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Lo primero que acude a nuestra mente cuando escuchamos el nombre de Alfonsina Storni es la imagen del mar, de un mar con olas en el que se adentra una mujer, poco a poco… Alfonsina y el mar.

Alfonsina Storni nació en un pueblo de la Suiza italiana, Sala Capriasca, el 29 de mayo de 1892. Sus padres, Alfonso Storni y Paulina Martignoni, de nacionalidad suiza se habían instalado en este pueblo, tras regresar de San Juan, Argentina, donde habían emigrado, como muchos otros europeos. Unos años después, deciden volver a San Juan, hasta que en 1900 se instalan en Rosario.

Alfonsina tuvo una infancia dura, llena de estrecheces económicas, debido a la crisis de finales del siglo XIX y también, a la inestabilidad emocional y laboral de su padre. Con sólo once años se ve obligada a dejar de estudiar para ayudar a su madre en sus labores de modista, cuando muere su padre, unos años después, comienza a trabajar en una fábrica de gorras, donde comienza a tomar conciencia. En más de una ocasión se la vio entregando panfletos el día del trabajo. Tras la fábrica, su nuevo trabajo es en una compañía de teatro donde decide retomar los estudios, en 1909 se matricula en la Escuela Normal Mixta de Maestros Rurales de Coronda, donde también trabajaría como celadora y obtiene el título de Maestra rural.

A punto de cumplir veinte años abandona Rosario, embarazada, para vivir en Buenos Aires, donde comenzará su vida como madre soltera desafiando los prejuicios de la época. Esto se verá reflejado en su libro de poemas La inquietud del rosal, en el que expresaba sus deseos como mujer y describía su condición de madre soltera sin ningún tipo de complejo. Hay que recordar que en Argentina es en 1946 cuando las mujeres pueden ejercer su derecho a voto.

Los primeros años en Buenos Aires no fueron fáciles, compaginaba la crianza de su hijo Alejandro, con varios trabajos y con su labor literaria, que desarrollaba en diversos medios, entre otros, Fray Mocho, Caras y Caretas, El Hogar, Mundo Argentino.

Poco a poco sus escritos y artículos la llevan a colaborar en La Nación, en la que escribe: “Llegará un día en que las mujeres se atrevan a revelar su interior; este día la moral sufrirá un vuelco; las costumbres cambiarán”. En sus artículos refleja la necesidad de acabar con el patriarcado que oprime a las mujeres.

En poco tiempo logró hacerse un nombre en el mundo literario de Buenos Aires y es de sobra conocida su amistad con grandes autores del momento, como Horacio Quiroga, Enrique Amorim, Gómez de la Serna o Federico García Lorca.

En 1927 estrena su primera obra de teatro, El amo del mundo, que fue duramente criticada por exponer en ella sus ideas feministas, aparece la censura y a los tres días se suspendieron las representaciones. Se defiende con uñas y dientes en un artículo titulado “Entretelones de un estreno”

En 1935 le diagnostican un cáncer de pecho, y se somete a una operación en la que pierde el seno derecho. A partir de ahí la muerte la obsesiona. Piensa en el suicido de su amigo Horacio Quiroga y lo considera un acto de valentía y de libre albedrío.

El 25 de octubre de 1938 Alfonsina, bajo una fuerte tormenta, se adentra en el mar tras escribir una carta a su hijo.

Murió como vivió, libre.

A. Rojas

 

VOY A DORMIR

Dientes de flores, cofia de rocío,

manos de hierbas, tú, nodriza fina,

tenme prestas las sábanas terrosas

y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.

Ponme una lámpara a la cabecera;

una constelación; la que te guste;

todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes...

te acuna un pie celeste desde arriba

y un pájaro te traza unos compases

para que olvides... Gracias. Ah, un encargo:

si él llama nuevamente por teléfono

le dices que no insista, que he salido..