Compartir

Desde el 2015 Yemen está sufriendo una guerra de agresión imperialista, que en occidente se vende como una simple guerra civil, en la que Arabia Saudita participa de manera desinteresada evitando el derramamiento de sangre civil.

La “fatalidad” hizo que, al final de la primera década de este siglo XXI, aparecieran “operativos de Al-qaeda” o “Al-CIA” en la parte sur del país. Rápidamente los Estados Unidos realizaron prácticas de tiro y bombardeos selectivos. El objetivo prioritario de EEUU es evitar la influencia de Rusia, de China y de Irán en esta importante zona estratégica.

En el 2015 se inicia la operación “Tormenta Definitiva”, llevada por Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Baréin, Catar, Egipto, Jordania y Marruecos y liderada por Arabia Saudita, y que busca la aniquilación de la etnia hutíe a la que se le acusa de ser patrocinada por Irán. Hay que decir que, si bien los hutíe son chiitias, no tienen ligazón religiosa ni económica con Irán y son cerca del 50% de los habitantes del país.

Una mención especial merece la aportación de los Emiratos Árabes Unidos con un contingente de unos 1.800 mercenarios internacionales, y en el que hay unos 480 mercenarios llegados de América Latina para poner en práctica lo que aprendieron en la “Escuela de las Américas” de Panamá, y los conocimientos que transmitieron los mercenarios israelís contratados por los narcotraficantes colombianos.

La verdadera razón por la que Arabia Saudita ha abanderado esta agresión no es religiosa, es económica: el control del Estrecho de Bab Al-Mandab —un punto de estrangulamiento (“chokepoint”) a los dos lados de Yemen y Somalia, donde transitan 3,5 millones de barriles al día—, y la usurpación de las reservas petrolíferas del sur del Yemen que son mayores de las que tiene Arabia Saudita.

Este conflicto está ligado a la agresión imperialista a Libia o a Siria, donde Arabia Saudita tiene un protagonismo estratégico siendo parte cómplice en la formación y financiación del llamado Estado Islámico.

Arabia Saudita no solo recibe el beneplácito del imperialismo norteamericano, sino también del de la UE de la mano por una parte de Francia. Tomando parte sus buques de guerra, en coordinación con los de Estados Unidos, en los bombardeos de hospitales, mercados y mezquitas donde los muertos son civiles.

También recibe el apoyo del Estado español que, lejos de mantenerse neutral, acaba de cerrar un trato en el que vende armas por valor de 43 millones de dólares a Arabia Saudita. Cifra que hay que sumar a los 447,6 millones de euros que se le vendieron en el primer semestre de 2015, y a la construcción de 5 corbetas por valor de 2.000 millones de dólares. La sangre yemení se convierte en oro para la industria armamentística española. El Estado español es un fiel aliado de los Estados Unidos y de la UE. La burguesía española, de esta manera, es cómplice de que 7,4 millones de niñas y niños yemeníes estén en extrema necesidad de ayuda médica; de que 370.000 estén en riesgo de desnutrición aguda severa; además de las y los 7.000 muertos y 37 mil heridos y heridas desde el inicio de la agresión a Yemen.

Las y los antiimperialistas nos solidarizamos con la resistencia yemení, ubicada casi en su totalidad en el sur del país, en lo que, hasta el año 1991, fue la República Democrática Popular del Yemen (el primer estado socialista en el mundo árabe y fiel amigo de la URSS, RDA, Cuba y de las organizaciones de resistencia palestinas). Denunciamos la guerra imperialista abanderada por Arabia Saudita con el beneplácito de los Estados Unidos, UE y la criminal venta de armas española. ¡Y nos oponemos al exterminio del pueblo hutíe!

Carlos Torres