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Editorial Octubre 2016

El capital prepara una nueva fase, más agresiva, en su guerra generalizada contra la clase obrera

El PCPE calificó en su día la actual situación política como de “crisis en la cúspide”. La crisis en la base material (económica) que se traslada a las estructuras de dominación y a las estructuras de legitimación del Estado burgués.

Esta situación de crisis de la estabilidad de la superestructura del sistema se está trasladando progresivamente a toda la sociedad, se está expresando como una crisis de los consensos sociales, como una crisis de identidad social, como una crisis de los mecanismos de cohesión de toda la sociedad española. La crisis ha dejado de ser una crisis en la cúspide, como característica principal hasta ahora, para entrar en una fase en la que toma la forma de una crisis generalizada que afecta de manera multilateral a todos los mecanismos sociales y políticos que en estas últimas décadas han permitido la hegemonía y la reproducción del sistema capitalista español. Las duras condiciones de vida de la clase obrera y de los sectores populares, agudizadas hoy por la gestión neoliberal y/o socialdemócrata de la misma crisis, están socavando la credibilidad del sistema entre amplios sectores del pueblo.

Esta nueva fase en que se adentra la crisis del capitalismo español, se da también en simultáneo con la agudización de una serie de tensiones el polo imperialista europeo, afectado por la eclosión de sus contradicciones internas, que se expresan tanto en el Brexit como en las políticas migratorias en relación a la huida masiva de personas refugiadas desde el oriente mediterráneo y el norte de África. A ello se suma el anunciado fracaso de las políticas monetarias del BCE, fracaso reconocido recientemente por parte de su Presidente Mario Draghi que, después de haber impreso miles de millones de euros para entregarlos al capital financiero, reclama ahora subidas de salarios para ver si por esa vía consigue remontar el escuálido crecimiento de la economía de la eurozona.

En una mirada más amplia, las pugnas interimperialistas se agudizan y se expresan cada día de una forma más violenta, con la ampliación de los escenarios de guerra, la intensidad de las mismas, el crecimiento del riesgo de confrontaciones militares de mayores dimensiones. Todo ello se soporta en la disputa desesperada, entre esas potencias, de las materias primas y de las áreas de influencia económica, y en un desarrollo suicida de modernísimas tecnologías de guerra con un poder cada día más letal de destrucción.

La crisis, que se ha expresado en España en casi un año ya sin gobierno central, afecta al sistema de partidos de una forma particular, en cuanto a su condición de herramientas mediadoras necesarias del ejercicio de la dictadura del capital. La reconstrucción-deconstrucción del mapa político español es está expresando como un cuidado plan destinado a mantener la alienación de las amplias masas obreras y populares, para tratar de conjurar cualquier intento de deriva revolucionaria. Esa operación ha tenido un destacable éxito hasta el presente, y ha permitido desactivar la fase de recuperación de las luchas obreras, y desviado la atención de amplios sectores del pueblo hacia los partidos de “la nueva política”, como antídoto a la radicalización de la respuesta social.

Es un hecho llamativo que, en esta situación tan desfavorable para el capitalismo español, las voces de los representantes más destacados del capital se mantengan ausentes del debate político, y que también lo hagan los sindicatos más dóciles que siempre actúan como “agentes sociales” prestos a jugar su papel de apagafuegos en cualquier momento.

Para dar salida a esta situación de atasco del capitalismo español no parece que un gobierno minoritario del PP sea una opción con posibilidades de futuro. Se puede llegar a formar el Gobierno, pero luego de inmediato hay que aplicar toda una serie de medidas que el capital exige con urgencia, entre ellas el recorte de casi treinta mil millones de euros hasta el 2018. Y eso es muy difícil hacerlo con un gobierno minoritario, que no contaría con los votos suficientes para aprobar las medidas antiobreras y antipopulares más duras que el capital necesita.

La Segunda Transición es una necesidad urgente del capitalismo español para estabilizarse en una fase superior de explotación y opresión de la clase obrera y del pueblo, y ello requiere de un gobierno fuerte que actúe con mano de hierro contando con un apoyo parlamentario suficientemente amplio. La burguesía no cejará en cualquier intento para conseguir dotarse de este gobierno. Ninguna de las fuerzas políticas presentes en el Parlamento confrontará de forma consecuente con esa estrategia del capital.

Las difíciles condiciones de vida de la clase obrera española, como consecuencia de las políticas desarrolladas por PP, PSOE, PNV, CC, CiU, etc., -con la complicidad consentidora de reformistas y oportunistas de IU y Podemos-, hacen de este momento una situación que exige una intervención con la máxima audacia de nuestra organización revolucionaria. El PCPE tiene la muy alta responsabilidad de lanzar una ofensiva general contra el capital, a la cabeza de la clase obrera y de los sectores populares.

Ningún militante puede estar hoy a la espera, hay que terminar con las reuniones de células y Comités que no se trasladan a continuación a la lucha de masas. Toda la actividad política de la militancia del PCPE, y de los CJC, hay que orientarla a los centros de trabajo y a los barrios populares, a la lucha contra la guerra imperialista, a la lucha de las mujeres contra la violencia y la doble opresión, a la lucha de la juventud obrera para impulsar un amplio movimiento revolucionario.

El Comité Central del Partido, en su III Pleno, ha aprobado una serie de iniciativas políticas que tienen la finalidad de colocar al PCPE en las mejores condiciones para asumir sus responsabilidades ante el actual desarrollo de la lucha de clases. La próxima etapa de desarrollo del PCPE enfrentará importantes retos. Conseguir estos objetivos es algo determinante para el futuro de la clase obrera y de los sectores populares en España.

Nuestro objetivo es convertir al PCPE en la fuerza determinante en el desarrollo de la lucha de clases. Cualquier meta inferior no nos sirve.

Derrotar a la dictadura del capital, instaurar la dictadura del proletariado. Esa es la tarea estratégica del PCPE.