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Micaela Bastidas Puyucahua fue una valiente luchadora peruana de la independencia hispanoamericana, que marcó con su determinación y coraje, y que defendió sus ideales de libertad y justicia hasta su muerte.

De sangre mestiza, Micaela Bastidas era hija de una indígena y de un español descendiente de africanos. No tuvo en la infancia más que una educación elemental, ya que era lo habitual para las mujeres en ese momento. El hecho de no haber podido acceder a una educación académica nunca fue una limitación para ella, demostró con creces sus capacidades mentales y revolucionarias alcanzando niveles remarcables en los sucesos que la tuvieron como protagonista en la rebelión independentista.

Se casó con Tupac Amaru II, con quien se concientizó rápidamente de la complejidad de la situación de su pueblo: abusos que padecían la población indígena, la esclavitud negra, la opresión india y los altos impuestos que debían pagar. Su ideología descolonizadora comenzó a desarrollarse, y su pasión por la defensa de la población esclava, indígena, criolla y mestiza la lanzó a unirse a la causa revolucionaria.

Ocupó una posición directiva aprovisionando de recursos, armas y vestimenta a las tropas. Su papel fue determinante hasta el punto de que el batallón de mujeres luchadoras andinas, aymaras y quechuas la apoyaron en el levantamiento, ya que no sólo estaba en juego la independencia sino que también lo estaba el rol de la mujer indígena y su participación social y política (tradición que el sistema colonial intentó abolir convirtiéndolas en víctimas de todo tipo de abusos). Fueron mujeres involucradas como espías, recolectoras de armas y protectoras de campesinos durante la insurrección.

Bastidas por su parte también remitía los salvoconductos para facilitar el movimiento de quienes viajaban por amplios territorios y estuvo a cargo de la retaguardia indígena, demostrando diligencia y capacidad, implementando medidas de seguridad y luchando contra el espionaje. Intervino activamente en la captura y condena del corregidor de la provincia de Tinta, el general Antonio de Arriaga. Una semana después tuvo papel determinante y dirigente en la exitosa batalla de Sangarará y sostuvo la opinión de que las acciones debían proseguir rápidamente, para evitar que las tropas españolas se rehicieran.

Insistió a Tupac Amaru II para que lanzaran la ofensiva a Cuzco y provocar así la rendición de las tropas españolas, pero éste tardo demasiado en seguir sus consejos y sus enemigos se recuperaron extinguiendo así la rebelión y capturando a Micaela, Tupac y sus tres hijos.

En todas sus intervenciones y acciones por el movimiento revolucionario Micaela mostró decisión, audacia, capacidad política y lealtad. Cuando la estaban preparando para la muerte dijo: "Por la libertad de mi pueblo he renunciado a todo. No veré florecer a mis hijos”.

La convicción de los ideales revolucionarios de justicia y libertad de Bastidas defendidos hasta la muerte, unida a su familia y luchando junto a su gente, convirtió su historia en leyenda e inspiración para la gesta independentista de América Latina y para las nuevas generaciones de mujeres que luchamos por defender nuestro derechos.