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Editorial Abril 2018

En momentos en los que, en nuestro país, después de una etapa de parálisis, resurge la movilización de las masas obreras y populares, adquiere una importancia de primer orden el debate sobre la orientación política que estas movilizaciones deben tener, y sobre los objetivos programáticos, tácticos y estratégicos, que las deben guiar.

Siempre que las masas se movilizan, de forma inmediata las distintas posiciones ideológicas pugnan por orientar y conducir esa movilización; y por instrumentarlas a su favor. Posiciones ideológicas que se corresponden siempre con intereses concretos de clases sociales, clases que luchan entre ellas por el poder dentro de la sociedad capitalista actual. La burguesía con el objetivo de perpetuar su actual hegemonía, y la clase obrera que busca la toma del poder político y, con ello, la creación del nuevo estado socialista.

En estas semanas últimas es evidente el protagonismo de todo tipo de reformismos en la pugna por la conducción ideológica de las movilizaciones del 8M y del 17M. Los medios de agitación y propaganda de la clase dominante se suman como un coro a dar aire a esas posiciones engañosas, cuya finalidad no es otra que conjurar los riesgos que toda movilización social supone para la estabilidad de la clase dominante, de su dictadura.

Los intentos por retirar todas las banderas de estas movilizaciones recientes tienen el objetivo, una vez más, de esconder las banderas de la clase obrera. Para, así, mantener la reivindicación social dentro de los límites dictados por el sistema, sin poner en riesgo el poder de la clase dominante. 

PODEMOS es el paradigma de estas orientaciones ideológicas, tan útiles al poder burgués en España.

La cuestión, para el PCPE, se plantea como una fase de la lucha política en la que no hay que hacer ningún tipo de concesiones a las posturas timoratas que pretenden contener -tratando de ocultar la creciente agudización de las contradicciones irresolubles dentro del sistema capitalista-, el desarrollo de esas contradicciones ayudando al poder burgués a evitar su resolución revolucionaria.

El punto de partida para este posicionamiento del Partido se funda en una rigurosa evaluación materialista de la actual realidad del desarrollo del capitalismo, tanto en España cómo a nivel internacional.

Nuestra línea política es conocida. La crisis que estalla en 2007 no es otra cosa que la continuación de la crisis de 1993, que había sido conjurada por la clase dominante mediante una estrategia cortoplacista sustentada en el masivo endeudamiento familiar a través del sector inmobiliario en el caso del Estado español, y en distintos mecanismos de concentración del capital que se dan en otros países. Pero el capitalismo español lleva ya muchas décadas enlazando soluciones transitorias a sus sucesivas crisis de sobreacumulación, sin que en ningún caso tenga la capacidad de resolver la razón de fondo de estas crisis. Razón de fondo que es una combinación del agotamiento del capitalismo internacional como formación sociohistórica, y de la incapacidad del capitalismo español para desarrollar un proyecto propio superando las contradicciones internas que tiene desde su mismo nacimiento.

En esta situación, a consecuencia de su ansia acumuladora, el capitalismo ha creado ya la base material necesaria para la construcción de la sociedad socialista. Todos los problemas de la sociedad capitalista actual se resolverían con un altísimo grado de eficacia dentro de la sociedad socialista, una vez que esa base material fuera puesta a disposición de la mayoría social. Nacionalización de la banca y de los sectores energéticos, reversión de las privatizaciones, etc., forman parte del programa que conduce a la sociedad socialista.

Por ello, en esta coyuntura, todos los esfuerzos de la clase dominante se destinan -inútilmente-, a tratar de evitar el desarrollo de esa contradicción entre el altísimo desarrollo de las fuerzas productivas (que tienen las capacidades necesarias para satisfacer todas las necesidades de la sociedad) y las relaciones de producción existentes (la propiedad privada de los medios de producción y la explotación en el trabajo). Que la clase obrera y los sectores populares no comprendan esta disyuntiva histórica es una cuestión central para la burguesía, en el combate ideológico en la España actual.

