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El pasado 4 de diciembre de 2016 se celebró un referéndum en Italia en el que se preguntaba al pueblo italiano lo siguiente:

"¿Aprueba el texto de la ley constitucional concerniente a la supresión del bicameralismo paritario, la reducción del número de parlamentarios, la contención de los costes de funcionamiento de las instituciones, la supresión del CNEL y la revisión del título V de la parte II de la Constitución, aprobado por el Parlamento y publicado en la Gaceta Oficial número 88 del 15 de abril de 2016?"

El resultado del mismo fue la victoria del "NO" por un resultado de 59,11% frente a un 40,89%, es decir, una victoria clara de los partidarios de no reformar la constitución italiana, tras lo cual y, como consecuencia directa, el primer ministro Renzi ha dimitido.

Una explicación breve de qué suponía esta reforma constitucional para el pueblo trabajador italiano era, fundamentalmente, una mayor centralización del poder en el ejecutivo central que permitiera facilitar la aplicación de las medidas antipopulares orquestadas desde la Unión Europea, y que minaba los escasos resortes de participación democrática de los que dispone el pueblo italiano bajo la dictadura del capital monopolista.

De este modo, tras el fracasado intento de reforma constitucional, la cuestión es ver qué aprendizaje puede obtener nuestro pueblo de lo que ha sucedido en Italia y cómo podemos incorporar estas experiencias a nuestra lucha diaria.

En primer lugar, el resultado del referéndum en Italia ha mostrado los estrechos márgenes democráticos que permite la dictadura del capital.

La democracia, entendida como poder del pueblo, dentro del sistema capitalista es poco menos que una utopía. Para empezar, la capacidad para ser elegido viene completamente condicionada a los intereses de clase que defiendas.

Así, la cantidad de dinero que tengas condiciona las posibilidades de llegar al pueblo a través de una gran campaña y esta, a su vez, depende de la cantidad de dinero que puedas tener o conseguir, normalmente, a través de donaciones por parte de grandes empresas. En consecuencia, si defiendes los intereses de los trabajadores y, por tanto, no defiendes los intereses de los empresarios, no tendrás dinero para competir en igualdad con los que sí lo hacen, reduciéndose notablemente tu capacidad para llegar a las grandes masas.

De otro lado, nuestra capacidad para elegir es reducida, y es que los trabajadores y las trabajadoras no tenemos la soberanía, simplemente se utiliza nuestro voto como termómetro para saber qué acogida tendrán las medidas políticas que requiere el capital en cada momento.

Del mismo modo que ha actuado el Gobierno italiano, actuó previamente el Gobierno de Tsipras en Grecia o el de Cameron en Reino Unido, sin embargo, ¿qué ha cambiado para el pueblo trabajador?, ¿quién decide qué se produce, cuánto se produce, cómo se produce, a qué se dedica la riqueza nacional?, ¿qué intereses prevalecen?, ¿los del pueblo trabajador o los de los monopolios?

La lección debe quedar bien aprendida, las herramientas que los monopolios utilizan en cada momento para imponer sus intereses sobre nosotros, legitimando su sistema de dominación, sirven a su propósito de hacer creer que las decisiones políticas en defensa de sus intereses son tomadas por el pueblo.

Ni el referéndum legitima la explotación de la clase obrera italiana, ni la dimisión de Renzi dota de carácter democrático al sistema político italiano. En ningún país capitalista el pueblo trabajador tiene la posibilidad de decidir qué hacer con su futuro y cómo gestionar los recursos económicos de su país, y este referéndum solo es otro ejemplo de ello.

Luis Muñoz Gutiérrez