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Cuando la propaganda burguesa arrecia de manera grosera para calificar despectivamente a los países socialistas o a los gobiernos que muestran un carácter antiimperialista, la primera muestra que colocan son las de las elecciones “democráticas”.

Que los partidos y los medios oficiales que sujetan al régimen monárquico-burgués español quieran dar recetas y avales “democráticos” a Cuba y Venezuela, sólo puede ser interpretado desde la lucha ideológica de quien, como el capital, no puede superar su crisis general y estructural. La batalla por las ideas es un elemento fundamental en la conciencia colectiva de la clase obrera y el resto de sectores populares.

Resulta paradigmático que quien rompe urnas e impida consultas como la convocada para el 1 de octubre del pasado año en Cataluña, después descalifique por antidemocráticas e ilegítimas las convocatorias a la Asamblea Nacional Constituyente del 30 de julio y las Presidenciales para el 20 de mayo en Venezuela. De las elecciones a la Asamblea Nacional del Poder Popular en Cuba no se tienen muchos datos por parte de los medios propagandísticos del sistema.

Todas las convocatorias son relevantes para medir el grado de madurez de los procesos revolucionarios, y en el de Cuba la importancia se percibe por el respaldo del pueblo cubano para continuar con el proceso de construcción del Socialismo, y porque los diputados electos tienen la responsabilidad de sustituir en la Presidencia de la República al Comandante Raúl Castro que deja el cargo en el mes de abril.

Pero es necesario que hagamos una radiografía de las elecciones en Cuba para significar la gran diferencia entre la real participación y la farsa de las elecciones burguesas basadas en el poder económico. Los candidatos tienen que pasar una serie de procesos desde la base, que garantizan el carácter popular de los elegidos; no hay maquinarias electorales, como tampoco propagandas masivas y de gran coste económico.Para elegir a los diputados, se realizaron más de 940 plenos de las organizaciones de masas que debatieron sobre más de 12.000 propuestas.

Finalmente, los electores votaron a los 605 diputados/diputadas que fueron electos porque recibieron más de la mitad de los votos legales emitidos, de acuerdo con la Ley Electoral. Esta condición para ser electo se acentúa con el proceso de revocabilidad que está también regulado para los diputados/diputadas que no cumplan con la responsabilidad de su mandato.           

Para facilitar una mejor lectura de la legitimidad de las elecciones en Cuba, qué mejor que hacerlo a través de los datos. Sobre un censo un poco superior a los 8 millones 600 mil electores, emitieron su voto el 85,65% (cerca de 7 millones 400 mil), y de ellos el 80,44% votaron a los 605 diputados, y el 19,56%, lo hizo de forma selectiva.

La composición racial de los 605 diputados es del 59,34% blancos y del 40,66 negros y mestizos. En cuanto al currículum educativo, el 86% han alcanzado la enseñanza superior y el 14% cuenta con nivel medio superior.

Cuba es el segundo parlamento mundial, tras Ruanda, en manifestar la igualdad de género. De los 605 asientos, 322 (el 53,22%) corresponden a mujeres. La distribución por ramas de producción y empleo es la siguiente: 28 vinculados al sector campesino y cooperativo, 24 vinculados a la investigación, 12 al deporte, 47 a la educación, 83 a la producción y los servicios, 34 a la salud y 39 son escritores, artistas o miembros de otras ramas de la Cultura.

Podemos, pues, considerar que las elecciones en Cuba son un factor de la potencialidad del pueblo cubano para defender su Revolución y mejorar el sistema socialista.

Secretaría Internacional