Las fuerzas reformistas, en esta situación, son una herramienta de gran utilidad para la burguesía y también, a su nivel, lo son las fuerzas dogmáticas. Los podemitas, y otras confluencias de IU, tienen la finalidad de ilusionar a la clase obrera con la posibilidad de conseguir mejorar su situación sin cuestionar la dominación capitalista, sin posiciones revolucionarias. Los dogmáticos, incapaces del más mínimo análisis dialéctico de la lucha de clases, sirven como sujetos útiles para presentar la propuesta revolucionaria como una caricatura del proyecto de emancipación de la clase obrera y de la lucha por la revolución socialista, alejando a las masas obreras de las posiciones científicas. Hoy el capital hace del oportunismo y la demagogia su herramienta más útil, pero siempre mantiene en reserva al dogmatismo para colocar piedras en el camino del ascenso revolucionario de la lucha de la clase obrera. Ejemplos nos sobran en la historia de este país.

Paralelamente, para distraer de los grandes problemas de la mayoría social y popular, el gobierno del PP impulsa un programa reaccionario en el ámbito de la superestructura ideológica que pone sobre la mesa diariamente debates que el resto de las fueras políticas parlamentarias sólo son capaces de situar en el actual marco legal, es decir, en el marco de la Constitución del 78, como camisa de fuerza de la dominación del régimen monárquico-burgués. El último ejemplo es el debate sobre la prisión permanente revisable.

Hoy, la militancia del PCPE sse enfrenta al reto de tener la capacidad de liderar a las masas obreras y populares bajo las banderas de la lucha por el poder obrero y por el socialismo. Pero ese liderazgo no se puede conquistar como un liderazgo puramente discursivo, sino que principalmente también tiene que ser un liderazgo forjado en la lucha diaria en las organizaciones de masas de la clase obrera y los sectores populares. En primer lugar en el movimiento obrero y sindical, con un fuerte impulso a la unidad clasista organizando masivamente Comités para la Unidad Obrera. Pero también en las luchas de las mujeres contra su situación de doble opresión, en las luchas antiimperialistas en solidaridad con otros pueblos agredidos por el imperialismo, en las luchas vecinales por la mejora de las condiciones de vida en los barrios obreros. Y también en frentes como el cultural, impulsando un nuevo paradigma que responda a los desarrollos actuales, en el frente de la Memoria Histórica y la República por la reivindicación de quienes nos precedieron en la lucha y dieron la vida por ello. Y también en cualquier otro frente de masas donde los intereses colectivos comunes sirvan como elemento organizador de respuestas de masas al sistema capitalista dominante. 

Partir de las propuestas políticas más concretas e inmediatas, para incorporarlas todas ellas en un nuevo proyecto histórico para la clase obrera y para este país. La República Socialista de carácter Confederal, como unión voluntaria de pueblos libres y soberanos, que supere la vieja dominación burguesa en España, convirtiendo a la clase obrera en clase nacional en el poder.

La incapacidad del capitalismo español para resolver sus sucesivas crisis no le deja otra salida que recurrir a un incremento progresivo de su violencia contra la mayoría social, y al empobrecimiento y destrucción del sistema de vida de las masas obreras y del pueblo. Sus privilegios son nuestra pobreza. La cuestión, como en todas las coyunturas históricas decisivas, es apremiante. Por ello la lucha contra los encantadores de serpientes que tratan de alejar a la clase obrera de sus objetivos revolucionarios es una lucha de todos los días, que se tiene que dar de una forma clara y directa. En todos los centros de trabajo, en todos los barrios y pueblos, y en todas las acciones de las masas obreras y populares.

Por un nuevo proyecto histórico para España, por el poder obrero y por el socialismo. Ésta ha de ser la bandera de las amplias movilizaciones que han de venir.