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El 26 de Diciembre pasado, un poco antes de los inocentes y después de muchos años, las centrales sindicales junto a la Patronal y el Gobierno firmaron un acuerdo se subida del SMI para el año 2018 del 4% y para el 2019 y 2020 del 5 % y 10% respectivamente; pero condicionado a que la economía crezca por encima del 2,5% y que se creen 450.000 empleos al año.

El salario mínimo en España surge en 1967 afectando a todos los trabajadores y trabajadoras. Con anterioridad existía un salario mínimo distinto dependiendo del ámbito geográfico y del sector de producción. En 1994, tras la huelga de Enero de ese mismo año,una nueva reforma laboral del gobierno socialista de Felipe González crea los contratos de aprendizaje para menores de 25 años que permitieron pagar por debajo de este salario mínimo. Estos estuvieron vigentes hasta 1997, una medida que favorecía otra vez a los empresarios para que nos pagasen un 70% del SMI el primer año, un 80% el segundo y un 90% el tercero. Al cuarto no llegábamos, nos despedían.

El salario mínimo tampoco ha sido siempre igual para todos. Entre 1980 y 1990 se establecía según la edad, uno para mayores de 16, otro para los de 17 y un último para los de 18 o más años. Es desde Enero de 1998 cuando se iguala. Si comparamos la evolución respecto al salario medio, el aumento de éste siempre fue mayor que el mínimo, hasta el 2004, donde se invierte la tendencia; ya que los salarios medios decrecen. En el año 2012 el gobierno popular de Mariano Rajoy congeló el SMI.  Al salario mínimo lo han dejado en lo más bajo los Gobiernos tanto socialistas como populares.

El Estatuto de los Trabajadores establece que el SMI es fijado por el Gobierno previa consulta con las organizaciones sindicales y asociaciones empresariales más representativas, que es lo que ha ocurrido el pasado fin de año 2017, donde se ha garantizado una subida mínima para el 2018 y expectativas similares para años venideros.  Sin embargo, el IPREM,  o Indicador Público de Renta de Efectos Múltiples, es un índice empleado en España como referencia para la concesión de ayudas, becas, subvenciones o el subsidio de desempleo entre otros. Este índice nació en el año 2004 para sustituir al SMI como referencia para estas ayudas, congelado para el 2018, lo que provocará que las ayudas determinadas por el mismo sean aún más estrictas.

A los días de la firma del acuerdo, los mismos sindicatos plantearon que renuncian a una subida mínima para pedir que el sueldo más bajo en convenio se sitúe en 1.000 euros, pero esto ya hay que negociarlo en cada empresa, en cada sector, un brindis al sol, si estas mismas organizaciones no proponen una campaña sostenida de movilización. 
El Acuerdo afectará a casi 534.000 trabajadores/as, lo que supone un 3’5% de los afiliados a la seguridad Social. El salario mínimo para 2018 quedaría fijado de la siguiente forma:

*Salario Mínimo diario:           24,53€
*Salario Mínimo mensual:     735,90€
*Salario Mínimo anual:     10.302,60€ (14 pagas)

Sin embargo, todavía estamos lejos de la media europea, que nos supera tanto en salario mínimo como en salario medio.


Estos son los datos del 2015, últimos publicados por Eurostat, que nos llenan de razones para no lanzar las campanas al vuelo por un acuerdo de mínimos; más bien nos motivan para exigir la movilización por la recuperación del poder adquisitivo perdido, por la negociación colectiva y la retirada de las reformas laborales.

Lo difícil no es firmar un acuerdo, es cumplir lo pactado, muchas empresas no pagan lo estipulado en convenio, o lo hacen a cambio de muchas más horas de trabajo. Tenemos base moral para exigir al gobierno su cumplimiento ahora, mucho más en el 2019 y en el 2020. También se tiene la base para exigir a la patronal que, en la negociación colectiva, los convenios tengan un incremento importante rompiendo la tendencia de congelación que arrastramos durante años.   Por todo ello, el acuerdo del Salario Mínimo sólo será bueno si sirve de reactivación del sindicalismo combativo en lugar de un nuevo pacto desmovilizador.

Vicente Alcaraz