Compartir

 

Cuando nos hablan de ecología o ecologismo primeramente pensamos con un tono despectivo en las florecitas, lechuguitas y animalitos como motivo de preocupación de estas organizaciones y partidos. Pero el pensamiento “ecologista” ha sido innato al pensamiento marxista.

Tanto Marx como Engels tenían en mente la naturaleza como una parte fundamental de estudio y análisis. De ahí surgen términos como metabolismo (que podemos encontrar en el tomo I de El Capital) o afirmar que el trabajo es el padre de toda riqueza y la naturaleza es la madre. Aquí se le podría criticar por tener una visión meramente extractivista de la naturaleza por la cual el hombre obtiene, mediante su trabajo, valores de uso.

En esto Engles, en su El papel del trabajo en la transformación de mono en hombre, sale a la palestra para desmontar esa crítica al marxismo por tener una visión que entiende la naturaleza como una cosa de la que sacar sólo materias primas. Engles tras hacer una descripción crítica de la tala indiscriminada de bosques, del transporte de especies animales y vegetales de unos países a otros transformando por completo la ecología de regiones, la quema de bosques y las consecuencias de la industrialización sobre la naturaleza, termina sentenciando que la naturaleza se venga por los atropellos que sobre ella se comenten.

Por consiguiente, hace un alegato ecologista: “Así, a cada paso que damos se nos recuerda que por regla general gobernamos la naturaleza como lo hace un conquistador sobre un pueblo extranjero, como alguien que está fuera de la naturaleza, cuando por el contrario, nosotros, con nuestra carne, nuestra sangre y nuestro cerebro, somos parte de la naturaleza, existimos en su seno, y que toda nuestra dominación sobre ella, consiste en el hecho de que tenemos la ventaja sobre todas las demás criaturas de ser capaces de aprender sus leyes y aplicarlas correctamente .”

Hay un periodo donde el comunismo abandona esta manera de pensar y se entrega al desarrollo industrial. Pero allá por las décadas del 60 y 70 del siglo pasado el pensamiento ecologista tal y como se entiende ahora se asentó en gran parte influenciado por el pensamiento ambiental y el naturalismo de los Nazis. En este periodo se crean en Alemania y los EE.UU. los partidos verdes o ecologistas.

También resurge dentro del marxismo, en todas sus vertientes, una vuelta al “ecologismo”. Tenemos a pensadores como Manuel Sacristán en España y en la República Democrática Alemana están Rudolf Bahro y Wolfgang Harich. Esta respuesta surgió debido a los problemas que la industrialización ya estaba causando en la Tierra: lluvia ácida, contaminación de aguas, miedo a la energía nuclear y se comenzaba a hablar tímidamente del agujero de la capa de ozono y calentamiento global.

Rudolf Bahro, al principio con una postura leninista, pedía que los comunistas se integraran en los partidos verdes y se participara en las organizaciones ecologistas porque éramos los únicos que podíamos hacerles ver a los ecologistas que sólo combatiendo el capitalismo podíamos resolver los problemas ambientales e inversamente, los ecologistas nos podían mostrar que ciñéndonos a sus objetivos podíamos hacer sobrevivir la humanidad. Afirmó que el rojo y verde combinaban bien. Pero abrazó posturas cada vez más socialdemócratas y cristianas abandonado totalmente el comunismo. Wofgang Harich con unas posturas muy claras en cuanto al marxismo y comunismo, atacando ferozmente al capitalismo, se convierte, digamos sin querer, en el padre del decrecimiento.

El marxismo desde sus orígenes ha tenido en mente la relación sociedad-naturaleza, no como algo a la que conservar sino como algo a lo que pertenecemos y debemos estar integrados.

Manuel Varo