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En la Encuesta de Población Activa (en adelante EPA) correspondiente al tercer trimestre del pasado 2016 se publicó, con el júbilo de nuestros gobernantes, que el paro había descendido hasta la cifra de 4.320.800 trabajadoras y trabajadores parados.

Esta cifra, que más allá de las consideraciones sobre si la clase obrera debe o no aceptar como válida una tasa de paro estructural del 18% de la población activa, es en sí misma engañosa.

Para empezar, los datos con los que se configura la EPA vienen determinados por la Organización Internacional del Trabajo (en adelante OIT) y consideran trabajadora o trabajador parado a aquellas personas que no tienen empleo asalariado o empleo independiente, que están actualmente buscando empleo y que se encuentran disponibles para trabajar.

Y es en esta definición en la que se esconde el engaño, porque lo que no dice esta definición es que se puede considerar tener un empleo. Así, se considera trabajador a las personas de 16 y más años que durante la semana de referencia han tenido un trabajo por cuenta ajena (asalariados) o ejercido una actividad por cuenta propia, pudiendo haber estado durante dicha semana:

- Trabajando al menos una hora a cambio de un sueldo, salario, beneficio empresarial o ganancia familiar, en metálico o en especie.

- Con empleo, pero sin trabajar, es decir, ausentes de su trabajo, pero manteniendo un fuerte vínculo con él. La fuerza de este vínculo se determina de acuerdo con la creencia del entrevistado en reincorporarse o no a la empresa y con la percepción o no de algún tipo de remuneración.

Visto esto, la lectura política de las cifras debe cambiar sustancialmente. Con este criterio, una trabajadora o un trabajador que trabaja una, dos o tres horas a la semana se consideran trabajadores activos, aun cuando en modo alguno pueden ganar el dinero suficiente para mantenerse a sí mismos y a su familia.

De hecho, de conformidad con el criterio expuesto antes, aquellos trabajadores y trabajadoras que se encuentran en situaciones de excedencia, con el empleo suspendido por un ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo), o incluso, aquellas y aquellos trabajadores a los que envían al paro durante 3 meses con la promesa de volver a trabajar después (algo que es crónico para las y los profesores interinos, por ejemplo), son considerados trabajadores y trabajadoras activos para la EPA.

Continuando con el análisis de la situación, podría entenderse que las situaciones que acabamos de explicar a modo de ejemplo son situaciones excepcionales y que no tienen relevancia real a la hora de realizar una encuesta del calado de la EPA.

Sin embargo, esta suposición queda descartada cuando continuamos con el análisis de los datos de la EPA y comprobamos que, en total, el empleo a tiempo parcial representa el 14,9% del empleo total, mientras que el empleo temporal representa el 29% del empleo total.

Por otra parte, es importante comprobar cómo otro de los factores que posibilita la engañosa cifra que señalamos en el título de este artículo, es que la población activa lleva cinco trimestres consecutivos en descenso, es decir, cada vez se considera que hay menos personas “demandantes de empleo”, ya que tras años de paro crónico, muchos de las y los trabajadores parados pierden la esperanza y, sencillamente, dejan de incorporarse en el Servicio Estatal Público de Empleo (SEPE) como parados.

En conclusión, podemos responder a la pregunta que da título a este artículo con rotundidad: no somos solo 4.320.800. Todo lo contrario, esa cifra responde de manera mayoritaria al paro crónico que necesitan las y los empresarios para mantener los salarios bajos. Somos muchos y muchas más los que aparecemos como trabajadores y trabajadoras de alta, aunque la estadística considere que se puede considerar trabajo a un contrato de un mes a media jornada.

Luis Muñoz Gutiérrez