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“En verdad iba a ser el último compromiso con los sóviets en la historia de Rusia. Unas horas más tarde anunciaría la disolución del Parlamento. Con ello estaba plenamente convencido de que acabaría para siempre el poder soviético en nuestro país.”

*Boris Yeltsin: Los diarios del presidente.

Barcelona: Ed. Plaza y Janes, 1995.

Hace 25 años; Boris Yeltsin, conocido por el diario reaccionario “El Mundo” como “ el obrero travieso que disolvió la URSS”, liquidaba definitivamente cualquier referencia histórica y jurídica de lo que había significado el socialismo en el País de los Soviets. Parece ser que la puntilla final no había acabado en agosto de 1991 tras la farsa de golpe de Estado, en la que toma las riendas de lo que va a ser la futura CEI. Arriar la bandera soviética del kremlin aquel 25 de diciembre de ese mismo año, era aún todavía un pequeño ejercicio de introducción al capitalismo en la Rusia postsoviética. Aquel nuevo presidente y antiguo militante del PCUS que tanto se jactaba de haber ilegalizado al “Partido” como tal, después del XXVIII Congreso Farsa, le quedaba un nuevo cometido del FMI, la UE, los USA y la OTAN: “acabar con aquel aquelarre típicamente soviético” tomando literalmente a cañonazos la antigua sede del Soviet Supremo, el Parlamento Ruso, conocido como la “Casa Blanca” de Moscú entre los días 3 y 4 de Octubre de 1993.

Cual nuevo Pinochet eslavo, disolvió de una manera muy “democrática” dicha institución, eliminando a sus antiguos socios, como eran el checheno Ruslán Jasbulátov y el general del ejército y héroe de Afganistán, Alexander Rutskói.

Precisamente no nos sorprende que aquellos antisoviéticos y anticomunistas como Santiago Carrillo o Jorge Semprún, que en otros tiempos echasen pestes contra la URSS y los Países del Este como consecuencia del internacionalismo proletario aplicado por las tropas del Tratado de Varsovia en Checoslovaquia en 1968, o en la República Democrática de Afganistán en 1979, no mencionasen para nada lo que se estaba avecinando en la antigua Unión Soviética, que era la vuelta al Capitalismo más salvaje, que provenía de los tiempos de la dinastía zarista Romanov.

De golpe y porrazo el ingeniero Yeltsin, que antaño escribiese en revistas como la agencia de prensa Nóvosti, defendiendo la Perestroika y la Glasnost, en el 70 ª aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre, consigue un poder autocrático , destrozando la antigua Constitución de 1977 por una nueva red legislativa de corte personalista aprobada el 12 de diciembre de 1993, donde se apuesta por la liberalización del mercado; así como por la privatización de todos los medios de producción con la consolidación de una nueva Duma, donde aparecen los nuevos capitalistas rusos del momento: Gaidar, Chubais...

Ahí están sus dos autobiografías que demuestran la talla de un personaje engreído por el vodka, más que por su formación, como son sus Memorias. El líder de la nueva URSS en 1990, así como Los diarios del Presidente en 1995 donde sus crímenes de guerra, de los que no se han hablado son resumidos de la siguiente manera:

“Hubo tanques, disparos, ametralladoras... Hubo muertos, muchísimos muertos. Y hubo un dolor general, sin distinguir entre los nuestros y los suyos. Todos eran nuestros... “La revolución de octubre”, de 1993 concluyó sin éxito. No olvidaremos a los que murieron...”

La represión fue de tal magnitud que incluso Mijaíl Gorbachov desde su perspectiva socialdemócrata en sus Memorias de 1996 en II tomos dedica un apartado titulado: “Otro golpe de Estado”, en el que denomina a este acontecimiento como: “los sangrientos sucesos”. Para muestra un botón:

“Al conectar el televisor la mañana del 4 de Octubre, me sentí consternado por lo que pude ver. Ni en mis pesadillas más terroríficas pude imaginar que, en el centro de Moscú, tanques rusos dispararían metódicamente y a sangre fría contra el Parlamento por orden del Ministro de Defensa. 

Concluyendo podemos decir que 25 años después, quedaron en la distancia los reportajes de las revistas amarillas tipo Lecturas y el Hola, donde nos sacaban semanalmente la vida y obra de los liquidadores de la URSS. Pero no dejan de llamarnos la atención algunas de sus declaraciones de entonces como cierta entrevista realizada al ya conocido padrino de Vladimir Putin, en el Pravda de Moscú donde por ironías de la Historia exclamaba:

“ Descuidamos muchas cosas en el pasado, y para no reincidir, hay que mantenerse alerta. Debemos ser implacables, con nosotros mismos, y exigentes para con los otros; pensar más en el trabajador, y, lo que es principal, desarrollar al máximo la democracia.”

Ángel Comonte.