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Un hecho innegable en el PCPE es que desde sus inicios ha existido una brecha entre el número de mujeres militantes, frente al número de hombres, en la actualidad, podemos decir que el partido lo integran un 20 % de mujeres, frente a un 80% de hombres. En esta fase de construcción del Partido y en este momento de agudización de la lucha de clases, es absolutamente necesario llevar a cabo un análisis que nos permita reconocer cuáles son las causas de que esto siga siendo así y, sobre todo, de ser capaces de superarlas, de darnos cuenta de en qué estamos fallando, porque sólo de esa manera podremos avanzar en la incorporación de las trabajadoras a nuestras filas.

La falta de militancia de las mujeres trabajadoras es algo que no sólo se advierte en el PCPE, sino que es algo que se da en todos los ámbitos de la lucha obrera, en los sindicatos, en comités de empresa etc., en cambio, si podemos observar una mayor implicación de las mujeres en las Asociaciones de Vecinos y en las Asociaciones de Padres y Madres, principalmente, porque afecta al ámbito donde se desarrolla su “vida familiar”, tal y como se les ha inculcado. Por ello, como el partido de vanguardia de la clase obrera sabemos que este debate necesita de una mayor discusión y reflexión.

El sistema en el que nos encontramos, el capitalismo, y la sociedad en la vivimos hegemónicamente burguesa conforman una superestructura muy potente, con unos dogmas que pueden filtrarse por cualquier resquicio en la vida partidaria si la militancia no es capaz de reconocer esta influencia, si no es capaz de desprenderse del traje a medida que supone, y al que, casi sin darnos cuenta, nos hemos acomodado.

Si echamos la vista atrás, podemos ver dos ejemplos que se han dado en el histórico PCE durante la anterior dictadura que pone de manifiesto la influencia de la superestructura burguesa, el primero, aunque las comunistas tuvieron un papel transcendental en la reorganización y mantenimiento del PCE en la clandestinidad a principios de los 40, en un momento de ausencia de dirigentes masculinos, fueron relegadas a tareas auxiliares con poca visibilidad y escaso reconocimiento desde que estos volvieron a retomar sus cargos, y, el segundo también, durante la dictadura, vemos como hubo una clara división sexual del trabajo en las guerrillas de Levante y Aragón con exclusión de las mujeres en el monte.

No podemos permitirnos este tipo de prácticas en el PCPE, y la única manera de no caer en estos errores es la toma de conciencia de nuestra militancia a través del debate y la formación, porque muchos y muchas camaradas reproducen prácticas patriarcales sin reconocerlas, o aún reconociéndolas, sus prejuicios les impiden romper con lo establecido y admitir que existen otras formas de opresión que no pueden ser reducidas a la dominación de clase. Las trabajadoras compartimos con el conjunto de la clase obrera la explotación intrínseca a la contradicción principal capital-trabajo pero además asumimos la responsabilidad de los cuidados y la reproducción de la clase, creándose las bases materiales para sufrir en mayor medida la opresión y la violencia machista

Desde el PCPE tenemos que hacer nuestras las reivindicaciones de las mujeres trabajadoras, y aquellas que les afectan por cuestión de género tienen que formar parte de nuestro programa, de manera transversal, solo de esta manera las trabajadoras se sentirán identificadas con nuestro proyecto.

En la actualidad las mujeres que se acercan al Partido, por lo general, son trabajadoras implicadas ya en las luchas obreras y estudiantes con un alto grado de conciencia, muchas ya reconocen la condición de doble opresión a la que estamos sometidas, sin embargo, debemos evitar la “especialización” de las mujeres en este ámbito, la militancia tiene que tener una integración natural, no podemos permitirnos repartir las responsabilidades, por el hecho de ser de un género o de otro, pues esto relega a las mujeres militantes al trabajo en un solo ámbito, sin tener en cuenta sus capacidades. Por otro lado, debemos hacer un esfuerzo para que exista una conciliación real de la vida militante, profesional y familiar de nuestras militantes.

Sonia Iruela