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Los asesinatos de mujeres por razón de su género son una forma directa de violencia contra la mujer, pero no la única. Las mujeres estamos sometidas constantemente a múltiples formas de violencia que, al ser más sutiles (o por ocupar menos espacio en las noticias), pasan, en muchas ocasiones, desapercibidas, como la desigualdad salarial, la discriminación, la cosificación de nuestros cuerpos (convirtiéndolos en meros objetos) o el sometimiento a los roles impuestos por la familia patriarcal, por poner solo algunos ejemplos. También la invisibilización de la mujer, a lo largo de la Historia, es una más de las manifestaciones de esa violencia que todos los sistemas de explotación han ejercido contra nosotras sirviéndose, para ello, del patriarcado.

Las mujeres hemos sido borradas de la Historia, como si la Historia hubiese sido posible sin nuestra existencia, y no solo como madres y cuidadoras del hogar (que también), sino, y sobre todo, como trabajadoras, ocultando nuestras contribuciones en el desarrollo social, político, científico o económico en cada época. Así, tradicionalmente, lo que es considerado inferior no tiene por qué ser nombrado, y lo que no es nombrado o no existe o permanece como una incógnita. Como el patriarcado coloca a la mujer en una situación de sometimiento con respecto al hombre, la mujer ha sido desterrada de la Historia y, por ello, pareciese que las mujeres solo fuimos capaces de parir a esos hombres que escribieron la Historia y que, de paso, nos borraron de ella.

Entonces ¿en qué se convierte la Historia sin las mujeres? Pues se convierte en una construcción completamente distorsionada, que falsea la verdad al invisibilizar el papel de la mujer, lo que implica, a su vez, negar sus contribuciones a la Historia de la Humanidad. Por tanto, cabría también preguntarse ¿qué supone todo esto? ¿Qué implica que se haya omitido de la Historia a la mujer y el papel que ha desempeñado a lo largo de los siglos? Pues lo que implica, precisamente, es que la Historia misma, por un lado, se convierte en un instrumento de violencia contra la mujer, al negarla, y por otro, se convierte en legitimadora y reproductora del resto de expresiones violentas que se dan contra nosotras, porque al invisibilizarnos contribuye a colocar a las mujeres en una posición de inferioridad con respecto al hombre.

El problema de todo esto es que esa Historia, que excluye a las mujeres de su esfera, se enseña en las escuelas, en los institutos y en las universidades, y por tanto, se convierte en un arma de primer orden que reproduce la ideología dominante de sometimiento y violencia contra las mujeres a lo largo de los siglos.

Rescatar la Historia de las mujeres para la actualidad se convierte, en ocasiones, en una tarea prácticamente imposible, ya que una de las consecuencias de esta invisibilización, articulada por el patriarcado, es que no se hiciera referencia (o esta fuera muy limitada) a nada relacionado con las mujeres en la mayor parte de las fuentes que sirven para escribir la Historia. En otras ocasiones, rescatar nuestra memoria se convierte en una ardua tarea de investigación que requiere de la paciencia y tenacidad más tozudas, que debe salvar espacios vacíos y contar de su lado incluso con la suerte. Sin embargo, y por fortuna, algunas veces solo hace falta empezar a tirar de un hilito para que surja una proliferación de datos insospechada que puede llegar a abrumar a cualquiera, porque, a pesar de los esfuerzos del patriarcado por relegarnos al olvido, las mujeres hemos sido protagonistas de la Historia y no hay Historia que se pueda entender sin la existencia y la participación activa de todas nosotras.

Afortunadamente, esta laguna, entorno al papel de las mujeres en la Historia, entorno a la propia Historia de las mujeres, se va rellenando poco a poco gracias, entre otros, al trabajo de los propios historiadores e historiadoras, y un ejemplo de ello es el libro de Agustín Millares Cantero, titulado, “Incognitas”, que recoge la participación de las mujeres en Gran Canaria durante la Segunda República, como es el caso de la lucha de las tabaqueras o el de la comunista Elsa Wolff Papke.

Respecto a Elsa quisiera destacar que fue una dirigente comunista que desarrolló una gran actividad política y sindical en Telde, dirigiendo a la clase obrera de este municipio y defendiendo sus intereses. Elsa plantó cara al Golpe de Estado fascista en el 36 y por ello fue condenada a la pena de muerte, acusada irónicamente de “rebelión militar”, aunque luego su pena fue conmutada a 30 años de reclusión.

En cuanto a la lucha de las tabaqueras, hay que destacar que el sector del Tabaco estaba altamente feminizado ya que casi el 90% de las plantillas estaban compuestas por mujeres. Ante los despidos masivos en las fábricas, a consecuencia de la crisis de las empresas tabaqueras canarias en los años treinta, no dudaron en echarse a la calle a reivindicar sus derechos con diferentes paros y huelgas desde 1931 hasta el 35.

Mucho más se podría contar respecto a estos dos casos que he escogido del libro de Agustín Millares Cantero, “Incognitas”, y son muchos otros los que recoge el libro. Sin embargo estos son dos ejemplos claros de mujeres luchadoras que, en su momento, tuvieron además la valentía de enfrentar a su enemigo de clase. Mujeres de las que, en muchas ocasiones, se sabe muy poco o nada, lo que nos remite al principio de esta exposición: recuperar el papel que, en la Historia de la Humanidad, ha desempeñado la mujer, traer a nuestro presente la memoria de todas esas mujeres, es una tarea actual y necesaria y una herramienta fundamental para luchar contra la violencia patriarcal y la explotación a la que nos somete el capitalismo.