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Casi el mundo conoce el diccionario de uso del español creado por la bibliotecaria y lexicógrafa María Moliner, y muchos y muchas lo hemos utilizado, sin embargo, casi nadie sabe quién fue María Moliner y cuáles fueron sus logros.

María nació en un pueblo de Zaragoza en 1900 inaugurando el siglo, pronto la familia se traslada a Soria, y más tarde a Madrid, allí cursan sus estudios, tanto María como su hermano Enrique y su hermana Matilde en la Institución Libre de Enseñanza, y es en esta institución donde María, comienza a sentir su vocación hacia la lingüística y la gramática, lo que la llevó a estudiar Filosofía y letras y especializarse en filología y lexicografía.

En 1922 aprueba las oposiciones del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Su primer destino fue el Archivo de Simancas, de ahí pasa al Archivo de la Delegación de Hacienda en Murcia y finalmente a Valencia, donde se desarrollará gran parte de su labor.

María Moliner tuvo un papel muy importante durante la II República, de 1929 a 1939 tomó parte activa en la política bibliotecaria nacional y colabora activamente con la Institución Libre de Enseñanza en diversos proyectos, especialmente en las Misiones pedagógicas, creó e impulsó una red de bibliotecas en Valencia, ciudad en la que vivía con el objetivo de llevar los libros y la cultura a todos los pueblos y ciudades de esta comunidad, porque era plenamente consciente de la necesidad de aprendizaje de la clase obrera y continuó con esta labor hasta el final de la Guerra Nacional Revolucionaria, lo que le supuso que ella y su marido fueran “depurados” por el franquismo y degradada de sus funciones.

María lleva a cabo la realización de uno de los diccionarios más importantes de la lengua española desde su “exilio interior”, durante quince años, en su casa, en silencio.

Una vez publicado la Academia de la Lengua lo utilizaba, al mismo tiempo que rechazaba la entrada de María Moliner en tal “insigne institución”, no fue hasta 1978 con la entrada de Carmen Conde, cuando se pone fin a tres siglos de veto machista, que continúa siendo una de las características de esta Academia.

Fallece en 1981 sin recibir más agradecimiento que el aquellos hombres y mujeres, niñas y niños que pudieron acceder a la cultura y a la lectura y elevar su conciencia como clase obrera en los años de la II República.

Sonia Iruela