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Nos encontramos ya en las vísperas de la Selectividad 2017, a estas alturas de curso ya se va notando la tensión en los estudiantes, las largas noches hasta las cuatro a base de café, la presión de saber que sin esa prueba todo lo que hayas hecho durante el curso no vale una mierda si no apruebas esos exámenes y tranquilo, que si eso no es bastante presión ya se encargarán de recordártelo.

¿Pero esta situación es igual en todos los estudiantes? Por supuesto que no, dentro de los estudiantes también existen las clases sociales. ¿O es que acaso tendrá las mismas facilidades el hijo de un banquero que el hijo de un trabajador? ¿O es que partirá de la misma situación un estudiante que compagine sus estudios con un trabajo para aportar económicamente a la familia que un estudiante que se encuentre con un entorno tranquilo y estable para el estudio?

Por no hablar de la alternativa de la Universidad privada, el hijo de quien puede permitírselo siempre tendrá la alternativa si no le da la nota de irse a una universidad privada pagando las costas; por el contra el hijo o hija de trabajadores si no le da la nota solo podrá lograr entrar en la privada con un esfuerzo sobrehumano de sus padres para pagársela, y eso en el mejor de los casos, ya que mayoritariamente se verá obligado a renunciar a estudiar una carrera e incorporarse al mundo laboral, con una cualificación menor que hará que por supuesto su fuerza de trabajo valga menos y sea el blanco perfecto de cualquier empresario que desee explotarle por una mierda de sueldo.

Por cosas como ésta los sindicatos estudiantiles, y los y las jóvenes comunistas, llevamos tiempo exigiendo la eliminación de esta prueba que solo pone los cimientos para el proceso de elitización de la universidad, junto a las elevadas tasas académicas en la pública y la falta de becas (que son temas que darían para otro artículo entero. Pero, ¿solo con suprimir la prueba de selectividad valdría? La aplicación de la evaluación continua por sí sola seguiría dejando en difícil situación a los hijos e hijas de familias trabajadoras, en desventaja frente a los hijos e hijas de familias con alto poder adquisitivo que pueden permitirse ir a centros privados donde, dentro de la lógica del máximo beneficio, a los gestores del centro les interesaría tener contentos a sus clientes y qué mejor que inflar un poco la nota de cara a selectividad, por no hablar de la comparación de ratios donde en la pública han crecido 5 veces por encima de la privada según el periódico El Mundo1.

Así pues, la única solución para los y las jóvenes de familias trabajadoras pasa por la nacionalización de todo el sistema educativo, lo cual comporta la supresión de la educación privada y la eliminación de los conciertos, para estar en igualdad de condiciones respecto al resto de estudiantes de orígenes más acomodados. Esto debemos tener claro que es imposible dentro del marco de un sistema capitalista que, agotado ya desde el punto de vista histórico, tiende a buscar beneficio privatizando todo servicio público para remontar su tasa de ganancia, a la par que trata de convertirnos a los y las estudiantes en mano de obra fácilmente explotable, situando una contradicción entre nuestros intereses y el de la educación de los empresarios. Por eso mismo, es necesario que cada estudiante de clase trabajadora entienda la necesidad de luchar contra este sistema educativo capitalista desde un sindicato estudiantil estatal y con un marcado carácter de clase, que no luche por consignas abstractas o sueños sino contra la educación de los empresarios y, a su vez, organizarse contra el mismo sistema que genera esta educación desde la Juventud Comunista.

Alejandro Fas Recatalà


  1. http://www.elmundo.es/sociedad/2016/09/14/57d92bebe5fdeadd718b45b2.html