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“Jornada histórica. Primavera feminista. Mantener vivo el nivel crítico del 8 M. Asentar en medidas concretas las reclamaciones. Las empresas se preparan para la transparencia salarial. Regular un permiso parental individual e intransferible. Iniciativas sobre igualdad retributiva…”

La lista de titulares y propuestas parece variada, aunque en lo ideológico no lo es tanto. Prolifera y se difunde el feminismo interclasista, que al abandonar las posiciones de las trabajadoras es ocupado por la misma patronal a cuyo lucro tanto contribuye la sociedad patriarcal que relega a la mujer a una posición sumisa y subalterna.

Desde discursos y posturas que proponen la ampliación del número de mujeres, pero sin alterar condiciones estructurales, incluso como garantía de continuidad del sistema, nos hablan de visibilizar “mujeres” en puestos relevantes de las empresas. ¿Relevancia de la mujer en el tejido empresarial? ¿Acaso no son las empresas las que despiden a las mujeres por su elevado “absentismo”, por sus embarazos, sus menstruaciones? ¿No son las empresas las que se benefician del trabajo femenino invisible, de sus tareas de cuidados y reproducción de la fuerza de trabajo, de la que será su futura mano de obra explotada y sobreexplotada? ¿Quién se beneficia del desmantelamiento y privatización de servicios públicos cuyas deficiencias son cubiertas precisamente por dicho trabajo femenino no asalariado? ¿Quién saca tajada de la elevadísima parcialidad forzosa entre las trabajadoras? ¿Quién origina la brecha salarial? Y, sobre todo, ¿quién se beneficia de ella? Pero también desde la aparente radicalidad se plantea seguir visibilizando reivindicaciones en la universidad, en política, empresa, agricultura, hospitales…desde una perspectiva de “mujeres” sin nombrar la palabra “trabajadora” porque no es lo mismo ser catedrática que limpiadora ¿verdad?

El movimiento femenino nació de una contradicción tópica del capitalismo: el incremento de mujeres en la producción no casaba con la discriminación en la sociedad, el matrimonio y el estado. En palabras de A. Kollontai “Sólo gracias al reconocimiento del trabajo de las mujeres trabajadoras en el mercado mundial las mujeres burguesas han podido ocupar la posición independiente en la sociedad de la que se enorgullecen tanto...” Hoy, cuando parece que el capitalismo es capaz de reinventarse “feminista” conviene no olvidar que los caminos del movimiento femenino burgués y del proletario eran, lo siguen siendo, antagónicos. Aunque la confusión ideológica nos hable de empoderamiento y sororidad y la propaganda omita deliberadamente que la situación de desigualdad entre trabajadores y trabajadoras atiende a los intereses del capital.

No se puede negar que entre las corrientes que forman el movimiento feminista hay lucha de ideas y que se dan expresiones que obedecen a diferentes intereses de clase. Pero no todo el movimiento feminista es burgués, pequeñoburgués o postmoderno. La realidad es que hoy nuestras posiciones, las del feminismo de clase, no son hegemónicas. Pero hay que seguir dando la batalla en un movimiento que nosotros y nosotras hemos ayudado a construir y hacer un esfuerzo en el combate, en todos los frentes, contra la opresión. Esa es la forma coherente de hacer realidad la consigna de que “8 de marzo son todos los días” pues sólo desde el feminismo de clase se puede dar una visión global de la mujer en la sociedad, capaz de determinar con precisión las distintas y complejas relaciones sociales, productivas, ideológicas, etc que condicionan el papel de las mujeres en las sociedades capitalistas. Sólo desde esta visión se puede proyectar una mujer real, objetiva, integral y viva. Y, por consiguiente, un sujeto político y revolucionario, con capacidad de aportar un esfuerzo esencial en el proyecto de emancipación de la clase obrera.

Ana Muñoz