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La violencia y agresiones imperialistas que se están desatando en el planeta desde hace tiempo, agudizadas con la crisis estructural del capitalismo, sitúa en algunas zonas las posiciones más encontradas.

América Latina en general, se debate en un combate abierto, entre otros motivos porque la intervención imperialista, sobre todo de EE.UU., se realiza para quebrar voluntades populares que se han dado en algunos países en las dos últimas décadas. No estaban acostumbrados los EE.UU. a ese tipo de insolencias. La sombra de Cuba es demasiado alargada para el imperialismo.

El triunfo de Chávez en Venezuela en 1998, desató una atmósfera propicia para que en bastantes países de la región el triunfo electoral de fuerzas progresistas generase un estado de ánimo popular que chocaba abiertamente con la hegemonía imperialista norteamericana que se había instalado desde finales del siglo XIX en todos los países del continente.

Venezuela, Bolivia, Ecuador, Brasil, Nicaragua y hasta Argentina, disponían, en niveles diferentes, de gobiernos hostiles al imperialismo. Pero en los últimos años, distintos procesos han ido debilitando esas posiciones y actualmente nos encontramos con muchos interrogantes y también certezas. Los golpes de estado de distinto formato que se han dado en Paraguay contra Fernando Lugo, en Honduras contra Zelaya, y hasta en Brasil contra Djilma, han modificado sustancialmente los intentos por lograr una estabilidad en la región a partir de posiciones simplemente progresistas.

Venezuela, tras la muerte de Chávez, ha resistido la embestida del imperialismo desarrollada  en múltiples fases y variantes para derrocar al presidente Nicolás Maduro y decapitar el proceso bolivariano. Afortunadamente, la respuesta popular, y también, cómo no, del gobierno bolivariano, ha contenido a la oligarquía en sus actos de violencia y hasta de guerra económica. El triunfo de la oposición en la Asamblea Nacional, auguraba malos tiempos para el pueblo bolivariano, pero la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente y el triunfo que se cosechó con una amplia mayoría bolivariana, ha llegado a cambiar el rumbo. La ratificación en diciembre con el triunfo en las elecciones gubernamentales, han disparado nuevamente las expectativas para la reelección de Nicolás Maduro en las presidenciales que tendrán lugar este año 2018, presumiblemente en el primer semestre. Será la Asamblea Nacional Constituyente quien realice la convocatoria. El triunfo de Nicolás Maduro, resulta un factor esencial para dar pasos inequívocos hacia un sistema social que erradique la explotación capitalista.

En Honduras, el fraude electoral ha puesto de manifiesto nuevamente que la embajada de EE.UU, es decir, el imperialismo, no está dispuesta a tolerar unos gobiernos que no sean clientelistas. El pueblo está respondiendo a pesar de la fuerte represión que ya ha causado muertos. La lucha del pueblo ha generado que hasta fuerzas especiales de Guatemala tengan que auxiliar a los cuerpos y ejército represores hondureños.

En Argentina, la llegada de Macri ha ocasionado un colapso en las ya menguadas arcas del pueblo argentino. Las manifestaciones por el ataque a las pensiones está generando una recuperación de las luchas populares que empezaron a tomar vigor en los últimos años de la dictadura militar. Pero, incluso, la lucha por la memoria y contra la impunidad del terrorismo de estado, favorecen también la vertebración de los sectores populares.

Pero el imperialismo también cuenta con cartas para seguir presionando en los procesos regionales. Los países de la costa del Pacífico, con Chile, Perú y Colombia, siguen siendo sus bastiones en el sur del continente. La vuelta de Piñera en Chile y la tragicómica actitud del derechista Pedro Pablo Kuczynski que, a punto de ser destituido, asume nuevamente su presidencia amnistiando al asesino Fujimori, así como la diabólica cabriola de Lenin Moreno en Ecuador, respaldan el portaaviones imperialista que representa Colombia en la región, tanto a través de las bases militares yanquis, como en la amenaza constante a Venezuela desde su territorio.

La lucha de clases se agudiza y los pueblos deben prepararse para combatir y vencer.

Secretaría Internacional