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En los últimos tiempos venimos asistiendo a un ataque continuado al sistema público de pensiones desde múltiples frentes: desde la lapidación de la llamada “hucha de las pensiones” por parte del gobierno, hasta los numerosos artículos y tertulias que dedican los medios de comunicación de la burguesía a justificar una supuesta insostenibilidad del sistema, que no tiene otro propósito que promover los fondos privados. Uno de los argumentos esgrimidos con más insistencia es el envejecimiento demográfico que ha experimentado España por el cual hay cada vez menos trabajadores sosteniendo a cada vez más pensionistas. No es raro que ilustren este argumentario con la imagen de una pirámide de población con una base muy estrecha que muestra irrefutablemente este envejecimiento, esto no lo negamos, simplemente denunciamos la interpretación capciosa que se está haciendo de este fenómeno, así que vamos a hablar de las pirámides de población españolas de 1981 y 2011. (Se han seleccionado estas fechas porque los censos se elaboran cada 10 años, siendo 2011 el más cercano al día de hoy).

En primer lugar, mostramos la pirámide de 2011. No vamos a discutir que muestra una población envejecida, e incluso si actualizásemos los datos a día de hoy el envejecimiento sería mayor, pues el grueso que en la imagen aparece entre los 30 y los 54 años ahora estará entre los 36 y los 60.

Pirámide de población de España 2011. (En valores absolutos)

Fuente: Censo de Población y Viviendas 2011 (INE)

Ahora vamos a ver la pirámide de 1981, una pirámide clásica con una base ancha que se va estrechando hasta llegar a una pequeña cúspide formada por los grupos de edad más altos. Presuntamente la ideal para un sistema de pensiones públicas.

Pirámide de población de España 1981. (En valores absolutos)

Fuente: Censo de Población y Viviendas 1981 (INE)

Hasta aquí llega el argumentario capitalista, pero vamos a completar con los datos de ocupación de estos mismos años y vamos a introducir dos conceptos nuevos a los que vamos a llamar grupos de población fuente y grupos de población sumidero, en una licencia comparativa con la biología. En una planta las zonas fuente son las que realizan la fotosíntesis (hojas) y abastecen con la energía generada por ellas a las zonas sumidero que la consumen (frutos, flores, etc.) Siguiendo con esta analogía los grupos de población fuente son los que trabajan para el sistema productivo (ocupados) y abastecen con su salario y sus impuestos a los grupos sumidero que los consumen.


Número de ocupados por sexo y grupo de edad en España 1981. (Valores absolutos y relativos)

Fuente: Censo de Población y Viviendas 1981 (INE)

Número de ocupados por sexo y grupo de edad en España 1981. (Valores absolutos y relativos)

Fuente: Censo de Población y Viviendas 1981 (INE)

El grupo sumidero más evidente, y que es el que nos ha llevado a esta reflexión, es el de los jubilados, esto es, a los mayores de 65 años a los que hay que pagar las pensiones y que tienen una tasa de ocupación muy baja en ambas tablas. No obstante, vamos a añadir otro, el de los menores de 25 años, ya que desde los 0 a los 16 años no se puede trabajar de forma legal y realmente hasta los 25 no se empieza a ver una tasa de ocupación de más del 50%. Además este grupo de menores de 25 también conlleva un gran gasto para el erario público, principalmente en forma de educación, pero también en sanidad y otros servicios, sin contribuir con su trabajo asalariado al sistema.

Si dejamos de ver la pirámide como una dualidad viejos/jóvenes y empezamos a verla como productores/consumidores nuestra interpretación cambia por completo.

Peso relativo de los grupos sumidero respecto al total de la población.

Fuente: Censo de Población y Viviendas 1981 y 2011 (INE)

Con esta interpretación resulta que el porcentaje de la población a la que hay que sostener a día de hoy es el 42%, mientras que hace 30 años era el 53%. De repente nuestra pirámide de población es mucho más sostenible, pues, aunque tengamos más población dependiente en la cúspide, tenemos mucha menos en la base; y esto que no hemos tenido en cuenta la variable sexo. Un vistazo rápido a las tablas muestra como en 1981 se podría considerar a la mayoría de las mujeres como grupo sumidero. Pese a que sin duda contribuían a la producción en forma de trabajo no retribuido realmente no cotizaban, por lo que el porcentaje del peso relativo de grupos sumidero de 1981 debería ser superior al incluir a las mujeres no ocupadas entre los 25 y los 65 años. De todo esto se desprende que en 1981, con una pirámide “favorable”, había muchos menos trabajadores y trabajadoras sosteniendo el sistema público, aunque esta perspectiva no interesa si el objetivo es desmantelarlo.

