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En abril de 1978, todavía con la Constitución sin aprobar, se convocó en España la primera huelga general porque en Europa había un 5% de desempleo. En 1985, ya con Felipe González, tuvo lugar una huelga contra la reforma de las pensiones que pasaban su cómputo de 2 a 8 años. En diciembre de 1988 se realizó una huelga contra el plan de empleo juvenil y el abaratamiento del despido. El 28 de mayo de 1992 contra el recorte de las prestaciones por desempleo. El 27 de enero de 1994 volvimos a salir a la calle contra una nueva reforma laboral y recortes.

Ya con Aznar en el gobierno, el 20 de junio de 2002 se convoca una nueva huelga general contra el intento de recorte en las prestaciones de desempleo. El 29 de septiembre de 2010 con Zapatero en el gobierno se convoca huelga contra la congelación de las pensiones y una nueva reforma laboral.

Las dos últimas huelgas generales fueron en el 2012 a los gobiernos de M. Rajoy, el 29 de marzo y el 14 de noviembre, con motivo de las reformas laborales que dejó a la clase obrera con los derechos muy recortados.

Los conflictos sectoriales han ido aumentando desde la última huelga. En el año 2015 se convocaron 615 huelgas, en el 2016, aumentó a 641 y hasta noviembre del 2017 la cifra estaba en 672. Al inicio de la democracia, las organizaciones sindicales veían el conflicto como una herramienta para conseguir resultados. Poco a poco, la concertación social dejó a un lado la movilización, sólo para casos muy concretos. Nos decían, no hay ambiente de huelga, no se va a seguir, perderemos fuerza en la negociación, estamos en plena crisis y otras excusas varias.

Este 8 de marzo se ha convocado una nueva huelga general, con muchas dudas en un inicio, ya que el movimiento feminista precursor de la huelga no contó con los sindicatos hasta casi el final, cuando vieron que sin los sindicatos no se puede convocar una huelga laboral. Lo cierto es que el movimiento feminista, las mujeres y hombres que creemos en la igualdad, desbordamos la convocatoria, tanto en la huelga como en la manifestación. ¿Se trasladará este hecho a la negociación colectiva o seguirán siendo hombres quienes firmen los convenios?

Las personas mayores también han desbordado a las organizaciones sindicales, las movilizaciones convocadas por plataformas de pensionistas no han esperado a las convocatorias sindicales, han apretado a los mismos para que se unan. Pero es que en el tema de pensiones los sindicatos que llegaron a convocar la primera huelga por los años de cómputo que pasaron de 2 a 8, se saltaron su línea roja para establecer en 67 los años para jubilarse además de aumentar el cómputo hasta los 25 años.

Estamos en el 2018, la conflictividad sectorial va en aumento, la calle es un hervidero, la manifestación del 8 de marzo fue un claro ejemplo de las ganas de las sociedad de cambiar, los pensionistas llevan meses con concentraciones y manifestaciones, y al sindicalismo no se le espera, ha trasladado su reivindicación a las empresas donde tiene representación, el resto, la gran mayoría está olvidada.

El gobierno pacta con las fuerzas de seguridad un aumento de su salario de más de un 25%, pacta con el personal funcionario la recuperación en cómodos plazos de parte de lo que se les recortó, son muchos votos, y al resto que les den. Sólo si somos capaces de unir las luchas, de conseguir aglutinar las movilizaciones, de presionar a los sindicatos para que despierten, será posible que empecemos a recuperar la dignidad como clase obrera. Y eso sólo será posible con el crecimiento de los Comités para la Unidad Obrera, ya que los intereses sindicales de las organizaciones mayoritarias están por encima de las personas que representan, interesa más el número de delegados/as, los acuerdos que permitan su supervivencia en este sistema, que aglutinar fuerzas y confrontar. Motivos hay para una Huelga General, si los sindicatos quieren sobrevivir deberán convocar o más pronto que tarde la clase obrera superará las estructuras burocráticas y caducas actuales.