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¿Cuéntanos Marina cuáles fueron los comienzos de esta lucha?

Nuestra lucha comienza hace ya más de dos años y medio, en marzo de 2015. Durante ese mes de marzo comenzamos las primeras movilizaciones que dieron lugar a la huelga que finalmente duró 370 días, de la que podemos decir que es la huelga más larga protagonizada por mujeres en nuestro país.

El trabajo de cuidados y reproductivo se ha cargado históricamente en las mujeres de clase obrera, cuando estos trabajos se profesionalizan en el capitalismo, éste se encarga de considerarlo un trabajo menor, de no darle valor a estas tareas y los salarios que se pagan son miserables. Por otro lado, la privatización de los servicios de cuidados, lleva a las empresas concesionarias a mecanizarlos con el único objetivo de enriquecerse a costa de la explotación de las trabajadoras, constándole en muchos casos la salud, y del dinero de pacientes y familiares.

La sobreexplotación y la discriminación de género que sufríamos con horarios excesivos, ratios imposibles y salarios de miseria, y ante la impasibilidad de la Diputación de Bizcaya, nos llevó a organizarnos y dar comienzo a las movilizaciones.

¿Han sentido, por tanto, la discriminación de género?

Por supuesto, desde que comenzamos la lucha se le ha intentado, por todos los medios, restarle valor. Por ponerte un ejemplo, nos han dicho que para qué realizamos reivindicaciones salariares si nuestro sueldo era un complemento en nuestros hogares, todo esto sin conocer nuestra realidad.

Muchas compañeras pertenecen a familias monoparentales, pero, aun así, el pensamiento patriarcal de que las mujeres, si tenemos compañero no necesitamos trabajar, sigue siendo una realidad. Además, quiero dejar claro que los centros de trabajos están hechos para hombres, la conciliación de la vida laboral y personal es una gran mentira. Las mujeres para lograr cierta conciliación debemos reducir nuestra jornada, lo que se ve reflejado en nuestro salario. Por eso, decimos que esta lucha ha sido también una lucha feminista.

¿Cómo se logró la unidad de todas las trabajadoras (5.000) de todos los centros de Bizcaya, y qué ha significado para ustedes esta lucha?

Al principio había miedo, y era natural, pero cuando comenzamos a movilizarnos, a salir a la calle, empezamos a empoderarnos, a perder el miedo, a darle valor a la consigna “si tocan a una, nos tocan a todas”, y debemos decir que el apoyo sindical que teníamos, sobre todo con ELA y la caja de resistencia fue fundamental para aguantar esta larga lucha, han sido 370 días, y en todo ese tiempo teníamos que llevar a casa los garbanzos. Desde aquí queremos poner de manifiesto que en toda lucha obrera es necesaria la existencia de una caja de resistencia, es fundamental.

La lucha es el único camino, la clase obrera tiene que estar unida y organizada, y el sindicalismo tiene que ser un sindicalismo de confrontación para lograr los objetivos, y lo más importante es que las luchas deben visibilizarse, porque lo que no se ve, no existe, al principio incluso, los medios de comunicación nos daban la espalda. Todo este tiempo hemos estado en la calle, realizando todo tipo de acciones, concentraciones, manifestaciones, acampadas, marchas… Lo más importante de la lucha ha sido el camino.

El pasado viernes 27 de octubre finalizó la huelga, tras una marcha de cinco días por todos los centros de Bizcaya, ¿se han conseguido todas las reivindicaciones?

Hemos conseguido firmar el convenio con mejoras salariales y reducción horaria, pero nos ha quedado pendiente la subida de las ratios, trabajamos con personas que están al final de su vida y debemos dedicarle el tiempo que necesiten, no podemos ser cronometradas ya que eso nos obliga a ir corriendo por los pasillos, a no dedicar a cada paciente el tiempo suficiente, a estar estresadas… La atención y los cuidados deben ser de calidad, estos centros tienen un alto coste para las familias y para la Diputación, que al fin y al cabo es el dinero de todos y todas pues se trata de dinero público. La Diputación se ha comprometido a subir estas ratios, y nosotras estaremos ahí para que esto se cumpla continuando la lucha.

La privatización de los servicios públicos, de la sanidad, la educación, los servicios sociales, el desmantelamiento que está llevando a cabo el capitalismo de estos servicios, lleva solo al empeoramiento de los mismos y al enriquecimiento de los empresarios. La clase trabajadora es la gran perjudicada de las privatizaciones, los salarios descienden, hay una mayor explotación, las jornadas se vuelven interminables, al mismo tiempo que juegan con nuestra salud, con nuestra capacidad crítica etc. Convierten en un negocio los servicios universales.

Secretaría feminista