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Para abaratar despidos de trabajadoras/es con mayor antigüedad, derechos adquiridos, contratos algo más decentes y jornadas a tiempo completo, las empresas, como si simples números “problemáticos” fuéramos, sigue utilizando los despidos colectivos de cientos de familias como mejor forma de “sanear” sus enriquecedoras empresas. Una técnica – la de los despidos colectivos o ERE`s-, cada vez más perfeccionada, y difícil de combatir legalmente debido a las Reformas Laborales, y adendas a la ley, que ponen todo tipo de facilidades a disposición de las empresas para que esas sangrías de puestos de trabajo tengan todas las garantías y no tengan que enfrentar una molesta nulidad que obligue a reponer el desaguisado (eso sin tener en cuenta que, aun siendo nulo, un despido colectivo, los largos tiempos, legales, los trámites con las Seguridad Social y los complejos pagos muchas veces incompletos que deben realizar las empresas, etc., hace que amedrente y disuada a la gente de recuperar sus puestos de trabajo).

Por ello,laúnica solución es una fuerte lucha obrera y una sólida coherencia sindical que permitan obligar a la empresa a respetar los puestos de trabajo y enterrar sus intenciones de crecimiento a costa del despido barato, para poder sustituir unos puestos de trabajo por otros con condiciones más precarias y lamentables. Cuando la lucha de las trabajadoras y trabajadores y la lucha sindical no son un único bloque, sin fisuras,las empresas lo tienen ya todo hecho.

Esto es lo que ha pasado en la Empresa de Contact Center Lindorff donde, en el mes de abril, presentaron un despido colectivo de casi 500 personas, por unos motivos económicos que nunca demostraron ni documentaron, y por ello tan solo pudieron tirar de amenazas, argumentos catastróficos improbables y lágrimas de cocodrilo, que en un principio ni la Representación Legal de los Trabajadoresni la propia plantilla se creían, aunque los mismos mandos intermedios en las oficinas repetían esos mismos argumentos para atemorizar e interiorizar en la plantilla, repitiendo lo “necesario que era deshacerse de gente, por el bien de la amada empresa”. Esa presión tuvo sus lamentables frutos, con la claudicación final de CCOO, UGT y Aktua, quienes terminaron firmando los despidos de centenares de trabajadores/as por 36 días por año (con un máximo de 24 mensualidades), y la posibilidad de que la empresa elija a dedo el 50% de las personas que vayan a la calle (que corresponden con la gente más luchadora o que no se hayan creído las mentiras de esta farsa), y otro 50% de voluntarias/os que quiere aprovechar para “huir” de una empresa explotadora y miserable, que jamás ha tenido en consideración quien es realmente quien ha generado su riqueza.

Ahora le queda un duro y difícil trabajo legal a las organizaciones sindicales que no firmaron esta agresión a la clase trabajadora, y que van a seguir luchando por los puestos de trabajo perdidos.

El PCPE anima a continuar con esa lucha, y se solidariza con los trabajadores y trabajadoras afectadas por esta nueva agresión del capitalismo español, porque la única lucha que se pierde es la que se abandona. Y para que esto, también, nos sirva de aprendizaje para nunca más claudicar, nunca más rendirse, y que la clase obrera luche unida hasta el final, nos vendan lo que nos vendan y sea cual sea la amenaza.

Manu