha tenido tantas posibilidades para decidir lo que le afecta.

Debido al carácter revolucionario y antiimperialista del proceso bolivariano estos procesos electorales han sido objeto de una atención inusitada por parte de los medios las corporaciones y los estados que veían peligrar sus intereses, consecuentemente los gobiernos bolivarianos han hecho un esfuerzo por demostrar la imparcialidad y la transparencia electoral y han invitado a cualificados observadores internacionales para acompañar estos procesos. Entre otros hay que destacar la fundación Jimy Carter, especializada en auditorias electorales y nada sospechosa de inclinaciones chavistas.

La oposición venezolana y la coalición imperialista liderada por EEUU una y otra vez han descalificado los procesos electorales en Venezuela sin que en ningún caso hayan presentado ninguna evidencia sustantiva. La estrategia de EEUU y sus aliados es la descalificación sistemática de los procesos electorales venezolanos, de su gobierno y de las instituciones. Esta estrategia se integra a su vez en la guerra económica, los sabotajes, la violencia de la oposición, la amenaza eterna y las campañas políticas e institucionales para crear las peores condiciones de vida de la población.

Las consultas electorales hechas por el gobierno venezolano a su pueblo han hecho que la organización social asuma el reto de construir una patria independiente, sin desigualdad social donde a nadie le falte la vivienda, la sanidad, la enseñanza y el alimento básico. El pueblo venezolano se enfrenta al presente y lucha por un futuro antiimperialista y de justicia social.

Las elecciones en Venezuela tienen, por tanto, la peculiaridad de dar poder al pueblo, que la gente forme parte del proceso y por tanto advierta que con sus decisiones conducen al país, que ellas y ellos hacen que Venezuela sea libre.

Ese pueblo consciente y libre se ha convertido en el protagonista, hace Venezuela y por eso mismo también se ha convertido en el objetivo a derrotar por el imperio estadounidense y sus aliados, europeos y sudamericanos, países colonialistas y colonizados. ¿Qué hacen las burguesías que quieren volver a su antiguo estado?: Intentan asfixiar Venezuela para crear un malestar social que permita desestabilizar el país y derrocar el gobierno, para ello no dudan en recurrir al estrangulamiento del comercio internacional, a impedir o dificultar la financiación, la obtención de medicamentos, contribuyen al alza de los intereses del pago de la deuda a cifras impagables, presionan políticamente a otros gobiernos para que rompan sus relaciones o se sumen al descredito del gobierno. Todo en aras de publicitar a Venezuela como un país fallido que reclama una intervención externa. En definitiva los intereses del imperio reclaman derrocar al gobierno para sustituirlo por otro afín, todo ello con independencia de lo que decida la voluntad popular, ahí radica la descalificación sistemática de todas las elecciones que prevén serán adversas.

Entre abril y julio de 2017, el frente interno de la guerra imperialista llevó a cabo una intensa campaña para derribar al gobierno venezolano. Esta campaña dirigida y financiada desde el exterior, que causo más de 120 muertos e innumerables daños materiales, se complementaba con el recrudecimiento de la guerra económica y la propaganda. El frente político en América latina, la Unión europea y especialmente España, los diferentes intentos para conseguir una condena de la OEA y los intentos de organización de una supuesta coalición internacional de fuerzas dispuestas a intervenir directamente contra Venezuela, el conocido como Grupo de Lima. Sin embargo, la acción combinada esencialmente de EEUU y España no consiguió una condena de la OEA que hubiera facilitado la intervención directa de EEUU ni la constitución de un grupo regional consistente que permitiera dar credibilidad a una coalición multinacional contra Venezuela, poniendo en evidencia el progresivo deterioro de la hegemonía norteamericana.

A finales de julio del año pasado la convocatoria electoral a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) supuso un cambio de fase de la guerra en Venezuela, a pesar de la violencia desatada contra esta convocatoria que produjo la muerte de un candidato chavista, la de un agente de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), la de 6 personas más y la de un atentado con bomba contra la GNB y de la presión externa por descalificar la convocatoria y llamar al boicot las elecciones a ANC fueron un éxito en la que participaron 8,8 millones de votantes. Posteriormente el 15 de octubre se realizaron las elecciones regionales (gobernadores) con una participación del 61,14 % del censo electoral y en diciembre se realizaron elecciones municipales con 9,3 millones de votantes. Hay que señalar que a pesar de la convocatoria al boicot, de la propaganda internacional y de la violencia los rangos de participación se asemejan a los de países como México o Chile.

En esta ocasión las elecciones presidenciales del 20 de mayo de 2018 se celebran tras las derrotas de los procesos electorales de 2017, pero además tras la convocatoria a la ANC la oposición ha colapsado y no tiene ninguna posibilidad de respaldo popular a sus políticas. No le queda por tanto más que descalificar este proceso uniéndose la propaganda de guerra del imperio. Llamando a la abstención de este modo no ponen en evidencia su debilidad y reclamaran como votos propios las abstenciones.

Derrotado el frente interno y con la mayoría del pueblo venezolano eligiendo la vía pacífica y respaldando los procesos electorales convocados por el gobierno al imperio no le queda otro camino que deslegitimar al gobierno y las instituciones e intensificar la ingerencia externa sin descartar la intervención militar. No puede permitirse que el gobierno y las instituciones se consoliden y creen un cauce para hacer frente a las crisis inducidas por la guerra. Esta estrategia se encuentra desarrollada en el documento “fredoon2” y en su actualización “Golpe Maestro” y cuenta con la colaboración de Colombia como agente regional y España como agente internacional.

A pesar de toda la campaña mediática de descredito el proceso electoral cuenta con 200 acompañantes internacionales acreditados de diferentes organismos y países y todos los países del mundo han sido invitados a acudir a observar dicho proceso sin ningún tipo de restricción. Sin embargo, dentro de ese ataque mediático se insiste en acuñar el término “comunidad internacional” para referirse al pequeño grupo de países que dirige todo este ataque. Arbitrariedad y cinismo son pilares de la acción y la propaganda del imperio occidental. Es necesario recordar que las falsas informaciones del trío de Las Azores sobre las armas de destrucción masiva en Iraq supuso la muerte de más de 2,7 millones de personas con unos 5 millones de desplazados, y la devastación física y cultural de la región con un incalculable sufrimiento para la población. No podemos permitir que esta lógica continúe, debemos enfrentarnos al imperio desde el internacionalismo defendiendo la revolución bolivariana por la verdad, la justicia y la paz, respaldando a sus instituciones y al gobierno que salga legítimamente elegido en esta convocatoria.

Frente Antiimperialista Internacionalista.

¡No pasarán!


Publicado el 19 de mayo en frenteantiimperialista.org