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Editorial Mayo 2018

El intenso desarrollo de la lucha de clases en España deja al descubierto, con una claridad poco frecuente, el régimen de dictadura del capital que somete hoy la clase obrera, y, en su conjunto, a la mayoría social.

MÁS DICTADURA DEL CAPITAL

Las formalidades democráticas, que tan útiles han sido para el ejercicio del poder por parte de la burguesía en estos últimos cuarenta años desde la Constitución del 78, se van desmoronando a ojos vista ante las masas obreras y populares. La clase dominante se encuentra con enormes dificultades para mantener su dominación absoluta, y se ve obligada a recurrir a un recorte general de los derechos y las libertades, así como a tratar de normalizar las prácticas más fascistas como si nada ocurriera con ello.

La imagen del Senado rechazando la investigación y la ilegalización de la Fundación Francisco Franco es de una elocuencia aplastante. Para algunas personas, que no llegan a entender la naturaleza fascista de esta conducta del Partido Popular, hay que decirles que ese hecho es cómo si en Alemania existiera una Fundación Adolf Hitler, que recibe subvenciones del gobierno y hace una continua exaltación del nazi-fascismo. Eso, que resulta escandaloso visto desde nuestra distancia, es de lo más natural para los jerarcas del PP, que son continuadores de los crímenes de los cuarenta años de dictadura anterior, y que, por tanto, asumen que igualmente procederían ellos, de forma sanguinaria y golpista, si las condiciones les llevaran a ese momento. Así, se alinean con el prior del Valle de los Caídos para impedir la exhumación de las víctimas del franquismo. Un dictador que tiene su mausoleo envuelto por los restos de decenas de miles de personas que asesinó.

UN SISTEMA JUDICIAL A LA MEDIDA DEL PODER

En ese contexto es posible comprender cómo se está desarrollando el juicio contra los jóvenes de Altsasua. Un montaje policial-judicial que tiene por finalidad usar esta pelea de bar como un escarmiento para que nadie se atreva a levantarle la voz a la Guardia Civil. El desarrollo del juicio deja claramente de manifiesto esta manipulación absoluta, por parte de la Guardia Civil y de la justicia, de los reales hechos ocurridos.

Y ello contrasta con la recién publicada sentencia de la violación colectiva contra una joven en los Sanfermines del año 2016. Un tobillo roto es una acción terrorista, por la que se piden casi cuatrocientos años de condena, y una brutal violación colectiva realizada por una jauría es limitada a abusos sexuales. Por cierto con la participación de un mercenario y un guardia civil.

La alianza de capitalismo y patriarcado se sustenta, también, con la total impunidad de los cuerpos represivos del Estado. Un aparato judicial, formado en su gran mayoría por personas que hicieron buena parte de su carrera profesional en el régimen anterior, que nunca fue depurado, y que se perpetuó con la Constitución del 78, tiene en su ADN todas las lacras de la sociedad burguesa. ¿Cuántos jueces que realizaron juicios aplicando la legalidad franquista siguen en el ejercicio de sus funciones? ¿Cuántos se formaron en la continuidad de tales conductas, cómplices con las formalidades de la dictadura anterior?

El enjuiciamiento por opiniones políticas se generaliza, con ensañamiento, hacia toda persona o colectivo que no se someta a la dictadura de la clase dominante. Ya sea por posiciones independentistas, por no aceptar la usurpadora monarquía, por luchar por sus derechos obreros o por no prestarse al juego integrista de la Iglesia Católica.

El aparato judicial, que nada tiene de independiente, se expresa como herramienta de represión de toda disidencia política. Así como una herramienta de legitimación guiada por los valores más reaccionarios, especialmente contra los derechos de la mujer.

Este mes pasado fallecía el doctor Montes, un profesional riguroso que fue perseguido por el PP (Lamela lo acusó de 400 muertes) por no actuar bajo los principios torturadores e inquisidores de una sanidad sometida al imperio del integrismo religioso. Lamela, finalmente, quedó como un auténtico delincuente y Luis Montes nos dejó una lección de humanidad y rigor científico. ¿Cuánto sufrimiento ocasiona en este país un sistema judicial guiado por la moral del fanatismo religioso?

MÁS GUERRA IMPERIALISTA

La participación en la guerra imperialista pone de manifiesto la violencia más extrema de la dictadura de la burguesía, que es un mecanismo imprescindible para la acumulación de capital. En el ataque ilegal e ilegítimo contra Siria, comandado por los EE UU, participa el gobierno de Rajoy utilizando la base aérea de Zaragoza y un destructor con base en Rota. Felipe VI recibe con honores al sicario de Arabia Saudí, y le vende nuevas armas para seguir con la masacre en Yemen. Silencio, no hay condena, hay negocio.

Los hechos han demostrado que el supuesto ataque con armas químicas en Duma fue un montaje. Pero Rajoy repite con todo el cinismo del mundo “que no tolerará el uso de armas químicas”. Este responsable de tantos crímenes, desde los de la playa de Tarahal hasta los últimos inmigrantes fallecidos como consecuencia de sus concertinas colocadas en las alambradas con Marruecos, es un cómplice necesario de tantos crímenes cometidos por el imperialismo en todos los continentes. Nunca ha dicho la más mínima palabra de condena por los asesinatos de palestinos por parte de la entidad sionista de Israel, o de tantos activistas saharauis por parte de la dictadura de Marruecos.

ES LA HORA DE LA CLASE OBRERA

En este contexto la organización ETA vuelve a cometer un nuevo y grave error político, pide perdón y se disuelve. Cuando se empieza una lucha con un compromiso revolucionario hay que saber que esa lucha es hasta el final, hasta la victoria. ETA perdió su rumbo político hace muchos años, no supo entender el cambio de las condiciones de la lucha y no aprovechó el amplio apoyo de masas que llegó a tener. Este final, de esta manera, pone en manos de la burguesía una herramienta más para fortalecer su dictadura y atacar a la clase obrera. Y los presos quedan en las prisiones como rehenes del Estado.

Es la hora de la clase obrera. Nos adentramos en un ciclo donde, las actuales dificultades del sistema de dominación para mantener su hegemonía, está llevando a un proceso de recuperación de la movilización popular. Hay que saber intervenir en esta situación, para alentar esa movilización incipiente y darle camino. 

Muchos de los colectivos que se movilizan lo hacen con ingenuidad, sin proyecto político y, también, en buena medida bajo la guía de las posiciones más reformistas. En esta situación el papel del Partido Comunista, y de las organizaciones obreras, es saber conducir este proceso hacia una elevación de su conciencia política clasista y de sus capacidades organizativas.

La intervención de masas de la militancia comunista es el factor que decidirá si este ciclo que se inicia se frustra, conducido por los enemigos del pueblo, o se desarrolla adquiriendo la capacidad de organizar el contraataque y golpear con fuerza al enemigo de clase.

La militancia del PCPE, y de su Juventud, tiene hoy una cita a la que no puede fallar. 

Todo para la clase obrera. Tu lucha decide.