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Hace poco hablábamos del aumento del gasto militar por la adquisición de nuevos y nada baratos juguetitos para el ministerio de la guerra, perdón, quise decir de defensa. Acabado 2016 podemos cuantificar realmente ese gasto del Estado español y el destino de una nada desdeñable cantidad de millones.

En 2015 se aprobaban los Presupuestos Generales del Estado para 2016, concretamente el gasto militar previsto era de 5.787,89 millones de euros, 0,35% más que el año anterior. Pero entre pitos, flautas, aviones, helicópteros y demás instrumentos de destrucción masiva, el gasto del Ministerio, se incrementó unos 1.000 millones más, hasta 6.899,22 millones. Y lo peor… Lo peor es que ese gasto es la punta del iceberg, permanecen ocultos y dispersos en otras partidas numerosos gastos militares.

La OTAN incluye en su definición de “gasto militar” una serie de conceptos que nuestros gobernantes no creen conveniente sumar al ya citado, es decir, los gastos vinculados directa o indirectamente a la defensa. Entre esos gastos se incluyen: los presupuestos del Ministerio de Defensa, los gastos de otros Ministerios en relación a la defensa, los gastos de las clases pasivas militares, los del Instituto Social de las Fuerzas Armadas (ISFAS), los de la Guardia Civil, FRONTEX y política de inmigración irregular, de créditos de Investigación y Desarrollo… y así podríamos seguir hasta unos veintes conceptos, más o menos.

Entrando en cantidades concretas que los Presupuestos dejan al margen, el total del gasto militar este 2016 se calcula, aproximadamente, pues son cifras prácticamente casi imposibles de conocer, guardados a buen recaudo, en 30.928,86 millones de euros. En este total se incluyen entre otros, por poner algunos ejemplos: pensiones y prestaciones a familiares de militares, 3.268,34; Organismos Autónomos Militares, tales como el Instituto de Vivienda, Infraestructuras y Equipamiento, 1.735,45; Ministerio de Interior 2.658,30 y Exterior 201,17, así como el de Industria, Fomento, Hacienda, etc.; y por supuesto, en deuda militar 16.127,63. Todos los datos en millones de euros. Mareo de cifras y de partidas que sirven al único fin de ocultar el derroche y lo gastado en el negocio de la guerra a mayor gloria de las empresas del ramo y de la OTAN.

Hablar de gasto militar significa hablar de la industria que lo mueve. La Industria militar española acumula cerca de 300 empresas a las que hay que sumar industrias auxiliares a su servicio. Industrias, por cierto, altamente rentables que, entre otras cosas, gozan de una exención más en los impuestos del IVA en su tráfico económico con los países de la OTAN y que recibe “préstamos reembolsables” a interés cero.

Y… ¿Para qué todo este gasto? El Estado español actualmente participa, según datos oficiales, en 17 operaciones en el exterior (Somalia, Sophia, Irak, Senegal, Turquía, Líbano…). Operaciones que nos venden como filantropía militar, guerras altruistas, sin ningún interés expoliador ni económico y que únicamente se emplean, para asegurar la paz, en los países carentes de motivación geoestratégica o política.

La clase trabajadora no necesita que los Gobiernos de turno de la oligarquía empleen millones de euros en guerras cuyo coste no es solo económico, sino que conlleva muertes, desplazamientos, enfermedades, secuelas incurables, destrucción de ciudades completas y un largo etcétera de devastación para los pueblos del mundo y en especial para obreros y obreras de los países expoliados.

El pueblo trabajador necesita inversiones en educación, sanidad, necesita mejorar sus condiciones laborales y, desde luego, la desaparición de este sistema que, en su fase actual, necesita de la guerra imperialista para mantenerse, que tiene uno de sus negocios en matar y que prevé en 2017 seguir ali

 

mentándose de los PGE, aumentando un 30,5 % estos gastos parasitarios. Revertir esta situación pasa por la salida de la OTAN y de las estructuras militares imperialistas, así como por el retorno de las tropas de ocupación regadas por el mundo y por levantar un amplio movimiento por la paz y contra la guerra.

Alba AK Molina