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Los de la URSS nos asombran,
Gorbachov es ideal.
Ya era hora que al
oeste vuelvan ya.

Cuando lleguemos a Rusia
Gorby nos acogerá.
Y en la Plaza Roja
gritaremos libertad.

Así cantaban los Locomía, en aquellos tiempos en que la música ibicenca se ponía de moda en la falsa e hipócrita España de las Olimpiadas y de la Expo del 92. La propia burguesía de la industria discográfica financiaba canciones antisoviéticas como la nombrada bajo el título de “Gorbachov”, utilizando de fondo el “Polyushka Polye”, que tanto nos cantaban los Coros del Ejército Rojo de Boris Alexandrov. Entre tanto abanico y ropa de diseño multicolor, la idea principal del Gran Capital era presentarnos a los y las comunistas como los herederos de un mundo oscuro y gris, frente a su pretendida Libertad.

Parece ser que cómo les parecía poco el “Go West” de los Village People, aquel grupo que invitaba al alistamiento en la marina estadounidense del Gobierno Carter en 1979. La idea más rocambolesca para denostar al mundo soviético fue una nueva versión de estos en 1993 de los Pet Shop Boys, reivindicando las alabanzas y triunfos por la caída de la URSS y el Muro de Berlín, que ya nos adelantasen en esa misma época los rockeros germánicos, Scorpions en su “Wind of Change”... A todo esto un Boris Yeltsin que manda  de coros a los músicos oficiales de lo que una vez llegase a ser el Ejército Rojo. Entre botella y botella de vodka, el ínclito traidor y uno de los principales responsables destructores de la Unión Soviética, regala un saxofón a su jefe mayor del momento, como era Bill Clinton en su dacha de Novoya Ogarova. Tema del que no se ha dado mucha importancia a la hora de valorar el gran poder económico que tienen los demócratas de EE.UU desde los tiempos de Kennedy, nada despreciable a los monopolios de la plutocracia republicana.


Tiempos en los que Elton John también argumentaba a través de su canción “Nikita” un aporte más al anticomunismo vigente en aquel momento de finales de la década de los ochenta y comienzos de los noventa del siglo XX pasado. Tras esos entramados de glamour y brillantina, donde aparecen también unos punkies engominados con tupé a lo Elvis desde San Petesburgo como grupo de moda, se sigue observando todo el conjunto gangsteril  así como sus maniobras orquestales en la oscuridad de la entrada y puesta a punto del Capitalismo puro y duro en todas las repúblicas ex-soviéticas en el nombre del Libertarismo. Hay que destacar  la Federación Rusa como el mayor ejemplo de corrupción y latrocinio por parte de los que hasta entonces habían regentado los soviets de Moscú y Leningrado, cogiendo las nuevas alcaldías “democráticas” (Gavriil Popov-Yuri Luzhkov y Anatoli Sobchak), convirtiéndose en el futuro lobby de poder nacional, junto a otros conocidos como Yegor Gaidar.

Pilar Bonet, entonces corresponsal del diario El País en la URSS, nos recordaba en su obra: “Imágenes sobre fondo rojo”, la importancia del XXVIII Congreso del PCUS en el verano de 1990, para la adaptación a los nuevos tiempos de muchos antiguos cargos y dirigentes de un Partido que iba desapareciendo en el nombre del individualismo y el sálvese quien pueda...

La clave para la aceptación de la bandera tricolor zarista y su águila bicéfala imperial, son parte de esa pesadilla que comenzaba para el antiguo pueblo soviético, del que tantas pestes sigue echando una anticomunista como la premio nobel bielorrusa Svetlana Alexievich con su “Homo sovieticus” entre sus obras...Dos Golpes de Estado pactados entre Agosto de 1991 y Octubre de 1993 para hacer desaparecer lo más rápido posible el primer país de la humanidad donde el  proletariado tenía el poder y la gestión de los medios de producción. (De todo esto algo tiene que saber nuestro conocido ex coronel del KGB y residente en la RDA durante muchos años. Pensamos por ejemplo en la rápida liquidación de Ceaucescu en Rumanía o la literal deportación del camarada Erich Honecker, desde la URSS donde había pedido asilo político a su vuelta a la RFA en las antiguas cárceles nazis, en las que también estuvo preso. Por no hablar de los suicidios de parte de los mandos del Ejército Soviético).

La creación de un nacionalismo panruso similar al de los tiempos del zarismo, bajo aquel lema de cárcel de los pueblos, forman parte del nuevo contenido de una Constitución Capitalista que diseñó Boris Yeltsin con los nuevos empresarios rusos del momento, de los que se ha seguido beneficiando su delfín Vladímir Putin, que sigue utilizando a conveniencia efemérides de la URSS para justificar su nuevo ideario, del que para nada es comunista.

Grupos de moteros para fascistas como los Lobos Nocturnos, los nacional bolcheviques,que es un tipo de nazismo a la rusa como lo es Vladímir Zhirinovsky, forman parte del paisaje habitual de un país desintegrado en conflictos étnicos y nacionales, donde las sectas crecen al mismo ritmo que la iniciativa comercial  privada de corte internacional en las que se participan en los concursos musicales de Eurovisión.

Los índices en sanidad, educación, han bajado a otros tiempos decimonónicos, donde la miseria y la falta de futuro para el pueblo trabajador ruso, ucraniano, bielorruso, etc, les debería hacer reflexionar  a todos ellos y ellas,sobre la importancia de lo que es ser comunista y prosoviético. Por muchos macrofestivales y maquillajes de ocasión que se hagan desde el kremlin, no se pueden ocultar las redes de mafias que pululan por todo el mundo, así como la gran cantidad de empresarios que controlan aquellas industrias que antaño eran estatales y hoy sirven a la iniciativa privada, de unos elementos que desde los principios de los tiempos una vez caído el “Telón de Acero” deseaban sacar del mausoleo de la Plaza Roja al camarada Vladímir Ilich Ulianov, Lenin.

Irónicamente veinte años después del fallecimiento de uno de los mayores antisoviéticos del PCE como era Manuel Azcárate, nos hace recordar su obra Luchas y Transiciones: memorias de un viaje por el ocaso del comunismo, en la que ensalza el “espíritu emprendedor” de Gorbachov, quién a su vez hace ya treinta años nos dejase una célebre frase  tras el Encuentro Cumbre en Washington aquel 7 y 10 de Diciembre de 1987 en la televisión soviética:

“Existe un interés auténtico y sincero por todo cuanto sucede en la sociedad soviética en reestructuración. Este demuestra que el mundo contemporáneo reconoce el papel que desempeña nuestro país. Para nosotros esto quiere decir que mientras más éxitos logremos en nuestros cambios revolucionarios, tanto mejores resultados alcanzaremos en el ámbito internacional.”

El pequeño Maxím.