Consideraciones sobre los “problemas” y las “soluciones” demográficas.

  • Una población envejecida no es un problema: Que los grupos de edad más altos cada vez sean más numerosos es un motivo de alegría más que otra cosa. Significa que se han alcanzado unas mejores condiciones que han incrementado la esperanza de vida del grueso de la población y han reducido la mortalidad.

  • Un incremento de la natalidad no soluciona nada: En el dudoso caso de dar con la fórmula que hiciese que la gente, y más concretamente las mujeres, tomasen la decisión de tener más hijos (y que sin duda pasaría por una mejora de sus condiciones materiales) para ensanchar los grupos de edad de la base de la pirámide habría que esperar 25 años a que se incorporasen a la vida laboral, y hasta entonces solo harían que incrementar los grupos de población dependiente incrementado el supuesto problema. Además, esto no soluciona la contrariedad de que se acumulen ancianos en la cúspide, para conseguir la tan ansiada pirámide canónica habría de aumentar la mortalidad y nadie quiere eso, ¿no?

Otras consideraciones a tener en cuenta.

El argumentario capitalista hace aguas por muchos frentes, pero el objetivo de este artículo era cuestionar y desmontar únicamente el argumento demográfico. Dicho esto, es interesante apuntar otras líneas, en primer lugar, la productividad. A medida que aumentan las fuerzas productivas se requiere de menos fuerza de trabajo humana para mantener o incluso incrementar la producción, por lo que realmente se podría mantener el sistema público de pensiones incluso con menos trabajadores, o con los mismos trabajadores con jornadas más cortas, pero a la clase capitalista le resulta mucho más rentable utilizar esto para ahorrarse salarios y generar un ejército de parados que estén dispuestos a competir entre ellos rebajando sus pretensiones.

Esto nos lleva a una segunda consideración y es ¿por qué no sé cuestiona la insostenibilidad del sistema público reclamando salarios más altos y empleos de mayor calidad que permitan una mayor recaudación? o ¿por qué no se plantea un nuevo sistema de impuestos? Que nos expliquen por qué el crecimiento económico que supuestamente hemos retomado no solo no repercute en mejorar sueldos y servicios, sino que además se pretende continuar con la pérdida de prestaciones. Estas reclamaciones no deben hacernos caer en el reformismo, pues somos plenamente conscientes de que no se pone en duda la sostenibilidad de las pensiones porque no sea factible, sino porque hay otros intereses.

La acumulación por desposesión.

Marx hablaba de la acumulación originaria para referirse a la apropiación de la tierra que dio origen al proletariado, la clase a la que no le quedaba más que vender su fuerza de trabajo. Este proceso de apropiación de los recursos comunales y públicos no ha cesado desde entonces y es lo que David Harvey define como acumulación por desposesión. Tras una crisis de sobreacumulación como la acontecida en 2008 el capital se queda parado buscando inversiones rentables y una de sus fórmulas es la de la privatización de lo público. Tras otros bienes básicos como la energía o la vivienda, ya mercantilizadas en el pasado, el capital se mueve a la sanidad, la educación o el derecho a la jubilación. En este último caso, el plan consiste en devaluar las pensiones públicas de forma totalmente premeditada para dar a los fondos privados una nueva oportunidad de acumulación.

La conclusión que se extrae de todo esto es que un sistema público de pensiones para toda la clase trabajadora solo es inviable por la propia naturaleza del capitalismo que depreda todo aquello que alguna vez fue público o colectivo, y no por otros motivos disfrazados con tecnicismos como es el caso de la demografía. Es por esto que no tiene cabida una defensa reformista del estado de bienestar, pues el capitalismo solo hace ciertas concesiones a sectores muy determinados de la clase trabajadora (clases medias, si se me permite esta expresión, de los países imperialistas) por motivos estratégicos puntuales, pero el objetivo final siempre ha sido apropiarse de absolutamente todo lo que nos queda.

Juan Carlos Sánchez. Militante del PCPE