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Para disminuir las emisiones de CO2 se nos dice que debemos seguir una serie de pautas. Algunas de ellas son no usar el coche para distancias cortas, viajar más de uno en el coche, usar los medios de transporte públicos, usar tecnología LED, consumir electricidad proveniente de energías renovables y todas aquellas medidas que recordéis. Nos piden dar pequeños pasitos para disminuir las emisiones de CO2. En cierta medida se insinúa que si no hacemos esto nosotros somos responsables del cambio climático.

Pero, ¿y si descubrimos que ExxonMobil, Shell, BP y Chevron son las mayores compañías que emiten CO2 desde 1988? ¿Y si descubrimos un informe de 2013 que afirma que 90 compañías han emitido el 63% de las emisiones de CO2?¿Y si seguimos curioseando y descubrimos la actualización de ese informe aseverando que 100 compañías son las responsables del 71% de las emisiones globales? ¿Y si descubriéramos que los ejércitos tienen una alta dependencia del petróleo? (Pensemos en todos esos portaaviones, cazas, tanques, etc. que sólo funcionan a base de petróleo). Con esta información nos damos cuenta que todos esas medidas que nos piden adoptar son una patraña y no solucionan nada. Nos mantienen entretenidos creyendo que así, con pequeñas acciones individuales, podemos cambiar algo.

Estás 100 compañías tienen uno de estos perfiles: empresa privada (como BP, Shell o Exxon), propiedad estatal (como la saudí Saudi Aramco, Gazprom o la noruega Statoil) o bajo control directo de gobiernos (como China o Polonia). Debemos añadir que las empresas petroleras reciben muchos millones de dólares de subvenciones: entre 775 mil millones a un billón de dólares al año.

En la esfera de la obtención de energía hay una guerra entre las compañías de combustibles fósiles contra las otras compañías que se dedican a obtener energía con otras fuentes de energía, como son las renovables o la nuclear. En esta guerra cada uno pone a sus políticos o funcionarios en posiciones estratégicas para favorecer a unas compañías o a otras; por ejemplo con Zapatero y Obama se empezó a aplicar leyes favorables a aquellas compañías que obtenían la energía mediante renovables pero al llegar Donald Trump y Rajoy aplicaron medidas para favorecer a las empresas de combustibles fósiles. Recordemos el popularmente llamado “impuesto al sol”.

Con toda esta información podemos darnos cuenta que necesitamos tomar grandes medidas para poder minimizar los efectos del cambio climático. No nos vale con comprar coches híbridos o cambiar las bombillas de nuestras casas por unas LED. Los cambios o tienen un carácter colectivo o no lo serán. Erradicar estas compañías, el actual modo de producción de mercancías y estilos de vida con un alto consumo energético (para una mínima parte de la humanidad) debe pasar ya no sólo por la toma del poder, sino también por hacer del valor de uso la centralidad de nuestras vidas y, como afirmó Engels, actuar consciente y consecuentemente con las leyes de la naturaleza.

Nosotros, las organizaciones de clase, debemos pensar muy seriamente en qué modelo energético queremos, cómo sería un modelo energético en el que el valor de uso sea su base, cómo estaría integrado en ese modelo energético la producción de alimentos, el transporte de los productos o mercancías y una larga lista a pensar y cambiar. La independencia de nuestro modelo energético debe ser total, alejado de esas batallas entre las diferentes fracciones de la burguesía y de movimientos interclasistas que se quedan en cambiar los combustibles fósiles por las energías renovables sin ir más allá, sin darle un carácter de clase ni poner el valor de uso como una de las claves de ese nuevo modelo.

¿A qué estamos esperando?