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Cuatro años. Casi cuatro años han pasado desde la última huelga general en la educación, en aquel lejano octubre de 2013. Por fin, el próximo 9 de marzo toda la comunidad educativa saldrá de nuevo a las calles y se fundirá en una sola voz, una voz que gritará alto y claro que no vamos a tolerar más recortes y privatizaciones; y no sólo eso, sino que estamos preparados para reconquistar la educación que nos han estado arrebatando durante estos últimos años.

Han sido más de tres largos años sin una gran movilización unitaria en la educación. Ha habido huelgas y manifestaciones en los distintos sectores; los estudiantes, por ejemplo, hemos seguido nuestro camino y hemos salido a la calle en varias convocatorias para protestar contra los constantes ataques a la educación pública. Sin embargo, éramos conscientes de que únicamente con nuestra fuerza no bastaba, de que uniendo nuestras fuerzas con las de los demás actores de la educación seríamos mucho más fuertes. Y con tesón y amplitud de miras finalmente se ha logrado convocar esta jornada del 9 de marzo.

Además, todas estas huelgas y manifestaciones estudiantiles no siempre han sido convocadas con inteligencia, generosidad y en los momentos oportunos, pues organizaciones como el Sindicato de Estudiantes no han trabajado codo a codo con el estudiantado, sino de espaldas a él y en función de sus propios intereses, más movidos por atraer la atención de los focos mediáticos que por servir de herramienta a los y las estudiantes.

¿Y por qué hace tanto de la última huelga general en la educación? Si ampliamos el foco, nos daremos cuenta de que también hace varios años de la última huelga general en España, más tiempo aún: desde 2012, y pese a todos los ataques indiscriminados contra la clase trabajadora de este país, no se convoca una huelga general. La lejanía de ambas fechas no es casualidad, todo tiene una explicación: entre otros factores, ha sido clave la aparición de nuevos partidos políticos, y especialmente la de Podemos. La primera mitad de la legislatura del PP tuvo una amplia contestación social en las calles; en aquel periodo tuvieron lugar la citada huelga general (noviembre de 2012) y las dos últimas huelgas generales en la educación (mayo y octubre de 2013). Pero en la segunda mitad (Podemos nació en enero de 2014) vimos reducirse considerablemente el número de huelgas y manifestaciones, ya que mucha gente depósito su confianza y su esperanza de un cambio social en Podemos, cuya apuesta contemplaba exclusivamente la vía institucional. Así, Podemos transformó en votos la frustración de amplias capas de la población, y la acción y el debate políticos pasaron de las calles, donde históricamente la clase obrera ha obtenido sus grandes victorias y conquistas, a los parlamentos.

En este amplio ciclo electoral, que comenzó con las elecciones al Parlamento Europeo en mayo de 2014 y terminó con la investidura de Mariano Rajoy en octubre de 2016, tampoco la educación escapó al fenómeno de la desmovilización social. Muchos pensaron que por la vía electoral podrían revertirse todos los procesos de privatización de la educación pública, y destinaron sus fuerzas a ello. Sin embargo, muchos estudiantes y trabajadores éramos conscientes de que por las urnas no vendría ningún cambio profundo, de que esto sólo lo lograríamos con organización y lucha social. No hay caminos alternativos o atajos en el marco capitalista actual, en el que la Unión Europea actúa como camisa de fuerza y los gobiernos se limitan a acatar sus imposiciones, con márgenes de actuación muy pequeños que los diversos partidos –representantes de la oligarquía– presentan como grandes diferencias ideológicas.

El próximo 9 de marzo es, ya de por sí, un éxito de la comunidad educativa. Tras casi cuatro años de protestas y movilizaciones dispersas, por fin saldremos a la calle todos juntos. Hasta entonces toca seguir trabajando concienzudamente para que sea una jornada histórica. Sólo lo será si esta movilización redunda, al día siguiente, en un mayor número de estudiantes y trabajadores organizados, pues sólo con la organización y la lucha obtendremos la educación pública, gratuita y de calidad que el pueblo trabajador se merece.

El 9 de marzo, contra la privatización de la UE

¡Por una educación al servicio de la clase obrera!

#YoVoyTambién