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Todas las medidas que adopta el imperialismo suponen más muertes y destrucciones contra los pueblos. Incluso las que aparentemente pueden tener un significado simbólico, se muestran como factores violentos que agudizan las contradicciones. Es la lucha de clases y en ella el imperialismo muestra su auténtica naturaleza destructora y hasta genocida.

Considerar a Jerusalén, la histórica Al-Quds árabe, como la capital de la entidad sionista no es una decisión caprichosa del jefe del imperialismo Donald Trump, sino que es una decisión política que incide en la expulsión material de los palestinos de su propia tierra y sirve los intereses sionistas e imperialistas de ir hacia la creación del “Gran Israel”, proyecto con el que se trabaja desde hace décadas con fines geoestratégicos en una zona de vital importancia para el capitalismo por las riquezas energéticas y acuíferas que dispone la región.

En ese proyecto diseñado, rediseñado, actualizado, etc, a través de los grandes acuerdos que la historia nos ha dejado (Libro Blanco, Declaración Balfour, Acuerdos Sykes-Pickott, tableros de Brzinski, Kissinger, etc.), el pueblo palestino es el sacrificado en este caso por estar en el lugar incorrecto y por oponerse a los planes hegemónicos del imperialismo. Su posición de lucha, le conduce inexorablemente a padecer una política de exterminio, de genocidio.

Ya la resolución 194 de la ONU de 1948 ponía las bases para esta aniquilación. Las salvajes agresiones de las fuerzas sionistas contra los campesinos y trabajadores en general, dieron lugar a un brutal desplazamiento de la población. Es lo que el pueblo palestino bautizó como “La Naqba” (El Desastre), y que empezó a generar millones de refugiados repartidos por todo el mundo, principalmente en los países fronterizos (Jordania, Líbano, Egipto).

Desde entonces, las distintas guerras y conflictos (algunos de escasa duración como la Guerra de los Seis Días), no han hecho nada más que agravar las condiciones del pueblo palestino en su justa lucha por la recuperación de sus territorios históricos. Una nueva resolución de la ONU en 1967 parecía establecer un marco territorial definitivo que tendría que conducir a la creación del estado palestino, pero los planes sionistas e imperialistas iban y van más allá. Si por algo se puede caracterizar la historia de EEUU, es porque incumple sistemáticamente los acuerdos que firma, todos son papel mojado para sus planes de hegemonía mundial y de sojuzgamiento de los pueblos. Ni Teherán, ni Yalta, ni Camp David, ni Oslo, ni ONU, ni nada. Los pueblos sólo tienen la herramienta de la lucha para poder vencer.

Las interpretaciones timoratas y alejadas de la caracterización del imperialismo y de la entidad sionista, llegan a convertirse en aliados objetivos de éstos. Falsear la lucha, haciendo un llamamiento a la negociación, es intentar anular la capacidad de combate del propio pueblo palestino y de la solidaridad internacionalista. La mayoría de los gobiernos burgueses de todos los países han estado consintiendo la represión contra el pueblo palestino así como las ocupaciones y bloqueos contra la población en Gaza y Cisjordania. Mientras tanto, la política de “tierra quemada” contra la población palestina, ha continuado por parte del ocupante sionista. El arrasamiento de propiedades campesinas, ocupación de viviendas, destrucción de infraestructuras, hospitales, colegios, envenenamiento de acuíferos y un sinnúmero de atentados a las condiciones materiales de la población palestina que mantiene una gran capacidad de resistencia a la salvaje ocupación, son hechos diarios que el pueblo palestino padece. Por tanto, lo que comenzó en 1948 continúa siendo el ejercicio permanente de la represión sionista que mantiene el objetivo de limpieza étnica, de genocidio. Por ello ancianos, mujeres y niños son víctimas diarias del terrorismo implantado por las organizaciones e instituciones sionistas.

Jerusalén es Palestina y la lucha del pueblo palestino, de sus organizaciones de clase y de la solidaridad internacionalista deben enfocar correctamente la lucha y los objetivos políticos hasta la total liberación de Palestina que supondrá la derrota del imperialismo.

Secretaría Internacional