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El cine de Oliver Stone no deja indiferente a nadie. Ni a sus detractores, siempre dispuestos a crucificarlo por considerarlo simplista y maniqueo, ni a sus defensores que ven en él un nuevo Costas Gravas, cuando no, un protestón Ken Loach a la americana.

Una cosa es cierta sin embargo, el cine del realizador de “Comandante”, aquel retrato íntimo y humano del líder cubano rodado en 2003, es un cine que se preocupa por las convulsiones que padece el mundo: guerras, crisis económica, mafia, narcotráfico, etc. En esta ocasión, el asunto que le interesa desarrollar, con su habitual estilo intenso y elocuente, es el del ex agente de la CIA Edward Snowden (convincente Joseph Gordon-Levitt), un joven y conservador ciudadano norteamericano, quien después de un malogrado servicio militar en una unidad especial del ejército yanqui en el año 2004, decide trabajar como informático en la NSA (Agencia de Seguridad Nacional).Con esta premisa, la historia se inicia en la habitación de un lujoso hotel de Hong Kong al que llega secretamente un circunspecto Snowden dispuesto a desvelar a dos periodistas del diario británico “The Guardian” toda una serie - más de 2 millones - de documentos clasificados top secret sobre programas de vigilancia mundial. ¿Cómo llegó hasta aquí el espía estadounidense?, y sobre todo, ¿por qué decidió delatar a los “servicios de inteligencia” de su país? Oliver Stone nos lo cuenta, en este film mezcla de thriller y cine de suspense, a partir de numerosos y dinámicos flashbacks que van configurando, en un espacio relativamente corto de tiempo, de 2004 a 2013, la evolución de Edward Snowden. Pasando de ser un joven patriota convencido de que el impresionante sistema de espionaje norteamericano servía para luchar contra el terrorismo internacional, a ser un ciudadano horrorizado cuando comprueba que todo está orquestado para que el Tío Sam controle informáticamente a países, líderes políticos y las vidas de miles de millones de seres humanos. Las secuencias a este respecto de la ramificación de la red de espionaje de todas las personas relacionadas parental o profesionalmente con la investigación de un sospechoso y la de la explosión de un objetivo militar o civil en un país lejano de Estados Unidos pulsando simplemente la tecla de un ordenador son absolutamente pavorosas.

Para todos los públicos

La película, que no es una de las mejores del director de la extraordinaria “JFK: caso abierto” (1991), y que seguro peca, asimismo, de un cierto convencionalismo al proponer la democracia formal como el antídoto a esos “excesos de seguridad nacional”, tiene el mérito sin embargo de ponernos en alerta frente a algo tan espeluznante como que el imperialismo yanqui pueda utilizar los adelantos tecnológicos más sofisticados para dominar y doblegar el mundo entero. Temor que queda confirmado claramente en la interesante entrevista que la cinta recoge del verdadero Snowden desde Rusia, país que le concedió asilo político en agosto de 2013, después que Estados Unidos decidiera perseguirlo por espionaje y alta traición.

A todas luces, material pedagógico apto para TODOS los públicos.

Rosebud