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A poco más de un mes de la proclamación de la República catalana en el Parlament y de la aplicación del artículo 155 por el gobierno central, el escenario político catalán sigue instalado en la más absoluta incertidumbre y endiente del hilo de unas elecciones que difícilmente desatascarán la situación en el corto plazo.

-El bloque independentista lanzó un órdago y, coherente con el carácter de clase de sus máximos dirigentes, ha sido incapaz de mantener una dinámica de movilización sostenida y radicalización de la misma conforme al ambicioso objetivo marcado. Es de suponer la confusión de quienes sin saber qué es lo que queda del Procés y la República, no solo escuchan a muchos de sus dirigentes acatar el 155 para sortear la represión de estado, sino que les ven decididos a confiar todo a una elecciones convocadas por las “fuerzas de ocupación”.

-El españolismo centralista cada vez habla con la boca más chica de la reforma constituional y si abre el proceso será para recentralizar aun más la estructura del estado. Sin duda es lo más cohernete con su ADN franquista, pero más allá de ello, si asumen esa opción de confrontación que agudizará aun más el conflicto territorial, es por la necesidad de garantizarse el control absoluto y la aprobación de proyectos en infraestructuras multimillonarios del estilo de los trasvases de cuenca y los corredores ferroviarios. La defensa de sus intereses de clase reafirma la incapacidad del capitalismo español para resolver la cuestión nacional en el estado español.

-La metafísica del referéndum pactado en el que sigue instalado el reformismo -político y sindical- choca con la realidad de su inviabilidad. Pactar qué, con quién? No hay espacio para acordar nada progresivo en este contexto de confrontación determinado por marco constitucional burgués y monárquico. Tampoco la salida que nos proponen las fuerzas más radicalizadas del reformismo de hacer ahora, 40 años después, la Ruptura democrática es posible. Han pasado 4 décadas y en el capitalismo español, absolutamente integrado en la UE y la OTAN, no se puede protagonizar ningún cambio social democrático, progresista y de justicia social sin socavar los cimientos materiales del bloque de dominación oligárquico.

CADA DÍA MÁS CLARO

A pesar de la debilidad de nuestra posición y de la dificultad para abrirnos un espacio en este contexto en el que la clase obrera y el pueblo sigue llenando las calles pero no dirige nada, los hechos demuestran la superioridad de nuestra propuesta republicana, socialista y de carácter confederal. Nuestro valor principal es la coherencia, la fuerza de reivindicar la necesidad del liderazgo del pueblo trabajador en este proceso para generar cambios cualitativos en el mismo. Bajo dirección de la burguesía; con la mediocridad de su viaje a ninguna parte por la incapacidad que manifiestan para radicalizar la lucha y dar el protagonismo a las masas movilizadas, no hay cambios posibles en la correlación de fuerzas y, consecuentemente, en la posición hegemónica del gran capital.

ES LA HORA DE LA UNIDAD DE CLASE.

Como decía Pepe Díaz, los y las comunistas del PCPE lucharemos por el derecho de las naciones oprimidas a su autodeterminación porque sabemos que el pueblo que oprime a otro nunca puede ser libre. Ahí no nos cogerán con el paso cambiado al lado de la burguesía como le ha pasado a Paco Frutos o a otros tantos revisionistas que han sacado la patita del “gran español” que en plena coherencia joseantoniana les llevó a firmar durante décadas todo tipo de pacto social entre “españoles”

No, nosotros y nosotras, quienes desde el primer momento dijimos que adelante con la Independencia si valía para llevar a la clase obrera al poder convirtiendo esta crisis en crisis revolucionaria, insistimos que solo en la unidad de la clase obrera del conjunto de los pueblos y naciones que conforman el estado español, existe la fuerza para derrotar a la burguesía y, con ello, dar un primer paso para resolver el conflicto territorial dando solución a las legítimas aspiraciones de libertad de los pueblos que hoy sufren la opresión y la represión del estado.

No es una lucha fácil, la oligarquía jamás cederá posiciones sin usar antes la violencia. Tienen planes a, b y c y todos los que podamos pensar con los más diversas salidas al conflicto, incluida la caída de la monarquía si fuera necesario, pero en todas ellas el denominador común que las unifica, es la defensa de su hegemonía mediante el uso de la fuerza.

Para quienes estamos obligados a sacar conclusiones de estos hechos y hacerlo desde los principios y las posiciones científicas del marxismo-leninismo, no podemos concluir más que sin la fuerza de la unidad más amplia de la clase obrera y los sectores populares del conjunto de pueblos y naciones del estado español unidos en una nueva propuesta de estado, no será posible derrotar a nuestro enemigo común. Construyamos un nuevo paradigma nacional superador de la realidad actual y demos pasos efectivos para liquidar el pasado y entrar en una nueva etapa histórica en la que, junto a la explotación de clase, desaparezca también la opresión nacional que desde hace tantos siglos nos enfrenta y divide en beneficio de quienes nos explotan.

Secretariado Político del Comité Central del PCPE