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Hoy en día nos enfrentamos a muchos nuevos vocablos que provienen de diferentes movimientos de masas o ambientes puramente intelectuales sin contacto con las organizaciones de masas. Me estoy refiriendo a justicia ambiental, justicia climática, racismo ambiental o “reparación ecológica”. Sin despreciar al pueblo estadounidense, ni menospreciar a los que luchan allí, he de aclarar que estos conceptos vienen o se originan en los EE.UU., siendo, en ocasiones, muy ajenos a nuestra realidad. Intelectuales como Naomi Klein se encargan de dar difusión a estas categorías.

El término de justicia ambiental es el primero de todos estos y surge a la par el de racismo ambiental. Estos dos se originaron en un conflicto que surgió en 1980 en Carolina del Norte (EEUU) en contra de la localización de un vertedero. Por tratar de emplazar el vertedero en una zona principalmente poblada por población negra, con bajos ingresos, se le tachó de racista. El concepto de justicia ambiental, por tanto, surge como una reivindicación de derechos por actividades contaminantes, evidenciado que en las comunidades de bajos ingresos había un desproporcionado riesgo ambiental y salud. Este concepto fue evolucionando e incorporando elementos relativos al trabajo, uso de la tierra, transporte, vivienda y distribución de recursos, trasgrediendo su componente racial. Este concepto se fue arraigando internacionalmente y Bill Clinton en 1994 integra el concepto en la legislación estadounidense.

Justicia climática es una adaptación de la justicia ambiental al cambio climático. Con justicia climática se trata de dar una visión ética y política al cambio climático más allá de verlo como un problema meramente físico o ambiental. Así, el problema del cambio climático se analiza mediante cuestiones de igualdad, derechos humanos, derechos colectivos y las responsabilidades históricas. Este movimiento se basa en que los menos responsables del cambio climático son los más afectados.

Hay varios problemas con estas categorías y sus correspondientes movimientos. Destaco dos: responsabilidad y distribución. Primero se trata de buscar los responsables y hacerles pagar –quien contamina paga– en el mejor de los casos. Se culpa a países como el Reino Unido o a compañías (como recientemente ha hecho el alcalde de Nueva York) y en cambio se exculpa a los países que no estaban industrializados hacia 1945. ¿Entonces, los culpables del cambio climático son la clase trabajadora del Reino Unido por sólo disponer de carbón para calentarse en el siglo XIX o los estadounidenses por tener que usar el automóvil para ir a trabajar? Este punto de vista insinúa que tanto los trabajadores británicos como los estadounidenses tienen más capacidad de decisión en la producción que los trabajadores de Senegal o Bangladés. ¿Y qué se hace con las 100 compañías responsables del 71% de emisiones de CO2? No es una dicotomía entre culpables e inocentes, sino la de   aniquilar un sistema que provoca diferencias, o permanecer en él.

Segundo, lo que subyace es una distribución más justa, equitativa y que todos tengan capacidad de tomar decisiones pero lo que nunca se pone en cuestión es la propiedad privada de los medios de producción. Es la expresión socialdemócrata o keynesiana en el ámbito ambiental. A modo de ejemplo tomemos Naomi Klein, ella sólo pide que estén bajo control del estado las empresas energéticas, educación, sanidad y telecomunicaciones. El resto de sectores no tiene por qué. El sector energético debe estar bajo control estatal puesto que es la única manera de hacer una transición hacia el uso de energías renovables, el estado y su intervención en el actual mercado es el que puede doblegar a las compañías petroleras y del carbón.

Los movimientos por la justicia ambiental o climática y toda la jerga que traen consigo (reparación ambiental, racismo ambiental, etc.) no hacen más que enmascarar el capitalismo y llevar a la clase obrera a tomar posturas socialdemócratas alejándola de abordar los problemas medioambientales y climáticos desde una perspectiva revolucionaria y de clase.

Manu Varo