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En cualquier espacio que reúna a gente luchando por una reivindicación, por pequeña que sea, es recurrente la idea de que el Pueblo, pasa de todo. “Somos cuatro gatos”, “la gente pasa de ésto”, “mira cómo están las cosas y el PP sigue sacando mayoría absoluta”, incluso muchas personas que en un principio tienen predisposición a organizarse, a un nivel pequeño, como una asamblea de barrio o una agrupación estudiantil, pero al fin y al cabo personas con una conciencia suficiente para ver que es necesaria una organización para luchar conjuntamente por esa reivindicación, acaban superadas por esta situación de desidia generalizada y se suman a ese grupo de gente indiferente ante la injusticia y sufrimiento que se ve delante de sus ojos.

Un compañero de una asamblea de trabajadores, despedido por su actividad sindical y que se niega abandonar la lucha por los derechos de sus -por ahora- antiguos compañeros pese a los intentos de su empresa de callarle con dinero, me decía el otro día: a los trabajadores nos han desarmado. Cuando alguno habla en el trabajo, lo despiden; si protesta en la calle, le pegan, multan y detienen; si habla lo que no debe, ahí está su ley para callarle.

Quienes no quieren que este sistema cambie y deje de existir, tienen muy claro donde deben atacar. Por un lado, a las organizaciones de clase y populares. Desmovilizándolas, destruyéndolas, comprándolas y creando modelos de lucha más atractivos y agradables -de cómo se destruyeron los partidos comunistas, los sindicatos y las luchas populares en España hay una extensísima bibliografía-. Por otro lado, una vez desmovilizados y aislados, recurren al miedo y la represión para mantenerlo todo controlado. ¿Cómo se explica que el pasado 8 de marzo en Murcia 100.000 personas se sentaran en el suelo mientras la policía cargaba contra la manifestación por el Día de la Mujer Trabajadora? ¿Tendrá algo que ver que en el mismo lugar donde se produjo la carga haya, además de una lluvia de hostias casi semanal, una lluvia diaria de multas y detenidos? ¿O que haya cientos de antidisturbios venidos de toda España armados con fusiles de asalto en la puerta de los colegios? La gente tiene miedo a la represión y la ausencia de estructuras de clase no permite que se supere este miedo, desmovilizándose cada vez más gente. Es una espiral retroalimentada, sin organización de lucha no hay lucha y sin lucha no hay organización. Cuando la clase trabajadora es fuerte, esto es, organizada, se puede permitir darle dos hostias a la patronal para que agache la cabeza y cumpla lo que los obreros le piden. Sin organización, a la clase trabajadora le toca callar y tragar.

Es aquí donde la juventud, más explotada hoy que nunca, debe decidir si quiere para siempre una vida de indiferencia y miseria como la de las generaciones previas, o avanzar a por una sociedad donde la miseria sea un recuerdo anecdótico en los libros de historia.

“La juventud siempre empuja y vence”,y es quetodavía hay quien prefiere“la muerte con el fusil a que se le destierre, humille y afrente.”

Julio Bueno