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Hoy Colombia vive una situación excepcionalmente compleja. Los acuerdos de Paz firmados en La Habana entre las FARC-EP y el gobierno colombiano abren la posibilidad para los y las comunistas colombianos de poder ejercer la actividad política abiertamente, abren nuevas perspectivas para el campo colombiano y dan una salida al problema de los cultivos ilícitos. Pero desgraciadamente parece que la historia se repite, e igual que con los diálogos de La Uribe en los años 80 y el posterior exterminio de la Unión Patriótica, el gobierno y la oligarquía se han conjurado para impedir el fin del conflicto armado.

Una vez firmados los acuerdos, estos no se están aplicando en los plazos señalados, la preparación de la Zonas Veredales donde la insurgencia debe desplazarse, la amnistía, el establecimiento de la Jurisdicción Especial para la Paz, lo relacionado con el campo y otras muchas acciones pactadas o no se están ejecutando, o se hace parcialmente y con sentido restrictivo o como en el caso de la amnistía se hace tarde, mal y con una interpretación restrictiva de lo acordado.

Pero lo más grave es que el desmantelamiento de los grupos paramilitares no se está realizando, y hasta el propio ministro de defensa niega su existencia. Mientras el gobierno mira hacia otro lado cientos de líderes sociales, campesinos y sindicalistas son asesinados. Desde la ratificación parlamentaria de lo acordado, el 1 de diciembre, 15 dirigentes populares han sido asesinados. 1 cada 3 días. Esta situación es insostenible, las FARC-EP han reiterado su compromiso con lo firmado, pero el Estado y la oligarquía parecen desarrollar otra agenda opuesta a una paz estable y duradera.

En La Habana no se firmó ningún avance revolucionario, ni ningún cambio de paradigma en las relaciones de producción y en la propiedad. Los acuerdos de Paz intentan garantizar la supervivencia del campesinado pobre y la abertura de los canales democrático-burgueses que permitan la acción política abierta.

Las FARC-EP en este tránsito de organización político-militar a organización política prepara la presentación de una plataforma política amplia. Hoy es un deber del polo leninista del Movimiento Comunista Internacional apoyar y acompañar a los camaradas del Partido Comunista Clandestino de Colombia, como Partido de Nuevo Tipo Marxista-Leninista en Colombia. Ese apoyo debe ser político, material y técnico, las necesidades que se manifiestan en este tránsito son múltiples, el paso de una concepción de Partido armado, que durante 52 años ha combatido heroicamente a un Estado apoyado con miles de millones de dólares por los Estados Unidos e Israel, a la de un Partido que ejerce su actividad en la semiclandestinidad no es sencillo.

Se necesitan técnicos y profesionales en diversas áreas, especialmente en las relacionadas con la producción y gestión agrícola. Se necesitan recursos para sostener los campamentos y las estructuras políticas. Y se necesita explicar el proceso político que empieza, denunciar y visibilizar los asesinatos y vulneraciones de lo acordado por parte del Estado.

El PCPE ha estado junto a la lucha de los y las comunistas colombianos siempre. Lo ha estado cuando hablar de las FARC-EP era anatema por parte de la izquierda institucionalizada, y lo estará ahora. Debemos organizar actividades diversas enfocadas a dar a conocer el proceso político y a buscar apoyos materiales y técnicos,

El internacionalismo proletario no es un concepto vacío, es uno de los elementos fundamentales de nuestra ideología y nuestra práctica, y en el caso colombiano es un ejercicio de mínima dignidad militante.

Víctor Lucas