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El trabajo doméstico según la OIT incluye tareas como limpiar la casa, cocinar, lavar y planchar la ropa, el cuidado de los niños, ancianos o enfermos de una familia, jardinería, vigilancia de la casa, chofer de la familia, e incluso el cuidado de los animales domésticos.

El 30 de marzo es el día internacional de las trabajadoras del hogar. Así, en femenino pues el trabajo doméstico es predominantemente realizado por mujeres, representan el 83% de los 53 millones de personas que en cálculos estimativos de la OIT trabajan en el servicio doméstico a nivel mundial. Este trabajo represente más del 7,5% del empleo asalariado femenino a nivel mundial (frente al 1 % del empleo masculino). Se caracteriza igualmente por la exclusión del 90% de ese trabajo de los sistemas de protección social. En nuestro país más de 630.000 personas están ocupadas en empleo del hogar, un 30% trabaja en negro, nueve de cada diez son mujeres y hasta el año 2012 no se integró en el Régimen General de la seguridad social como Sistema Especial si bien no cobran paro en caso de desempleo.

Una actividad que se realiza en un hogar privado tiene difícil control e inspección, la economía sumergida está al orden del día, puede haber más de un empleador, hay una alta rotación laboral, no suele haber contrato de trabajo y tiene una baja valoración social que no se debe únicamente al nivel de calificación, algunas asociaciones de empleadas domesticas como ATH-ELE señalan que la subvaloración el trabajo del hogar tiene que ver con su realización mayoritariamente por mujeres. En algunos países no se reconoce legalmente como una ocupación, el salario en especie es frecuente y es una de las ocupaciones con remuneraciones más bajas en el mercado laboral. Según datos de la OIT en algunos casos el salario del sector no supera el 20 por ciento del salario promedio (Qatar) o representa menos de la mitad como en Francia. La salud laboral representa otro déficit importante, donde las jornadas continuas, literalmente, significan agotamiento físico y mental así como estrés y ansiedad. En las internas sobre todo no es infrecuente todo tipo de abusos, acoso sexual y humillaciones.

Los cambios sociodemográficos, el envejecimiento de la población, la creciente participación femenina en el mercado de trabajo y la carencia de servicios públicos modificó el trabajo domestico mercantilizado, ligándose básicamente a las mujeres migrantes que llegaron a ser el 50% de la afiliación al sistema Especial. Esa fue una “bonita forma de conciliar” para muchas mujeres con recursos económicos: recurrir a una mujer con escasos recursos o a una inmigrante extracomunitaria como la mejor solución para liberarse de parte del trabajo reproductivo y proveerse de un servicio barato que, de otra forma, no tendrían.

Con la crisis capitalista, muchas mujeres pierden su empleo y vuelven a casa, por lo que han despedido a miles de empleadas del hogar o han reducido sus jornadas laborales. La inmigración femenina, cuya puerta de entrada en nuestro país fue el trabajo domestico, ya no es la mayoritaria. El sector del trabajo domestico lo integran mujeres de todas las nacionalidades que se han quedado desempleadas, que acceden al mercado laboral por primera vez o que se reincorporan al mismo.

Hay desde agencias de colocación que facilitan empleadas de hogar “a la carta” o aplicaciones que permiten contratar por horas a personas para las tareas del hogar a través de internet, hasta cooperativas de limpieza. Todas las formulas donde resolver el trabajo doméstico dentro del capitalismo pasan por la explotación. Por tanto, no hay otro camino que organizar y conseguir que esa fuerza de trabajo femenina se convierta en compañera fiel en la lucha contra el capital.

María Luna.