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La benévola sentencia del llamado caso de las tarjetas black de Bankia, condena a José Antonio Moral Santín a 4 años de prisión por el expolio de 456.522€ de la entidad financiera de la que durante un buen número de años fue consejero en representación de Izquierda Unida.  Un veredicto profundamente clasista en el que, una vez más, la justicia burguesa vuelve a pasar la mano por encima de quienes por todo lo saqueado durante años aprovechándose de su responsabilidad política, solo pagarían su culpa devolviendo la totalidad de lo robado y pudriéndose en la cárcel hasta el fin de sus miserables días  

Difícil será, como demuestra el caso Noos, que cumplan su condena, pero por ladrones y por el aprovechamiento ilícito de su cargo público, el mencionado Moral Santín y todos sus colegas de banquillo, lo único que merecen es arder eternamente  en el lago de brea hirviente que soñara Dante Alighieri para este tipo de gente.

Pero por lo conocido y público de este enésimo atraco de los gestores del capitalismo español, no merecen estos tipos ni un pensamiento, ni una línea más para reafirmarnos en lo deleznable de una conducta que, por otra parte, no dejaremos jamás de repetir que es absolutamente intrínseca al capitalismo y que nada tiene que ver con ninguna especie de maldición o condicionante del carácter de los españoles.

Sin embargo, en UyL sí parece necesario hablar del que antes de ladrón fue miembro del CE del PCPE y destacado dirigente de la fracción que a finales de 1988 saltó a la palestra para integrarse en el eurocomunista PCE liderado por Julio Anguita.  Trabajamos con la hipótesis de que quizás solo podamos interpretar su evolución si profundizamos en el origen de la degradación ética y política de una persona que, como todo aquel que va el primer día a la sede a afiliarse al Partido o a la Juventud comunista, se le supone que solo pensaba en “ser como el Che”. 

Camino transitado por muchos otros de los que, para evitar cargar las culpas únicamente al hecho de ser Moral Santín un “intelectual” universitario, nombraremos al obrero de CASA y posterior secretario general de CCOO en Madrid, Fidel Alonso.   Obrero, sindicalista y comunista que de corrupción en corrupción llegó a ser un destacado y acaudalado promotor de viviendas en el Sur de Madrid

¿Qué es lo que le pasa a todas esas personas que, con mayor o menor éxito, hacen ese tránsito de la ideología revolucionaria a las prácticas más abusivas del capitalismo? ¿qué mutación se produce? ¿qué razones esconde este cambio? ¿dónde está su origen?

Serán muchos los aspectos y las causas que terminan por apartar definitivamente  a una persona de la moral revolucionaria  para asumir  la burguesa; serán condicionantes materiales los que en un alto porcentaje de las ocasiones acaben en última instancia inclinando  la balanza, pero en esta diversidad de aspectos a analizar, casi siempre encontramos el mismo denominador común de inicio: la participación en una fracción y, consecuentemente, la  anteposición  para resolver cualquier debate o conflicto en el Partido de una postura individual o grupal a las decisiones orgánicas.

Quien transita esta práctica anti Partido tan característica del Eurocomunismo en la que se vulneran los principios más básicos de la organicidad leninista, deja abierta la ventana a la penetración en su cabeza, en su corazón y en su bolsillo  de todo tipo de posiciones ideológicas burguesas.  Sea cual sea la excusa y utilizando el argumento que sea en pro siempre de un hipotético y meteórico desarrollo del Partido, quien participa de una fracción se anula como militante comunista y pierde la ética revolucionaria que “como el Che”  jamás debiera dejar de  ser nuestra guía y referencia vital.

Atentar contra la unidad del Partido, robarle su patrimonio, suplantar a los órganos, buscar una liberación que compense los servicios prestados y acabar robando a manos llenas como lo ha hecho Moral Santín, es solo el final de una larga espiral de degradación que se inicia en el momento en que se quiebra la lealtad más básica a la confianza depositada por el resto de camaradas y se trabaja con la mentira, la manipulación y el desprecio a los órganos.

Aprendamos de los ejemplos mentados y de otros que, como Ángel Campos, pasaron del CC del PCPE y la Comisión Ejecutiva Confederal de CCOO a liquidadores de empresas transitando antes por los inconfesables despachos de la traición.  Sirvan sus ejemplos para activar la vigilancia revolucionaria que impida el desarrollo de estas dinámicas y proteja a las nuevas generaciones de militantes de repetir estas desagradables experiencias que, además de desprestigiarnos y debilitarnos, nos alejan de las verdaderas prioridades partidarias.

Luchemos para borrar su legado sin olvidar jamás sus nombres.  Nunca más nuestras filas pueden albergar procesos que permitan anidar individuos como Moral Santín, Ángel Campos, Fidel Alonso, Manolo Monereo, Alfred Clemente, Víctor Jorge o Ángel Pérez por nombrar solo algunos de los más destacados traidores.

Su lugar no está ni entre nosotros, ni en ninguna de las organizaciones de la clase obrera;  su sitio más allá de las filas del oportunismo y los consejos de administración de determinadas empresas, está junto al traidor Antenor sumergidos eternamente boca arriba bajo el hielo en el noveno y más terrible círculo del averno al que los conducirá la victoriosa lucha de la clase obrera.

Alberto González